lunes

No es sitio para quejas

Este es el artículo de Diego Sánchez Cordero, escrito en su blog CACHOS DE VIDA  el día 2 de febrero de 2012  en http://disancor.blogspot.com.es/ y le subo al mío porque pienso que lleva toda la razón.




"Me gusta repasar sitios en la Red, viendo trabajos extraordinariamente buenos, informativos, educativos, reivindicativos, creativos… Que, sin embargo, no han merecido ni un simple comentario. Lo que me hace dudar que los visitantes se tomen en serio lo que se escribe y se hace en los blogs. 
Algo así como si fuesen cosas poco serias y con escasa credibilidad. Y si no se tienen en consideración esos maravillosos trabajos de la cantidad de páginas que se publican, es lógico que no lleguen a ningún sitio las demandas de un blogger quejica y llorón. 
 Por propia experiencia sé que no es el lugar más adecuado para quejarse de nada. Una queja en papel, su destino puede ser la papelera, pero aquí se queda en el limbo donde está la basura sin estrenar. Y sin embargo, los que andamos en este mundo de Internet sabemos que estamos vigilados por el sistema principal y todos los sistemas que controlan al ser al ser humano, Y cuando ven que puedes ser beneficioso o peligroso, es cuando saltan todas las alarmas avisando de tú presencia.


No sé si los vigilantes se ocupan sólo de cosas importantes o, tal vez, van, además, archivando nuestras salidas de tono para ir, poquito a poco, confeccionando una biografía. Sea lo que sea, yo me he quejado de muchas cosas a personas y Organismos importantes, y jamás, nunca me han pedido una explicación ni me han dado una satisfacción para tenerme contento. 
Puede que sea porque mis quejas siempre han sido indirectas, y hasta escritas con mucha diplomacia, pero,¡hombre, es raro que no se hayan dado por aludido en ninguna parte!.
 Quizá sea mía la culpa, por ser poco claro y demasiado respetuoso. Quizá hayamos equivocado el cauce. Quizá un blog no sea el lugar indicado para solicitar nada.
Las solicitudes se han de hacer en los mostradores y ventanillas de las administraciones y las quejas al maestro armero. 

Eso dicen los viejos".

El valor

Por Carlos Martí.
Habana 1897
Capítulo III de su libro EL SOLDADO ESPAÑOL

La cualidad de todo soldado: ánimo esforzado y sereno ante el peligro; intrepidez y desprecio de la vida, en aras de la Patria del nombre honrado de nuestros padres.

Está tan llena la historia de nuestros soldados, de rasgos de valor, serenidad é intrepidez que inútil es recordarlo á nuestro Ejército que ha desafiado siempre en las más grandes luchas los mayores peligros. Y si fuéramos a publicar aquí la larga lista de episodios en que se retrata la característica de nuestro soldado: el valor, entonces nuestra obra fuera monumental entre las monumentales, el notable escritor militar D, José Ibáñez Marin en un folleto titulado Héroes de la Manigua: Sanz Pastor, Sautocildes y el Batallón de San Quintín, dice en la página 16: "El médico de San Quintín, mi amigo Federico OreIlana, cuyos son gran parte de los detalles que aquí se consignan, refiere que al hacer alto al medio día luego de incorporarse la retaguardia y curar como pudo los heridos, un pobre soldado a quien devoraba la fiebre pedía agua, Ilamaba a su madre, implorando la caridad de sus compañeros.
..... Pero aquí no había, ni en el botiquín no restaba nada con que mitigar los quebrantos del pobre enfermo.
Un cabo del Batallón salió a un claro donde un naranjo silvestre mostrara un verdoso fruto, cogió varias naranjas entre el tiroteo de los insurrectos y satisfecho con su botín, retornó á consolar sus compañeros, aplicándoles a los labios el zumo amargo como hiel, que ellos saboreaban o, por mejor decir, devoraban con la fruición del que cree haIlar el remedio de su desventura. Aquella noche, al hacer la cura a los heridos, uno de eIlos sargento del batallón, llamó paso y muy paso, al doctor.
-Dígame, doctor,-balbuceó el herido cuya vida escapaba por momentos dígame. ¿yo estoy muy grave, no es verdad?
-¿Quién le ha dicho a V. eso? replicó OreIlana, prodigándole consuelos profesionales.
-No ... lo digo, porque ya ve usted, yo robo dos hombres a la columna. . . los dos que me llevan entre .. y. . . francamente, si yo he de morir como creo, no es justo que por mi pierdan dos fusiles el batallón cuando tanta falta hacen para salir de este apuro.
-¡Bah, bah!-añadió OrelIana.-No piense usted en semejante cosa: a curarse y a vivir. . .. Momentos después aquel sargento, con su espíritu de abnegación inconmensurable, se atravesaba el pecho con la bayoneta. j Hazaña digna de ser cantada por la épica! El generoso español remataba la vida para que su cuerpo macilento no distrajera brazos en su transporte. . .»
¡Bien dice que tal hazaña es digna de ser cantada por la épica! ¡Qué ejemplo más hermoso para los millares de individuos de que se compone la familia militar!
Este es el verdadero valor, la abnegación y la intrepidez.

Francisco Barado, otro insigne escritor militar, en Los catalanes en África que modestamente lo titula Recuerdo histórico, escribe: El epílogo de esta jornada (la de Wad-Ras) es digna de las proezas realizadas en aquellos dos combates; es hermoso, sublime porque trae a las mentes la austera grandeza espontánea y la heroica abnegación de los cruzados.
Cuéntase que habiéndose dolido el general Prin de las muchas bajas que el batallón tuvo en Wad-Ras, al desfilar los voluntarios ante el caudillo catalán después del combate gritáronle aquellos: Encare un quedem pera un altre vegada. Aún quedamos algunos para otra vez.»
Y llenaríamos páginas y más páginas narrando siempre, porque allí donde hay un pelotón español surge un episodio, una heroicidad, una grandeza.
Nuestras gloriosas Armas son de entre todas las del mundo, las que más ejemplos de valor presentan, ejemplos de valor que fortalecen y vigorizan.
Qué bien dijo un brillante escritor: «Sin el valor, el soldado se ve escarnecido por sus compañeros, es el objeto de sus burlas y el blanco de sus desdenes; sin el valor no podrá regresar alegre y satisfecho a su aldea, porque ni sus padres le abrirán amorosamente sus brazos, ni sus paisanos le respetarán, recibirá los golpes del más desgraciado en su pueblo y la que fue su prometida al marchar a la guerra, se avergonzará de haberlo querido y volverá su mirada al que regresa lleno de cruces su pecho,  honrosa cicatriz en su cuerpo; ejecutoria preciada del valor, del que nadie podrá dudar».
Hermosa y fiel pintura. En cambio si regresa con la invicta aureola del héroe: las campanas son echadas al vuelo, lucido cortejo oficial va a recibirle, el pueblo toma principal parte en su regocijo, la patria le premia su valor, y por encima de todo, está la real felicitación y protección de S. S. M. M.; convirtiéndose el apellido anónimo de la víspera en ilustre y glorioso. Y para hacer estos hombres de valor, que en todas partes siempre van a la victoria, hay que seguir la máxima de Helps: «El ejemplo heroico de los tiempos pasados es la principal fuente del valor de cada generación: los hombres marchan con calma hacia las empresas más peligrosas, impelidos hacia adelante por las sombras de los bravos que ya no existen».
Ah, sí, el mundo lo debe todo á los hombres y a las mujeres de probado valor.
No sabemos donde, ni nos es posible recordar en que obra lo hemos leído el siguiente rasgo acaecido delante de Sebastopol.
Se refiere de un sargento que estando de avanzada, cuando todos sus camaradas habían sido muertos y él mismo herido en la cabeza, volvió tropezando hasta el campamento y  alzó en el camino a un herido que llevó sobre sus espaldas; pero apenas llegado, cayó sin conocimiento. Muchas horas después, cuando recobró los sentidos, lo primero que hizo fue preguntar por su compañero. «¿Vive?»
-Vuestro «compañero» en verdad sí, está vivo, y es. . . el general. El enfermo quedó sorprendido.
A los pocos días el general visitó al que le había salvado la vida. Mi general, ¿entonces fue a vos a quien traje? Estoy contento, no conocí a V. E. ; pero si lo hubiese sabido, asimismo os hubiera salvado.
Tal debe ser el espíritu de todo soldado y dentro el Ejército un conjunto de heroicos corazones que aunque debilitados por la ausencia y por las contrariedades de campaña, de voluntad fuerte para luchar sin rendirse jamás, pues es de todo punto necesario, ante lo de que -la misión del militar se engrandece a medida que aumentan los peligros sociales, para conjurar los que, parecen que las demás
clases carecen de medios y de energías».

miércoles

Honor y gloria a los que dieron su vida por España

Con el especial homenaje a la bandera de Rogelio García Galindo

https://www.youtube.com/watch?time_continue=18&v=V5y_-gjPzzQ




Un escrito de José Antonio Crespo-Francés


En Ifni las líneas de comunicaciones militares habían quedado cortadas. Desde algunos fuertes y puestos avanzados llegaban agónicas peticiones de auxilio. Los marroquíes por miles, envalentonados y bien armados invadieron la provincia española, dispuestos a pasar a cuchillo a los españoles. Tiugsa, Temín, Tabelcut, Tiluín, Tezlata e Isbuía emitieron informes de que estaban siendo atacados por fuerzas marroquíes. En Sidi-Ifni, la población se levanta de la cama con un nudo en el pecho.

Los puestos fronterizos y los destacamentos más pequeños se perdieron en la oleada enemiga. Algunos, defendidos por saharauis leales resistieron hasta la muerte. En la capital se rechaza a duras penas el ataque marroquí con apenas municiones para los viejos máuser de cinco tiros, sin granadas para morteros descalibrados y viejos, ni combustible. Soldados españoles sin botas, alpargatas de esparto y cuerda, acostumbrados de siempre a luchar solos y sin esperanzas, detienen a los marroquíes, que pese a su superioridad, no asaltan, se limitan a bombardear con morteros. Morteros nuevecitos vendidos por los españoles… ¡Que tiene cojones la cosa!

Lo mismo pasaba en los fuertes asediados… Hazaña olvidada de nuestra memoria. Soldados que pese al abandono, la miseria, la distancia, la pasada guerra civil, sin comida, agua, munición, ni certeza de victoria, aguantaron entre bombazos y disparos a un enemigo muy superior. No permitieron que les echasen, no al menos gratis, no al menos sin plantar cara y dejarles claro que dentro de aquellos fuertes, estaban unos de los más duros soldados del mundo. El ejército de las alpargatas, pero de los huevos de hierro.

Sesenta Tiradores de Ifni, con españoles peninsulares y saharauis, defendieron el puesto de Tiliuín ante el ataque marroquí desde el mismo día veintitrés de noviembre. Igual que en las películas de la Legión Extranjera francesa, que a ellos les hacen películas y documentales, lo contrario que aquí donde no se ensalzan las batallas, valor, sacrificio y bravura de nuestros soldados.

Imaginemos el desierto, la arena y el calor sofocante, la línea del horizonte llena de enemigos que atacan y atacan sin descanso en oleadas inacabables. El fuego incesante de mortero sobre la posición, las ametralladoras barriendo las murallas… Imaginen a los españoles en las aspilleras, venga a meter peines al máuser, que es viejo pero fiable y preciso, ¡menos mal que algo funcionaba!, porque los morteros se atascaban cada dos tiros, y las granadas no sabe uno si iban a estallar al salir de la boca del mortero… Y apenas hay agua y comida para los sesenta soldados y los civiles que hay refugiados allí.

El veinticinco de noviembre, al amanecer, viejos motores romper el aire del desierto. Una escuadrilla de vetustos Heinkel 111, que rasantes ametrallan el suelo. Los yanquis han vetado el uso de armamento fabricado por ellos… Detrás los JU 52, igual que en Creta, lanzan una nube de pequeñas siluetas que se recortan en la oscuridad y descienden cerca del fuerte.

Son los paracaidistas del capitán Sánchez Duque, descienden bajo un intensísimo fuego enemigo, que dispara sobre ellos mientras están en el aire e intentan acribillarlos al tomar tierra. El primer salto de combate… Los fogonazos saliendo de todas partes para recibir a los novatos paracas, que sin embargo saben reaccionar, responden al fuego y entran en el fuerte con algunos heridos, pues traen órdenes de reforzar la guarnición y defender el fuerte.

Por aire se suministra munición y agua, las cajas se desparraman y destrozan al caer, por fortuna el viejo máuser dispara lo que sea, el agua y los víveres apenas dan para la ración diaria y además desde Madrid insisten en recuperar los paracaídas utilizados.

Se hacen salidas para recuperarlos y en el fuerte ciento treinta españoles luchan y mueren defendiendo su bandera. Aguantarán hasta el tres de diciembre en el que una Bandera de La Legión rompe el cerco enemigo y los saca de allí. El camino hasta Sidi-Ifni no será ningún camino de rosas, sin vehículos y repeliendo emboscadas cada pocos kilómetros. Se unirán a otra columna de liberados desde otro destacamento igualmente duramente atacado por los marroquíes.

El fuerte de Tzelata rodeado por fuerzas muy superiores, había sido atacado, al igual que los otros a primera hora del veintitrés de noviembre. El fuerte de Tzelata rodeado por fuerzas muy superiores, había sido atacado, al igual que los otros a primera hora del veintitrés de noviembre, con morteros y barrido con ametralladoras cada noche. Habían pedido socorro y abastecimiento a la capital, pues estaba, como todos con lo justo pero no para un asedio largo y duro como aquel.

Una sección paracaidista es enviada en ayuda del fuerte, con camiones, ambulancias, medicinas y municiones. El camino hasta Tzelata fue una continua escaramuza contra el enemigo emboscado que inunda peñas y chumberas. El convoy no puede llegar hasta el fuerte, se queda a un par de kilómetros. Sobre una loma se organiza la defensa, con cuatro piedras, zapapicos y el valor y la determinación de aquellos valientes que con las bocas secas gritaban viva España mientras rechazaban, a la bayoneta todos los ataques enemigos.
Los del fuerte los ven en la distancia y de lejos se apoyan unos a otros porque el enemigo no tiene intención de abandonar. Unos y otros aguantarán firmes, viendo caer a los compañeros hasta que el dos de diciembre se rompe el cerco de los moros y se rescata a nuestros compatriotas. Se unirán a los que llegan desde Tiluín sedientos y rotos como ellos, pero con el orgullo pintado en los rostros demacrados de labios cortados. Los muertos inertes y fríos van en un camión, y sus almas estaban ya en el paraíso, junto a los miles de compatriotas muertos en la Historia de España.

Allí estaban el teniente Ortiz de Zárate y Fandos el soldado de transmisiones, ejemplos de valor y esfuerzo, de sacrificio por los compañeros, de integridad humana llevada hasta el final.

Los españoles retirados a la capital Sidi-Ifni, donde el enemigo pretende cercarlos y echarlos a patadas… Pero si no han podido echarlos de pequeños y mal defendidos puestos, mal podrían expulsarlos de la capital, y más ahora que parece que todo el país se ha puesto en pie de guerra…

El asedio de Sidi-Ifni duraría hasta el verano siguiente. Los marroquíes no se atrevieron a lanzar ningún serio ataque. Aquellos soldados en alpargatas, renegridos del sol, acostumbrados a las calamidades, enamorados del desierto y dispuestos a luchar hasta el final les causaban demasiado respeto.

Así empezó hace ahora cincuenta y seis años la Guerra Olvidada de Ifni-Sahara. En Ifni, la Brigada Paracaidista, unidad recién nacida, se cubrió de gloria y aprendió a morir sobre el terreno, sin apenas instrucción, con material que había que reutilizar mil veces, con aviones del tiempo de Matusalen… Sin jurar bandera, saltaron algunos de los aviones incluso, y la instrucción de tiro aprendida por el camino…

La Legión, Regulares, Tiradores de Ifni, sanitarios, conductores, cantineros… Todos se ganaron la honra y la gloria, porque una vez más, abandonados, lejos y solos los soldados españoles, le demostraron al enemigo que no se nos puede atacar sin esperar respuesta, que siempre responderemos y venceremos dificultades y pasaremos hambre y sed, pero que jamás, jamás nos rendiremos…

Hoy en nuestra España solidaria, desmemoriada, irrespetuosa con su pasado y con el futuro hipotecado, nadie se acuerda de aquella guerra, muchos solamente la nombran para criticar al régimen anterior y soltar espumarajos por la boca. Pocos abuelos nos quedan que puedan contarnos lo que sintieron cuando aquella noche de noviembre, saltaron desde un viejo avión con un solo objetivo en la cabeza y en el corazón. Rescatar a sus hermanos sitiados. A españoles como ellos que estaban en peligro… Y lo hicieron, y lo lograron… Con bemoles.

Hoy día quizá habría que poner de acuerdo a los 17 estaditos autonómicos, montaríamos debates sobre si es moralmente reprobable, que si pobres moritos esclavizados por occidente, que si fascistas que solo piensan en matar, que si mejor enviamos una ONG, que si van soldados vayan sin armas, que hay que ver que por un cacho de desierto no nos vamos a matar…

Hoy día por mucho avión moderno que tuviésemos, quizá nos costaría llenarlo de gente como aquella… E iríamos viendo las pistas llenas de pancartas de “no a la guerra” y “alianza de civilizaciones”, coreados por nuestros titiriteros del pesebre de la SGAE.

Hoy día si estuviéramos en Tzelata o Tiluín no tengo claro qué pasaría. Bueno podemos imaginarlo con Ceuta, Melilla, Perejil o los Peñones que cualquier contador de nubes regalaría mientras otros nos hacen la gallinita en la retirada.

Hace poco en un abandonado parque público me senté junto a un abuelo, resultó que fue “paraca” y que saltó sobre Tiluín, le pedí me contase, y lo hizo hasta que a los dos se nos humedecieron los ojos, a la vergüenza sustituyó el orgullo, y a la pena la alegría, y a la desesperanza el consuelo. Aquel soldado me hizo sentir por dentro, que nacer español fue mi mayor fortuna y mi mayor privilegio.

Aunque este conflicto es un ejemplo de guerra olvidada, forma parte de nuestra historia más inmediata y de la memoria de generaciones que aún viven. De la misma manera, y como cualquier enfrentamiento bélico, causó víctimas: unos 300 españoles murieron y otros 500 fueron heridos, mientras se calcula que entre las tropas marroquíes ocasionó unas 8.000 víctimas.

Hoy recordamos a los españoles olvidados que hace tan solo cincuenta y seis años se dejaron la vida en una tierra hostil, seca, dura, hermosa y mágica, que era española y que no iban a dejarse arrebatar sin defenderla. España no puede olvidar a los que murieron y defendieron La Ciudad de las Flores en el Territorio del Sahara Occidental Español.


sábado

Día de la Fiesta Nacional


                                Fiesta Nacional de España.

 En catalán: Festa Nacional d'Espanya; en gallego: Festa Nacional de España; en vasco: Espainiako Jai Nazionala; en aranés: Hèsta Nacionau d'Espanha, o Día de la Hispanidad, se conmemora las efemérides históricas del Descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón y los Reyes Católicos tras la firma de las Capitulaciones de Santa Fe. 

 La celebración tiene lugar cada 12 de octubre, donde se celebra un desfile militar al que asisten el Rey junto a la Familia Real y los representantes más importantes de todos los poderes del Estado, además de la mayoría de los presidentes de las autonomías españolas. 

 El Descubrimiento de América en 1492 fue trascendental y el 12 de octubre se ha considerado como un día memorable porque a partir de entonces se inició el contacto entre Europa y América, que culminó con el llamado "encuentro de dos mundos", que transforma las visiones del mundo y las vidas tanto de europeos como de americanos, ya que gracias a sus descubrimientos se gesta la Colonización europea de América.

martes

El espíritu de sacrificio del Ejército




























































Recordar es volver a vivir


     

  Varios de los veteranos que posan en esta vieja foto y que yo conocí en Ifni durante la guerra de 1957/58, ya han pasado a mejor vida sin haber recibido de los sucesivos gobiernos de España, siquiera un modesto homenaje de gratitud por su valerosa actuación durante aquella  ignorada guerra. Pero eso no se pensaba entonces, y aquí se les puede ver en actitud de descanso y  espera entre combate y combate.
Con ésta y otras fotos, pensaban ellos recordarse a sí mismos y a los compañeros de aquellos tiempos con los que juntos se jugaban la vida frente al moro.

En definitiva creo yo que estas fotos de grupo se hacían para la posteridad, porque viéndolas de nuevo se vuelven a vivir unos momentos que en realidad no volverán a repetirse.

La idea era de ellos pero yo me permito incluir en este blog "Relatos de guerra y pensamientos", la foto del 12 curso paracaidista del E.T. del que formé parte.
Nos encontrábamos posando delante del monte Bulalán en Sidi-Ifni allá por febrero de 1958.




Acompaño como un enlace de imágenes, un cómic prestado, con fotos reales de algunos de mis compañeros paracaidistas.

Espero que os guste, aunque a más de uno le traigan agridulces recuerdos.

Hacer clic en el enlace y conectar los altavoces.

http://www.youtube.com/watch?v=Ysrmkz76g1s

lunes

Salir al paso

Sin ánimo de polémica, algunos de los recuerdos de mis propias vivencias no son ni parecidas, en términos generales, a las del autor o autora de algunas líneas escritas recientemente sobre la Guerra de Ifni. Pero a fuer de ser lo más exacto posible en al menos un solo punto y podría señalar otros más, quiero decir que el "burdel" estaba en plena ciudad de Ifni y no en el propio acuartelamiento. Acuartelamiento de qué unidad?
Debe saberse también que aquellas mujeres llegaron de Canarias y eran poco más de una docena, no un regimiento. Estas mujeres donaban voluntariamente su sangre (una vez analizada) para las transfusiones oportunas, y aunque las monjitas del Hospital se negaron en principio, se plegaron ante las órdenes directas del General Zamalloa. 
La Guerra de Ifni sirvió entre otras cosas, para que algunos o algunas y pasados cincuenta años, vendieran sus libritos sobre algo que otros sufrimos apretando un huevo contra otro y vertiendo nuestra propia sangre sin apenas quejarnos. Yo al menos.

Carta abierta a un buen amigo:
En realidad no hubo tanta diferencia entre tu mili y la mía allá en Ifni. 
Ambos fuimos obligados a combatir en una guerra de la que no sabíamos nada. 
No obstante nuestras circunstancias fueron diferentes. 
Mientras tú gozaste de la presencia de tu padre hasta los veintidós o veintitrés años, yo me quedé huérfano de padre a los dos años de edad en un precario Madrid.
Mientras tú hacías la mili obligatoria (desconozco a qué te dedicabas profesionalmente), yo me vi obligado a hacer la mili como voluntario, si quería irme cuanto antes a América, a desarrollar mis ímpetus y conocimientos profesionales que para la época no eran pocos precisamente. 
Salvando las circunstancias personales que ahora no vienen al caso, en mi caso me encontré, en un principio, disfrutando de saltar de un avión en vuelo y además cobrando un buen sueldo por hacerlo. Una vez en Ifni, tú al principio dijiste una vez, que te gustaba aquel ambiente exótico. Yo ya conocía ese ambiente pues había estado seis meses en la Legión, pero al llegar nosotros, nos vimos inmersos de lleno en la guerra. Naturalmente que como en todas las circunstancias de la vida, unos se adaptan mejor o peor a los cambios. Yo acepté la situación como si de un entrenamiento se tratase porque seguía pensando en irme a América cuando aquello terminara, sabiendo que aquello tampoco sería moco de pavo
Por eso me dediqué con empeño a fortalecer mi cuerpo y mi espíritu adaptándome como pocos a las circunstancias reinantes, hasta el punto de contagiarme, una vez ascendido allí mismo a cabo, de un espíritu patrio tan vilipendiado últimamente.
Y mira por donde, voy y caigo herido tan gravemente que fui dado de baja para el servicio militar. 
Pero mi espíritu combativo no se dio de baja y no me vine abajo. Pensé que debía ser mi destino y que si fue en una guerra donde perdiera un pie, igual lo hubiera perdido bajo las ruedas de un tranvía en Madrid. Y seguí trabajando en mi oficio; me casé; tuve cuatro hijos, etc. , y me sigue emocionando escuchar los himnos y las marchas militares.
Y como tengo buena memoria, tengo allí guardadas las circunstancias en las que se desarrollaron los hechos en los que yo intervine directamente en la guerra. Por eso espero no molestarte demasiado, que cuando leo lo que dicen otros sobre aquello, sin pajolera idea, salga al paso a dejar constancia de que cualquiera y por aquello de quedar bien, se atreve a denunciar supuestos hechos con más mala leche que conocimientos.
Seguiremos de charla otro día.
Un abrazo.