martes

Héroes anónimos



El día 2 de diciembre pasado se cumplían 60 años del fallecimiento de Joaquín, un héroe anónimo de la Guerra olvidada de Ifni.

Joaquín Elías Fandos Martínez nació en Burriana el 9 de diciembre de 1935; era hijo de Joaquín Fandos Esbrí y de Asunción Martínez Ramón.
Cuando estaba a punto de cumplir los 22 años encontró la muerte en acto de servicio el 2 de diciembre de 1957 mientras defendía el puesto de Tzelata de Isbuía en la provincia africana de Ifni.



La Guerra de Ifni-Sahara fue el nombre que recibió en España el conjunto de enfrentamientos bélicos e incursiones marroquíes en los territorios administrados por España en el norte de África -Sahara Occidental, Ifni, Tarfaya- entre octubre de 1957 y abril de 1958, y que culminaron con el fallido asedio marroquí a Sidi Ifni. Un conflicto en el que murieron 300 españoles y más de 500 resultaron heridos. La censura de noticias fue tan dura y rigurosa que, pasados sesenta años hasta el nombre del escenario se ha borrado casi por completo de la memoria colectiva.










Que yo sepa, solamente el veterano paracaidista del E.T., José Luís González Vicente y otro compañero, Miguel, del que lamentablemente solo conozco su nombre, hicieron, va para trece años, un viaje a aquellos territorios como homenaje a nuestros caídos por defender los derechos e intereses de España.








viernes

Belenes y Reyes Magos.

Por Diego Sánchez Cordero.
Excombatiente en Ifni



Quiero seguir soñando con aquellos belenes de mi niñez.
De niño Jesús, virgen María y san José; de buey y mula; de pastores y cordero…
No quiero que me quiten de la escena las imágenes con las que crecí y con las que  he envejecido.

Ni quiero conocer otras historias que no conozca ya. Para mí la verdad es la tradición, lo incierto es buscar la verdad en los mitos.
No se puede dar nada como seguro. Por tanto, hay que respetar todas las leyendas que nos puedan hacer más felices y más humanos, sin importar si en algo estamos equivocados.

No creo que en el belén con el que crecimos, sea importante eliminar protagonistas, o añadir otros nuevos, para seguir creyendo en el milagro de la vida. En el amor, en la justicia y en la grandeza del alma humana.

Quiero seguir sorprendiéndome con canciones navideñas, relatos del nacimiento de Jesús en el pesebre de un portal y rodeado del calor de los animales de siempre. De Reyes Magos de cualquier país del lejano Oriente, guiados por la misma estrella que les viene guiando desde hace siglos.

Y qué importa que sólo sean leyendas. Los sueños y la fe, están hechos de leyendas.




Ifni.- Las Navidades de 1957








Las Navidades de 1957 en Ifni, resultaron ser a mi juicio, una paradoja digna de estudio, siendo además un poderoso estímulo para la reflexión.
Esta paradoja permite demostrar las limitaciones de las herramientas de la mente humana.



Caso “A”.-
“He dejado escrito en algún lugar que las Navidades de 1957 no fueron tan malas del todo y resultaron hasta casi divertidas para algunos de nosotros, aunque no tanto para aquellos que debían estar de guardia permanente. No obstante, el espíritu de aquellos jóvenes también estuvo salpicado de anécdotas simpáticas con las bromas o intervenciones artísticas de algunos de sus compañeros.

Carmen Sevilla y Miguel Gila entre otros artistas del momento, llegaron a Ifni para actuar ante los paracaidistas y así alegrar un poco la Navidad de aquel año.



También recuerdo que no faltó ni el turrón ni el vino. Pero también quiero recordar que nuestros compañeros del Regimiento Soria nº 9 y de Tiradores, que estaban en lo alto del monte Bulalam, veían desde lejos el jaleo que se armaba gracias a las actuaciones de los artistas. Algunos de estos compañeros que pudieron bajar hasta nuestro campamento, no se fueron de vacío a su regreso, porque todos nosotros les felicitamos las fiestas y les llenamos sus macutos con parte de cuanto habíamos recibido puntualmente como aguinaldo. Otras viandas las habíamos comprado con nuestro dinero en la cantina y en las tiendas de Sidi-Ifni.
Reconozco que hay otras versiones más exigentes con la historia de aquellas navidades, pero en honor a la verdad hay que reconocer que como siempre, la juventud se impuso por encima de la precariedad de la situación. A posteriori supimos que se había retrasado la entrega de miles de paquetes de turrón y vino recogidos gracias a un programa radiofónico. Fuese porque se perdiera por el camino una gran mayoría, lo cierto es que meses después nos fueron llegando algunas viandas que nos vinieron de perlas”.

Unas Navidades agridulces".


  Caso “B”.-
“Soy un veterano de la guerra de Ifni y recuerdo el día que aparecieron en la montaña, en aquella primera línea de fuego que se había establecido. Eran chavales como nosotros, reclutas llegados de la Península a reforzarnos a nosotros ya curtidos en el fuego enemigo, llenos de miseria y sucios. El aspecto no debía ser muy alentador y así se reflejaba en los rostros de aquellos al vernos. Era Navidad, los moros esos días nos dejaron tranquilos, seguramente por respeto a la religión.

Venían a reforzarnos y lo hicieron reclutas de reemplazo, prácticamente de sus casas a la primera línea.
Ocuparon el flanco derecho, un montículo enfrente del cual
había otro y en lo alto como siempre, algún que otro moro que por su situación estratégica dificultaba tomar la cota.
Dos días después de la llegada de aquellos reclutas, yo estaba de guardia en un montículo de donde se divisaba toda la vaguada y vi, recién llegados, como aquellos chavales sin ninguna experiencia subían la ladera bajo el fuego enemigo. Y vi cómo caían muertos o heridos hasta conseguir la cota. ¡Lo que nos costó cada cota! 




Ha pasado mucho tiempo y ha quedado en el olvido el regimiento al que pertenecían, pero han quedado en mi mente aquellos chavales como yo, llegados a primera línea vestidos casi de “domingo” y que también como yo, unos días después con la rapidez que da la guerra por la supervivencia, habían aprendido a sobrevivir, matando para no serlo uno mismo. Habían aprendido a casi no comer, ni beber, a poco dormir en el suelo y como almohada la mochila con ocho bombas de mano reglamentarias y a convivir amigablemente con los piojos y las pulgas.
Son mis recuerdos de aquellas Navidades".



Caso “C”.-
“Las Navidades de 1957 las pasé en Sidi Ifni montando guardias en las trincheras, y aunque algún día que otro se producían tiroteos, y aun sin que fueran las mejores de mi vida, tampoco estuvieron tan mal.
De la Península empezaron a llegar aguinaldos de todas clases, algunos, muchos, llegaron después de Navidad, ya estropeados los comestibles, tal como los mantecados, turrones, etc.
Pero llegó el tabaco que nos enviaron las fábricas de Canarias, miles de cajetillas, y el vino y licores de Montilla, Moriles, Jerez; también miles de botellas se repartían cada dos o tres días y que íbamos amontonando en cualquier rincón de la trinchera, ocupando el mismo espacio de las balas y de las bombas.

Nuestras Navidades fueron de hacer trincheras y guardias, beber y dormir y pegar algunos tiros, y comer, y más bien poco dedicándonos a escribir cartas de felicitación Navideña a la familia, que en muchos casos te devolvían porque decías algo que la censura consideraba secreto militar.

La felicitación a mi familia se quedó encima de un montón de bombas. La censura me la había devuelto.




Además de los moros, teníamos otros enemigos muy insidiosos y molestos. Eran los insectos en grandes cantidades, pulgas y mosquitos...En aquellas posiciones tan alejadas del pueblo, con la desinformación que se practicaba, sabíamos muy poco del resto del territorio, sin embargo, nos enteramos que Carmen Sevilla y Miguel Gila habían estado en Sidi Ifni actuando para la tropa, la tropa guapa claro está, los elegidos, los que mejor quedaban en el NO-DO. Un día nos bajaron a Sidi Ifni y fuimos a ver una película de Sarita Montiel.

No, esas Navidades no fueron malas pero tampoco fueron buenas. Fueron distintas.
Unas Navidades que siempre recordaré".







Álbum de fotos de veteranos de Ifni






























Carta manuscrita encontrada en un bolsillo del uniforme del Teniente Ortíz de Zárate


¡Oh, Dios!, Señor de los que dominan,
Guía Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y de la muerte, escucha mi oración de guerra.
Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo.
Haz que yo te sea fiel en la guerra como yo te lo fui en la paz.
Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón.
Haz que la sed y el hambre, el cansancio y la fatiga, no lo sienta mi espíritu, aunque lo sienta mi carne y mis huesos.
Que mi alma, Señor, esté siempre tensa, pronta al sacrificio y al dolor. Que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto en el combate, la guardia más dura en la trinchera, la misión más difícil en el avance.
Pon destreza en mi mano para que mi tiro sea certero.
Pon caridad en mi corazón para que mi tiro sea sin odio.
Haz por mi fe, que yo sea capaz de cumplir lo imposible. Que desee vivir y morir a un tiempo.
Morir como tus Santos Apóstoles, como tus viejos profetas, para llegar a Ti.
Vivir como tus abnegados misioneros, como tus antiguos cruzados, para luchar por Ti.
Te pido Señor, que mi cuerpo sepa sufrir con la sonrisa en los labios,
¡Como sufrían tus mártires Señor!
Concédeme, ¡oh! Rey de las victorias, el perdón por mi soberbia.
Quise ser el soldado más valiente en mi Ejército, el español más amante de mi Patria, ¡perdona mi orgullo Señor!
Te lo ruego por mis horas en vela, el fusil y el oído atento a los ruidos de la noche.
Te lo pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día.
Por mis jornadas de sed y de hambre, de fatigas y de dolor.
Si lo alcanzo Señor, ya mi sangre puede correr con júbilo por los campos de mi Patria y mi alma puede subir tranquila a gozarte, en el tiempo sin tiempo de Tu eternidad.





























jueves

Cuando buenamente se pueda


Me refiero al sano ejercicio mental diario de leer y también de escribir. Este consejo está dedicado a todos, pero más que nada a la gente joven: Siempre hay que procurar destinar un rato libre al día para leer y otro también para escribir.  
Y cuando buenamente se pueda, leer, a poder ser biografías, para enterarse que “nihil novum sub sole” (que no hay nada nuevo bajo el sol).
Se dice en una biografía, que posiblemente Lópe de Vega no escribió todo lo que se le atribuye, porque quizá no le diera tiempo a lo largo de toda su vida.
Había que hacerlo en aquella época, sin ordenadores, mojando constantemente en un tintero la pluma de una gallina, y eso, repercutía mucho en la velocidad de la escritura en prosa cuando menos. No digamos en verso.
Si se lee un libro a la semana, aunque sea de pocas páginas, lo probable es que al año se lea un promedio de 50 libros, y en sesenta años de lector, pues unos 3.000 libros. La cuenta es muy sencilla.
Hay personas que tienen, juntando todos sus libros  y los de la biblioteca de su pueblo, unos 6.000 volúmenes, lo cuál quiere decir que jamás se los leerán todos porque tendrían que vivir más de 120 años.
Lo probable es que en una biblioteca personal, con unos 300 volúmenes, unos serán de consulta, otros estarán ahí esperando ser leídos algún día, y otros, los más, jamás los bajaremos de su estantería. Pero todos sentimos la necesidad de comprar algún nuevo libro cuando llegan las fechas programadas por los más interesados.

Conoció mi fallecido amigo Alfonso, a un señor que a la hora de decorar su nueva casa y porque decían que abrigaban, compraba los libros por metros cuadrados de estantería, de manera que quien le visitara quedara maravillado ante tal alarde de cultura. Pero que no se le ocurriera a nadie pedirle un libro para ojear, porque entonces se molestaba mucho y se negaba, no  fuese a mancharse o estropear el brillo del canto con sus letras doradas.
Me consta que nadie tiene demasiado tiempo ni para leer ni para escribir, pero no obstante, y dedicado a los más jóvenes, si quieren, que tomen en consideración el consejo dejado caer en este desinteresado blog: Leer y escribir todos los días, un poco, cuando buenamente se pueda. 







viernes

La fiel Infantería

El 8 de diciembre y desde hace muchos años, se celebra el día de la Inmaculada Concepción y fiesta de la Infantería española.

(Tomado de Internet)







Hablar sobre la Infantería en la época de Carlos I equivale a referirse a la Infantería de Marina de aquel tiempo. Tratándose de un extenso imperio extendido por casi todo el mundo, es lógico pensar en la creación de un ejército que garantizara la integridad de esos territorios. El único medio de transporte de tropas a territorios lejanos era a través del mar. Por tanto, lo que entonces se conocía como Infantería de Marina eran simplemente tropas que combatían en tierra y se desplazaban en barco. Esta fuerza armada fue creada por Carlos I para establecerse de forma casi permanente en el  Mediterráneo, aunque fue su, hijo Felipe II, el que la convirtió en una verdadera fuerza de desembarco. Así nacieron los famosos Tercios, que tan gloriosas páginas han escrito en la historia española. A medida que avanzó la técnica para dotar a los buques de armamentos más eficaces y mayores autonomías, el Ejército de Tierra y la Armada, aunque buscando el mismo fin, fueron desarrollando la acción desde teatros de operaciones distintos. Hoy no se concibe una guerra si no se lleva a cabo con unidades heterogéneas.











domingo

El Cuerpo de Mutilados


El 18 de julio de 1936 estalla la Guerra Civil Española, que mantendrá enfrentados a los bandos nacional y republicano por espacio de tres años. Durante ese tiempo, y a consecuencia de la cruenta campaña, se generó una gran cantidad de heridos y mutilados que, por ley, ya no podían ingresar en el Cuerpo de Inválidos Militares. El General Franco es quien encarga al General Astray, que pertenecía al Cuerpo de Inválidos Militares, que se ocupe de crear un Cuerpo que acoja a todos estos heridos. Y en enero de 1937 se crea la Dirección de Mutilados, encargada, a su vez, de organizar el Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria. Se clasifica, entonces, a los mutilados en cuatro categorías: mutilados, absolutos, permanentes, potenciales y útiles, aunque se sucederán varias reorganizaciones del mismo que favorecerían la aparición de una legislación más amplia, dando cobertura a un colectivo que anteriormente no estaba reconocido.

En 1976 tiene lugar la última reorganización del Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria, que ve cómo aumentan sus efectivos y cómo se trabaja para dar cobertura  al personal que no podía ingresar en el Cuerpo, como es el caso de los militares republicanos o excombatientes de la zona republicana.

Pero en 1985 se declara, de forma implícita, la extinción del Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria, ya que, por ley, a partir del 1 de enero de ese año no podía ingresar en él ninguna persona que se lesionara a partir de esa fecha. Pero no fue hasta 1989 cuando el Cuerpo queda extinguido oficialmente. Todos sus componentes, excepto los oficiales generales, debían pasar a situación de retirados. Se desmembraba un colectivo que durante siglos fue un Cuerpo Vivo dentro de las Fuerzas Armadas.