miércoles

Capitán Pedrosa





































Un relato de José Luís González Vicente. Veterano paracaidista en la Guerra de Ifni.



Cuando el fuego del enemigo arreciaba y la duda comenzaba a mostrarse en nuestros rostros, surgió la figura del capitán Prudencio Pedrosa Sobral que con un gesto rayano en la inconsciencia, pero digno de los viejos africanistas del Rif, dio nuevos ánimos a sus jóvenes paracas.

No hace falta echar mano de ningún libro. Estábamos allí, pegados a él, por cierto.

Comenzó a pasearse por delante de los parapetos de piedras con su varita mágica, que era una caña de bambú con guarnición, creo que de plata, que siempre llevaba, arengando a todos. Fuimos testigos de cómo una ráfaga de ametralladora le levantó polvo de los pies, y el “ tío” apenas hizo un ademán de quitarse el polvo.

El comandante Soraluce, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, decidió que lo más sensato sería abandonar cuanto antes el Mesti, so pena de que el enemigo consiguiera concentrar más efectivos y acabara él mismo cercado con toda su Bandera.

Dice “En la oscuridad y completo silencio nos fuimos replegando sin que se diesen cuenta y volvimos a Biugta sin una sola baja. Resumen del día primero, 26 kilómetros de marcha, de ellos 12 kilómetros combatiendo sin parar”.
“Me encontré con la papeleta que desde una altura, Yebel Busgadir, nos sacudían a placer con unas diez o doce ametralladoras, pedí enlace a los aviones y después de un poco de bombardeo aéreo y morteros, nos lanzamos de nuevo al asalto, al vernos ir en serio, huyeron y asómbrate, sin una sola baja por nuestra parte, ocupamos el reducto enemigo más importante de la zona centro, aquí dormimos la noche del día 2 al 3. Resumen unos 18 kilómetros y otro combate»

Fue la 2ª Cía. del teniente Cassinello la que dio el asalto al Yebel Busgadir. El hecho de que fuera siempre ella la encargada de las misiones más complicadas tiene una explicación muy simple: en toda la 1ª Bandera era la única compañía que estaba al completo y con soldados veteranos, pues la lª Cía. solo tenía un montón de novatos, la 3ª Cía. no contaba más que con un puñado de cabos y sargentos, que no podían ser empleados como carne de cañón pues se los necesitaba para poder encuadrar a nuevos voluntarios, la 4ª Cía. era de plana mayor y la 5ª Cía. de armas pesadas.

Una vez más los moros habían rehuido el combate, y lo que el comandante Soraluce califica de fuga no era más que la aplicación de la táctica guerrillera de escabullirse cuando el enemigo es superior.

La jornada del día 3 de diciembre transcurrió en medio de una relativa tranquilidad, tras la intensa actividad de los dos días anteriores. Nos dedicamos a descansar por una parte y a fortificar y consolidar la posición de Biugta pues el comandante, que ignoraba que el previsto salto de la Agrupación B había sido suspendido, se disponía a proteger la retirada tanto de aquélla columna como de la que mandaba el teniente coronel Maraver.

Se recibió un radiograma procedente de Sidi Ifni disponiendo que la 3ª Cía regresara de inmediato a la capital para incorporarse a una columna que debía operar al norte del territorio.

Al capitán Quintas le dolió en el alma tener que mandar a sus hombres que se pusieran en marcha. Sabía que el esfuerzo físico exigido a la tropa era excesivo, y que la Bandera estaba derrochando sus energías en continuas caminatas bajo un sol de plomo, pero una orden era inapelable y había que cumplirla, así que él fue el primero en coger el casco y ponerse en marcha.
Pero las penalidades de la 3ª Cía. no acababan allí, pues tan pronto llegaron a la capital se enteraron de que la misión para la que habían sido llamados se había suspendido, y que ahora debían regresar otra vez a Biugta escoltando unos camiones de abastecimiento.
Una vez más la falta de algo tan indispensable como una radio por compañía, cuando lo normal en un ejército moderno es una por sección, iba a ser la causante de que unos soldados derrengados tuvieran que realizar un esfuerzo suplementario e inútil, puesto que no se pudo avisar al capitán Quintas de que la operación prevista había sido anulada hasta que no llegó a Sidi Ifni.


Dice Saraluce: “Pero a la caída de la tarde me avisan por radio con urgencia que deje una compañía en Biugta y que, a la máxima urgencia, vaya a Anamer (hacia el Sur) para proteger la espalda de las columnas A y B, que al parecer el enemigo pretende copar. Subimos de noche (bendita luna) y por barrancos, entre terreno enemigo, llegamos a Anamer al amanecer.”

Efectivamente, la “tripada” de tirar parriba fue espantosa. Aquella maldita pendiente no se acababa nunca y, aunque había luna, los pinchazos contra cardos y tabaibas eran abundantes, con los juramentos propios que todo el mundo se puede imaginar.
Resumen día 3 de diciembre de 1957: Unos 16 kilómetros sin combate, pero metiéndonos cada vez más en terreno enemigo. Ya veremos como salimos de esta.

Fue la 3ª Cía. la del palizón de andar hasta Sidi Ifni y vuelta, la que se quedó en Biugta mientras el resto de la Bandera fue hasta Anamer.

El 4 de diciembre se procedió a ocupar el morabito de Anamer, con lo que quedó despejado el camino para la columna del coronel Maraver que venía con los supervivientes de Telata y Tiliuin.

El encuentro entre nosotros los hombres de la Primera Bandera y los compañeros de la 7ª Cía. fue muy emocionante. Unos y otros teníamos muchas cosas que contarnos, pero fueron los supervivientes de la 3ª y 7ª los que más atrajeron nuestra atención.

Todos estábamos ansiosos por saber cómo había transcurrido el cerco, o en que circunstancias encontró la muerte el teniente Ortiz de Zárate, pero bastaba con ver la cara de los que llegaban o echar un vistazo al camión de los cadáveres para darse cuenta que sobraban las palabras. El alma se encogía. ¡ No hay derecho a esto!. Las lágrimas están prestas a brotar! ¡ Los paracas, también lloran!.

Día 4 de Diciembre de1957.

La 1ª Bandera quedó en Anamer para cubrir a los que se retiraban, formando una especie de tapón que contuviera al enemigo en sus intentos de presionar a los que retrocedían. La decisión del mando fue acertada, pues aquélla misma noche se produjo un ataque de tanteo que sembró cierta confusión en nosotros, pobres reclutillas metidos en esta guerra.
El propio comandante Soraluce, relata así los sucesos de aquélla jornada:

“Día 4. Ocupo Anamer y todos los montes de los alrededores, con lo cual una pequeña caravana de camiones puede pasar hacia Ifni, retirando los liberados de Tiliuin, Telata de Isbuía y heridos y muertos de las columnas A y B, entre ellos Ortiz de Zárate. Hago noche en Anamer. En una alarma de noche, entre bombazos de mano, cae herido el teniente Arribas, posiblemente de una bomba de mano nuestra mal lanzada”




domingo

19 de febrero de 1958


AQUEL HISTORICO SALTO EN GUERRA EN ERKUN

Por José Luís González Vicente.

Excombatiente en Ifni, medalla campaña, salto en guerra en Erkun

(Hoy se cumplen 59 años)

“Aquel día 19 de febrero de 1958, amaneció radiante y tranquilo, ¡menos mal..! pues, solo faltaba que el viendo del desierto, el Siroco, se hubiera adueñado del ambiente y nos dejase a todos metidos en casita”.
“Nadie,  salvo el mando, sabía que se avecinaba una acción de guerra paracaidista, que los del curso 12º y los demás, claro, no olvidaríamos nunca”.

“El destino nos tenía preparada una sorpresa que si bien a todos nos satisfacía  dada nuestra vocación paracaidista, la misma estaría cubierta de dolor y muerte, pues, algunos compañeros de la 2ª Bandera que andaban por la zona de Erkunt, batiéndose el cobre, nunca volverían vivos”.
 Estábamos en los comienzos del año 1958. Un buen grupo de jóvenes paracaidistas de entre 20 y 22 años sobre todo del curso 12º, ( Yo tenía 21..),

Acto de la conferencia del veterano José Luís González  Vicente sobre el salto sobre Erkúnt.

Ya sabíamos lo que era que las balas te silbasen por encima de la cabeza rompiendo ramitas y perdiéndose en la lejanía. También como los sanitarios retiraban herido a algún compañero.

Pero sobre todo, sabíamos de como muchos compañeros de otras compañías y de la 2ª Bandera, habían muerto en combate.  Eso era lo peor.

Los episodios de Ortiz de Zarate en Telata, las operaciones PAÑUELO, NETOL, GENTO, DIANA, SIROCO, nos habían dado un tinte de veteranos paracaidistas de verdad, pero ...

Sin embargo, nunca habíamos realizado una operación netamente paracaidista, propia de nuestra especialización. Somos de Infantería, pero...nos acercamos al combate en avión y saltamos en paracaídas sobre el enemigo.
No obstante, algo iba a cambiar.

Objetivo del salto.

Según las explicaciones del Capitán Pedrosa a sus oficiales y jefes de pelotón, tendríamos como objetivo ocupar y destruir un presunto puesto de mando y abastecimiento que tenía el enemigo en una cabila denominada ERKUN, a unos 30 kilómetros al norte de Sidi Ifni.

El día 19 de febrero de 1958, estábamos muy tranquilos en el barracón que hacía de compañía, cuando, no me acuerdo si fue a base de generala o a “grito pelao”, nos hicieron formar a toda leche con equipo de combate y bajar al campo de aviación que estaba y está al lado de la base paracaidista y formar al lado de los junkers que allí estaban aparcados.
A esperar tocan.

El capitán Pedrosa, cambiaba impresiones con sus tenientes, de la acción que se iba a realizar.

Al mando de la Primera Sección , (a la cual yo pertenecía), Ricardo Boñita Benito.
De la Segunda Sección : Teniente D. José Galera Sánchez Serrano.
De la Tercera Sección Teniente Pablo Cayuela Fernández.
El entones Teniente de la Sección de ametralladoras D. Juan Antón Ordoñez.

PRIMERA SUSPENSION DEL SALTO.
Sin embargo.... se nos da la orden de subir de nuevo al campamento ya que el salto se ha suspendido.

SEGUNDA SUSPENSION DEL SALTO.
Estábamos metiditos en el barracón-compañía, más nerviosos que un flan, cuando de repente otra vez se nos manda formar con el equipo de combate, y volvemos a bajar al campo de aviación donde siguen los Junkers de antes.
Nos colocamos sentados en el suelo, al lado de los paracaídas que alguien había colocado en filas, y a esperar acontecimientos.
Pero la “jugada” se repite. Nos dicen que de nuevo se ha suspendido el salto, volvemos arriba al campamento echando pestes por la desilusión.

¿POR QUÉ SE SUSPENDIA EL SALTO ?
La operación Pegaso tenía por objeto, según el Mando, realizar un acto de presencia en Tabercut, reconocer el territorio y poblados, eliminar las fuerzas enemigas que pudiera haber y posteriormente volver a Sidi-Ifni.
Todo bonito, todo fácil, esto esta chupao...
Para ello, el Mando organizó dos agrupaciones tácticas:
Estas eran las agrupaciones tácticas:
Pero...........de chupao nada de nada.
Los moros estaban ofreciendo una resistencia muy fuerte a la Segunda Bandera y a la Legión, en el lugar donde se llevan a cabo los combates, (cotas 345, 453, 449, 435 y otras.. ), habiendo tenido ya varios muertos y heridos, por lo que el Mando decidió no lanzarnos en Erkun, zona alejada de Tabercut, no sea que seamos copados por el enemigo y nos hagan alguna sangría y nos dejen en cuadro.

LOS QUE SE HABIAN “ESCAPADO DEL HOSPITAL”.

EJEMPLO DE HONOR PARACAIDISTA.

Al enterarse en el Hospital Militar de Ifni que se iba a realizar un salto de guerra, los heridos paracas, mancos, cojos y tullidos dieron un salto de la cama y pidieron el alta.

¡Milagro! Los cojos andan, los ciegos, ven. Los sordos, oyen..... ! La leche !.
Algunos se escaparon y dijeron a sus superiores que les habían dado ya de alta.
Después de la acción, tuvieron que volver al hospital, porque verdaderamente, estaban mal.
Al del parche en el ojo le había explotado una granada PO2 nada más soltarla.

A COMER SE HA DICHO.
Como la cosa no pintaba muy bien y no se sabía si por fin seriamos lanzados o no, nos fue dada la orden pasar “al comedor”, a coger fuerzas para el evento.

Cuando tocaban fajina, fuese para el desayuno, comida, incluso merienda y cena, salíamos generalmente de las tiendas de campaña, provistos del plato de aluminio, la marmita (fondo de la cantimplora) y los cubiertos, y bajábamos a formar en varias filas al cargo de un cabo, según se llegaba a las puertas de las cocinas.
El cabo furriel repartía el pan de unos sacos que no sé si subían del pueblo.
Allí no había donde sentarse, que yo recuerde, y cada cual volvía a su jaima con las vituallas correspondientes y allí se daba buena cuenta de ellas, o nos sentábamos en el puto suelo, cerca del lavadero de ropa. Luego cada cual se ocupaba de lavar la marmita o el plato.
También recuerdo, que en la cantina vendían unos botes de mortadela y de leche condensada con lo que algunos se alimentaban frecuentemente para no bajar a las colas frente a las cocinas según fuese para el desayuno o la merienda. Las latas de leche condensada las calentábamos al fuego de la paja de las colchonetas para que se pusieran más densas para untarlas en los chuscos de pan.

Algunas veces, como había más dinero que viandas, para completar las disponibilidades económicas (decían), nos daban un paquete de tabaco rubio en las comidas.

LOS ENCHUFADOS.

Los oficiales comían en sus tiendas y los machacas se ocupaban de subirles las comidas desde las cocinas.

Los ranchos en frío eran a base de chuscos, latas de sardinas, chocolate y de carne guisada del matadero de Mérida, las repartían los ayudantes del cabo furriel de turno.
Alguna vez caía algún chocolate con churros.

¡Que os aproveche esta lección de la comida paracaidista en Ifni !

Y YA POR FIN...........TRECE JUNKERS DESPEGAN DE IFNI.

Por fin, sobre las dos de la tarde del mencionado día 19 de febrero de 1958, embarcábamos en los 13 Junkers la Primera Compañía y la 5ª que era la Sección de ametralladoras.
Como “ Observadores “ venían en otro avión El Teniente-Coronel Jefe de la Agrupación D. Ignacio Crespo del Castillo, el Capitán de Estado Mayor D. Juan Antonio Gómez-Zamalloa Menéndez, y un periodista inglés que iba a cubrir la información.

PELIGRO DE CAER AL MAR.

El lugar del lanzamiento se encontraba cerca del mar, así que si al viento le daba por cambiar (cosa frecuente por aquellos andurriales), al agua patos.

Pues yo no sé nadar bien....., yo tampoco....

Se le preguntó a la Marina qué ayuda podría prestar en este caso. La respuesta fue correctísima y veraz para aquellos tiempos. NO HAY SALVAVIDAS, ASÍ QUE AYUDA MORAL TODA, AYUDA MATERIAL NINGUNA:

¡ Toma YA................!

Pasando unos minutos de las 3 de la tarde, salta al aire el primer paracaidista. Quién se apunta a ese honor ?. No hace falta preguntarlo. ¡ EL CAPITAN PEDROSA ¡ Los demás detrás, como un solo hombre, cada uno del Junker que le ha tocado en suerte, claro.
El Capitán Pedrosa salta el primero. Después, todos en el aire.

Cuando el cielo se llena de puntos, la tripulación de los navíos de guerra que apoyan la acción, saludan con gritos, aplausos y vivas el salto de los paracaidistas. Sus cañones desvían el fuego sobre las alturas que dominan la amplia hoyada, en cuyo fondo está Erkúm.

Momentos después, la 3ª compañía enlaza con los que han venido del cielo. Atrás y a la derecha, formando un amplio arco, están los hombres de la Agrupación “M”, los paracaidistas y los legionarios. La tenaza se ha cerrado. (Ha costado tres muertos en la II bandera y numerosos heridos, entre ellos el capitán Ponciano Fernández. La VI Bandera de la Legión ha tenido peor suerte).

SENSACIONES EN EL AIRE EN EL LANZAMIENTO.
Al abrirse los paracaídas, pudimos observar y oír un gran ruido de ametralladoras allá en el suelo, que nos acojonó durante unos minutos; yo pensaba que los moros nos estaban disparando desde el suelo, pero no, eran nuestros aviones de caza que protegían el lanzamiento en vuelo rasante. También los aviones de bombardeo lanzaban su carga sobre las posiciones enemigas allá a lo lejos de donde habíamos tomado tierra.

Fuera como fuese, el lanzamiento fue de lo más entretenido y acojonante.
Algunos caímos encima de chumberas de dos metros de alto, con cada pincho de puta madre que se nos clavaron en salva sea la parte. Otros cayeron encima de alguna “casa” de los moros, ROMPIENDOSE LOS DIENTES, ( Lusilla ), en fin, una aventura cojonuda. SIN NOVEDAD MI CAPITAN.

Comenzamos el avance sin dilación, atravesando la cabila de Erkun, donde no encontramos resistencia, solamente había mujeres y niños, y rápidamente ocupamos las posiciones que nos había encomendado. No habían pasado ni diez minutos desde que nos lanzamos en paracaídas.

Al ocupar nuestras posiciones, algún grupito de enemigos quiso hacernos frente, pero fueron eliminados por la sección de ametralladoras que nos acompañaba.
También pudimos observar como a una distancia considerable, se libraban serios combates entre la Legión, la II Bandera de Paracaidistas y los Tiradores de Ifni y los moros, donde por desgracia ya nos habían causado varios muertos y heridos, pero............

A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA.
El enemigo, al verse atrapado entre dos fuegos y al observar el salto paracaidista, comenzó una apresurada retirada con los escasos medios que disponía (camellos, algún vehículo, a pie), no hay que olvidar que a escasa distancia se encontraba la frontera con Marruecos, donde se refugiaban sin problemas, con lo cual se acabó el combate. Es decir, nuestro salto permitió vencer la resistencia enemiga y fue el principio del fin de la guerra.

Por la tarde, abandonamos la zona de Erkun volviendo en camiones a Sidi Ifni, llegando sobre las 12 de la noche.
Pero no todo había sido bonito. Si bien es cierto que para la Primera Bandera, curso 12 sobre todo, había sido una aventura paracaidista enorme, para la Segunda Bandera había sido una desgracia, sacrificio y dolor por los compañeros perdidos en combate.

MUERTOS:
Cabos: Pedro González Jordin.
José González Hortiguela
Clp. Fancisco Mestre Monteagudo.
Todos de la 6ª Cia.
Heridos:
Teniente Ponciano Fernández Fernández
Clps: Bernando Hernández Nodrid
Manuel Martínez Gómez,
Juan Moreno Gómez
Manuel Rodríguez Guerra
Francisco Villa Rodrigo
Todos de la 6ª y 7ª Cias.

Si bien como digo, nuestro salto en Erkun contribuyó al final de la guerra de Ifni, tras ella,  quedaron 37 paracaidista muertos en acción de guerra y 80 heridos. Recibiendo la Agrupación de Banderas Paracaidista 3 Medallas Militares Individuales, 47 Medallas Militares Colectivas, 6 Cruces de Guerra y 82 Cruces Rojas.
En homenaje a todos mis compañeros caídos en Erkun.
La verdad es que rememorar a estas alturas aquellos acontecimientos, el corazón se encoge como un puño y solamente se acierta a decir:

¡VIVA ESPAÑA!¡VIVA LA BRIPAC!


viernes

El Cuerpo de Mutilados


El 18 de julio de 1936 estalla la Guerra Civil Española, que mantendrá enfrentados a los bandos nacional y republicano por espacio de tres años. Durante ese tiempo, y a consecuencia de la cruenta campaña, se generó una gran cantidad de heridos y mutilados que, por ley, ya no podían ingresar en el Cuerpo de Inválidos Militares. El General Franco es quien encarga al General Astray, que pertenecía al Cuerpo de Inválidos Militares, que se ocupe de crear un Cuerpo que acoja a todos estos heridos. Y en enero de 1937 se crea la Dirección de Mutilados, encargada, a su vez, de organizar el Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria. Se clasifica, entonces, a los mutilados en cuatro categorías: mutilados, absolutos, permanentes, potenciales y útiles, aunque se sucederán varias reorganizaciones del mismo que favorecerían la aparición de una legislación más amplia, dando cobertura a un colectivo que anteriormente no estaba reconocido.

En 1976 tiene lugar la última reorganización del Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria, que ve cómo aumentan sus efectivos y cómo se trabaja para dar cobertura  al personal que no podía ingresar en el Cuerpo, como es el caso de los militares republicanos o excombatientes de la zona republicana.

Pero en 1985 se declara, de forma implícita, la extinción del Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria, ya que, por ley, a partir del 1 de enero de ese año no podía ingresar en él ninguna persona que se lesionara a partir de esa fecha. Pero no fue hasta 1989 cuando el Cuerpo queda extinguido oficialmente. Todos sus componentes, excepto los oficiales generales, debían pasar a situación de retirados. Se desmembraba un colectivo que durante siglos fue un Cuerpo Vivo dentro de las Fuerzas Armadas. 




domingo

Esperada respuesta

Un escrito basado en la obra de teatro "Los Niños" Premio Lope de Vega de 1969, del autor D. Diego Salvador Blanes (Q.P.D.) y dedicado así mismo, a D. Adolfo Cano por su inquebrantable defensa de los veteranos de Ifni-Sahara.

(Por fin, se levanta el telón)

 El escenario está iluminado tenuemente, casi en absoluta oscuridad por aquello del ahorro para los actos de homenaje a los viejos soldados.

 Un calendario señala que se está a principios del año 2017 mientras una pantalla de proyección permanece extendida en una pared . 
En la parte anterior izquierda del escenario y a un metro del suelo se alza una plataforma, apta para una gran mesa y dos sillas; sobre la mesa una foto de la ministra de Defensa, varios papeles, un anticuado proyector y un teléfono. (Posiblemente el teléfono usado por Gila) 

A la plataforma se llega por una amplia escalera. 
Los laterales del escenario y el fondo, son de color tierra del desierto africano; el suelo, con una gruesa alfombra del color rojo de la sangre vertida por los solados españoles.

Cuatro supervivientes; cuatro viejos soldados en representación de los cerca de diez mil soldados que combatieron en la guerra de Ifni-Sahara, entran por la izquierda ataviados con viejos y raídos uniformes habituales entonces de las unidades a las que pertenecieron.

Los cuatro soldados, viejos y estropeados, entran despacio, como asustados, casi agarrados los unos a los otros, mirándose nerviosamente, en movimientos cautelosos. Han sido citados por la autoridad competente para recibir una compensación moral por sus servicios a la Patria durante aquella contienda.

Llegan al centro del escenario y allí, espalda con espalda y cogidas sus viejas manos quizá en busca de protección, miran a todos lados.

Así comienza el acto que transcurre en una sala diáfana en el sótano del Ministerio de Defensa, donde una foto de la ministra que toca en ese momento, preside el solemne acto. Allí se encuentran un capitán de cocina recién ascendido y un teniente chusquero, que desarrollarán la dramática escena que quedará para el futuro impresa en la mente de los cuatro viejos de ya escasa utilidad.

Durante la escenificación, cada viejo soldado y a fuerza de estrujar su todavía no tan débil memoria, van relatando sus vivencias y los recuerdos de cuántos compañeros suyos encontraron la muerte, fueron heridos, les dieron por desaparecidos o sufrieron cautiverio, en aquella ignorada guerra de Ifni-Sahara de 1957/58 que al parecer, hoy inopinadamente se recuerda.

El viejo legionario se centra en el relato del combate de Edchera; el viejo tirador de Ifni cuenta y no acaba de sus compañeros muertos en sus brazos; el viejo paracaidista explica los primeros saltos en guerra en Tiliuin y en Erkúnt y sus heridas, que le obligan a caminar con muletas; por último, el viejo soldado del regimiento Soria, nº 9, que relata su grave enfermedad sufrida tras la explosión de un mortero muy cerca de él.

 Casi al final de cada historia y sus vicisitudes personales, es cuando a los cuatro viejos soldados que han permanecido a pie firme uno de ellos con muletas y otro en silla de ruedas, les ofrecen tomar un sorbo de agua servida por un cabo furriel que nunca falta.

Entonces el capitán, carraspea adulador:

Señora ministra (se vuelve hacia la foto), señores...veteranos, después de estas exposiciones que según ustedes recuerdan de la guerra de Ifni y del Sahara también, se va a practicar (comienza lentamente a caer el telón), un acto de "desagravio" general por el olvido a todos los veteranos de Ifni-Sahara gracias al celo de nuestra recién llegada ministra de Defensa.  La foto de la ministra parece que les sonríe y con superioridad inclina la cabeza, al tiempo que los cuatro viejos soldados saludan sin ningún entusiasmo llevándose las manos a su respectivo chapiri, tarbush, boina negra y gorra de campaña (continua), y que gracias a sus constantes desvelos (una pausa y continua), van ustedes a presenciar en una panorámica de un tiempo ya olvidado desde entonces y para siempre, de la realidad, y no de las vicisitudes que según ustedes padecieron cuantos allí afirman haber combatido al moro amigo de Franco en 1957/58.

Y entonces, y a los acordes de un vibrante himno nacional, comienza  a falta de otras imágenes, la proyección sobre la pantalla, de las escenas más impactantes filmadas por el NO-DO, destacando sobre todo las actuaciones de los cómicos llegados al aeropuerto de Sidi-Ifni durante las alegres navidades de 1957.

Eso es todo.

(Definitivamente cae el telón.)



Durante la Operación Gento y según consta en varios libros e incluso en un cómic de la Historia de la Bripac, los CLPS Carlos Vico y Juan Conejo fueron quienes ayudaron al teniente López Pérez herido levemente en un pie, pero que en vista de su negativa a caminar y ante la presencia de los moros, optaron por echar cuerpo a tierra y juntos repeler la agresión del enemigo.
El General Colldefors en su relato nos recuerda que un tiempo después acudieron a ayudarles el cabo Agapito Álvarez y el fornido cabo Bejarano, a quien después y solamente a él, merecidamente, se le concedió la Cruz del Mérito Militar.





viernes

YO ACUSO

        
Por Adolfo Cano Ruiz   
Medalla de Campaña Ifni- Sáhara        
Presidente de honor de AVILE



Texto enviado a la prensa como Cartas al Director. Otra cosa es que lo editen.


" El 2017 nos puede hacer retroceder 60 años. Ifni, noviembre de 1957, Marruecos invade el territorio de 1600 Km2 dejando 300 muertos, más de 500 heridos, 40 prisioneros y aproximadamente unos 20 muertos, abandonados en el territorio ocupado, sin enterrar, los  cuerpos fueron pasto de las hienas y nunca se recuperaron.  La maquinaria de propaganda del régimen franquista consiguió desvirtuar tan vergonzosa derrota.
Yo acuso a todos los gobiernos posfranquistas, de ser tan franquistas como el propio dictador, por lo que YO LES ACUSO, de haber hecho lo necesario por ocultar al pueblo español, que en Ifni-Sáhara hubo una guerra en 1957. YO ACUSO a los gobiernos habidos, tanto del PP como del PSOE, de no tener sentido de humanidad, ni respeto por aquellos muertos en una guerra absurda dejados en el cementerio de San Lázaro de Las Palmas; muertos, que un día fueron sacados de sus casas para cumplir el SMO y defender un territorio, que no era ni patria. Sus cuerpos no fueron devueltos a sus hogares. No tienen derecho ni a unas flores, ni a una oración. Son pocas quince líneas para poder  exponer lo que la mayoría del pueblo español ignora, de “aquellos”  y de “estos”. Este año, será el sesenta aniversario de una guerra “que no fue”. Ya sería el momento de desclasificar todo lo que aconteció, tanto en Ifni como en Sáhara".




jueves

Jura de Bandera

Párrafo final tomado de la novela corta “Las dos vidas de un chapiri” escrita por Carmen Salud Cantos Martín.     
        


La orden está dada, paso firme, chapiri al brazo. Ni siquiera recuerdo los movimientos que tengo que hacer, solo sé que tengo que besar la bandera, que eso sellará mi pacto con la patria, mi pacto con la muerte.

-    ¡Descansen, armas!

                      Ya resuenan los primeros golpes de la banda de guerra. Comenzamos a desfilar para el beso. Me parece que lo veo allí sentado, con su chapiri ladeado, su media sonrisa tintineante, y su mirada perdida en el recuerdo legionario, desde aquellos que lo salvaron hasta los que él no pudo salvar. Una lágrima recorre mi rostro, que al igual que el sudor, para en el barboquejo; solo espero que nadie la vea, que todos crean que una gota más en un mar de sal.
                     Pocos metros me separan ya de mi más ansiado sueño y de la más pura realidad, ahora sellaré el honor que me trajo aquí y terminaré aquello que el abuelo no pudo hacer. Sigo firme, casi autómata, giro la cabeza y la beso.



                    Ahora sí, al fin soy el Caballero Legionario Manuel Beltrán Toledo, igual que mi abuelo. 

miércoles

Miguel Bolart Cámara. Un veterano de la guerra de Ifni






                  
 Se trata de un relato muy bien contado, preciso y coincidente con mis recuerdos personales. 

"Pronto nos dimos cuenta de que estábamos combatiendo en una guerra de verdad"

La Operación Gento se organizó para liberar las posiciones de Tiugsa y Tenin. Participaron en ella las dos banderas paracaidistas -entre ellos el caballero legionario Miquel Bolart Cámara (Barcelona, 1938)- más un tabor de Tiradores y una sección de morteros expresamente enviada desde la Península. Un pequeño ejército de más de 1.500 hombres que fue fustigado continuamente por fuego de francotiradores (las bandas armadas rehuían en lo posible y como buenos guerrilleros, el combate abierto).

Fue en esta operación donde sufrió uno de los episodios de fuego amigo que alimentan la leyenda negra de la guerra de Ifni: "Solicitamos apoyo aéreo para ocupar una cota; eran las 10.30 horas, y tres horas después los Heinkeol todavía no habían hecho acto de presencia, así que atacamos la posición. Cuando ya la habíamos tomado, llegaron los bombarderos... ¡Y lo que nos bombardearon! No nos liquidaron a todos de milagro.

Bolart formaba parte de la 6a compañía de la Segunda Bandera Paracaidista. Cobraba una mensualidad de 575 pesetas (que se incrementó por pluses de guerra y desplazamientos hasta unas 900 pts. al mes), una pequeña fortuna en comparación con la peseta diaria que recibía la tropa estacionada en la Península, e incluso con las seis de los reclutas destinados a Ifni. En febrero de 1958 participó en la ocupación de Erkunt, donde se produjo el segundo salto de combate en la historia del paracaidismo español. Él se lo ahorró (se lo perdió) porque la papeleta le tocó a la 1ª Cía de la Primera Bandera.

-¿Cómo fue a parar a los paracaidistas?
-Estaba estudiando peritaje mercantil. La mili te partía la juventud por la mitad. Así que un buen día que me crucé con un paracaidista con su boina y todo, y me dije: "Si tengo que ir, por lo menos que pueda escoger un cuerpo en que  me divierta". En aquella época los pobres reclutas iban con su uniforme y sus botas, mientras que los paracaidistas vestíamos zapatos, americana y corbata. Piensa que en las Ramblas me paraban y me confundían con un soldado americano; en el ejército español nadie vestía así. Me alisté en agosto de 1955; hice la instrucción en Alcalá de Henares, y en enero de 1956 me envían a Alcantarilla para seguir el cursillo de paracaidista. Tenía 17 años.

-¿En qué consistía?
-Primero aprendíamos a caer: primero lo hacíamos con la voltereta alemana; luego cambiaron al rulo, la técnica que utilizaban franceses y norteamericanos. Con el rulo te apoyas en un costado al caer; la voltereta alemana, en cambio, aprovecha la inercia de la caída para da la vuelta hacia adelante o hacia atrás. El paracaidismo ha evolucionado mucho: nosotros caíamos a 4 metros por segundo y el golpetazo era seguro. Ahora hacen lo que quieren, son perfectamente capaces de aterrizar sobre un teléfono móvil.

-¿Difícil, la instrucción?
-Para conseguir el título de paracaidista tenías que sacar (hacer) seis saltos. Primero practicábamos la voltereta sobre una lona, saltando desde una altura de dos metros y pico; te intentaban inculcar el automatismo de saltar justo en el momento en que te tocaba -"Preparados, listos, ya"- a dar el saltito para que no se te torcieran los tobillos; cuando superabas esta primera fase te llevaban a una torre de 8 ó 10 metros de altura para practicar el salto enganchado a una cuerda: una de las experiencias más terroríficas de la instrucción, porque vas cayendo en diagonal y como estás tan cerca del suelo la sensación de que te la vas a pegar es inevitable.

-¿En qué Bandera se alistó?
-Cuando ingresé sólo existía la Primera; a partir de mi promoción, que fue la sexta (6º curso), crearon la Segunda, con lo que se formó la Agrupación de Banderas Paracaidistas.

-¿Había muchos catalanes?
-En comparación con el resto del país éramos pocos; pero más de los que parecía. Una bandera, que es casi como un regimiento, constaba de cinco compañías y la plana mayor: unos 700 hombres, bajo el mando de un comandante; el mío era Tomás Pallás Sierra. Superado el cursillo de Alcantarilla nos envían de vuelta a Alcalá, con el título de caballero legionario paracaidista de segunda y el roquisqui, las alas, y también con el traje de señor, porque hasta entonces vestíamos igual que los soldados de infantería y no lucíamos insignia.

-¿Qué destino le tocó?
-Primero, la 6ª compañía; luego, Transmisiones de la plana mayor de la bandera, era el encargado de cargar con la emisora.

-Y va a parar a Ifni.
-A finales de octubre de 1957, justo antes del follón. La Primera Bandera  había llegado el año anterior, justo cuando tenía un permiso y con la mala suerte de que cuando me llegó el telegrama no pude reincorporarme a tiempo. En Alcalá nos quedamos unos 80 paracaidistas, y fue entonces cuando comenzaron a organizar la Segunda Bandera. Por eso soy uno de los fundadores. Estuve unos dos meses en la Segunda, y entonces me trasladaron a la plana mayor. El comandante Pallás estuvo desde el principio en la Segunda Bandera, y el teniente coronel Crespo del Castillo estaba al frente de la Agrupación de Banderas.

-Vayamos pues a Ifni.
-Nada más llegar nos dijeron que había habido una sublevación de bandas armadas, y que eran unos tipos muy preparados. No sabría decirte; lo que sí estaba claro es que los tíos aguantaban como si nada ráfagas de ametralladora a 50 centímetros del suelo. Eso sí que te lo puedo decir.

-¿Había mucha diferencia entre el equipo y el armamento de los paracaidistas respecto a los de Tiradores?
-Nosotros hacíamos instrucción abierta y cerrada a diario, armamento y táctica; éramos soldados preparados para el combate. Ellos eran reclutas que lo único que querían era que los meses de mili pasaran lo más rápidamente posible. En cuanto al equipo, los americanos insistieron en que no usáramos el nuevo material que nos habían cedido en virtud del acuerdo entre Franco y Eisenhower. Sólo podíamos utilizar los cascos y las emisoras.

-La famosa Marconi de pedal, ¿la llegó a usar?
-Eran las únicas que había, reliquias de la guerra de aquí. A nosotros nos facilitaron unos radioteléfonos americanos estupendos, de estos que se ven en las películas de la época. Pero los debieron transportar embalados y algún listo de intendencia los mezcló al sacar las cajas. En fin, como estos aparatos funcionan por parejas, cada una con su propia frecuencia, como los habían mezclado resultó que era imposible contactar con la compañía vecina. Más aún cuando nos metíamos en alguna vaguada. Piensa que Ifni no es el Sáhara: es una zona montañosa y la persiana de señales ópticas enseguida quedaba inutilizada. Vaya, que con frecuencia nos encontrábamos a oscuras.

-¿De que armamento disponían?
-El máuser de 7,92 milímetros. Para mí, el mejor fusil del mundo. Si eres un buen tirador, donde pones el ojo pones la bala. Era un arma semiautomática de cerrojo: cargaba cinco balas en peine y había que tirar del cerrojo a cada tiro. Pero era un muy buen fusil; el nuestro era de 1952, el último modelo. También teníamos el fusil ametrallador FAO, que también era una buena arma. Lo que ocurre es que en una época en que otros ejércitos ya tenían una cadencia de fuego altísima, nosotros todavía andábamos con armamento de la postguerra.

-Pero, ¿no me está diciendo que era un buen arma, el Máuser?
-Sí que lo era, pero una arma semiautomática, ante un M1 americano, que dispara ocho tiros sin darte tiempo siquiera a respirar, o la misma Thompson, que disparaba 37 balas sin encasquillarse... Era otro mundo. El máuser era un buen fusil, pero era un fusil de cinco balas. Y además, de cerrojo.

-Y el enemigo, las bandas armadas, ¿qué armamento tenía?
-De todo, menos ametralladoras Thompson: mosquetones nuestros, y también franceses... No es que estuvieran muy bien equipados, pero para el tipo de guerra que practicaban, era suficiente.

-¿Y qué pasa con el Cetme?
-Llegó al final de la guerra y sólo lo vieron algunos; yo, desde luego, no. Los que llegaron a partir de 1958 sí que lo disfrutaron. Como subfusil automático es de lo mejorcito, porque no se encasquilla, tiene una cadencia de fuego muy alta y es ligero, apenas pesaba 3,5 kilos: ahora debe pesar incluso menos. Piensa que el máuser superaba los 5 kilos. Los primeros Cetme que llegaron a Ifni todavía venían equipados con trípode, porque la idea de un fusil ametrallador estaba todavía muy enquistada en el alto mando. Pero es que el Cetme era más que un subfusil: era un fusil de asalto con una cadencia casi de ametralladora.

-¿Qué ambiente se encontró en Ifni al llegar, en octubre de 1957?
-Persistía la idea de que los problemas venían de fuera, aunque ya se habían registrado levantamientos en algunas cabilas del interior. En Sidi Ifni era otra cosa, porque era más fácil de controlar. Cuando estalló la revuelta, se cortó de raíz. Pero cuando vimos las caras de los compañeros que llegaban no diré que del frente -porque no había propiamente frente- sino del interior, enseguida nos dimos cuenta de que estábamos combatiendo en una guerra de verdad. Algo diferente a todo lo que habíamos vivido hasta entonces.

-El levantamiento del 23 de noviembre, ¿nadie se lo olió?
-Hubo avisos, sí, pero muy dudosos. Además, en aquella época, la inteligencia militar dejaba mucho que desear. Nadie se lo imaginaba: piensa que en Sidi Ifni se encontraba el cuartel general de Gómez de Zamalloa, el gobernador del África Occidental Española, que abarcaba también el Sáhara.

-¿Usted era de los que paseaba tranquilamente por el barrio moro?
-Al principio íbamos al zoco de compras sin ningún tipo de resquemor, quizás por ese punto de imprudencia juvenil, sin saber demasiado donde nos estábamos metiendo; pero por la razón que fuese, no teníamos sensación de inseguridad. Después, cuando el levantamiento, lo cerraron y nos enviaron a hacer rondas de vigilancia por el perímetro. En cierta ocasión llegaron a disparar contra el burdel.

-¿Dónde lo sorprende el ataque del 23 de noviembre?
-En el campamento. Oímos algo de jaleo, pero no nos tocó ir a resolver aquello; así que me ahorré las primeras horas. Sí que nos ordenaron socorrer el puesto de Tiugsa. Iba con el mulo cargando mi emisora, junto con un soldado de quintas. Cuando sonó el primer tiro el trabajo fue nuestro para que el  mulo no se escapara... hasta que le pegaron tres tiros. No nos dieron a nosotros de puro milagro.

-El chivatazo de la cuñada de un policía indígena que según algunos salvó a los oficiales de morir a manos de sus ayudantes baamranis, ¿mito o realidad?
-Dicen que fue así. Te diré una cosa: si me vinieran con la historia de que fue un espía infiltrado, no sé, algo así, no lo creería; en cambio, algo tan en el fondo estúpido como un soplo de la cuñada del policía, pues lo creo. Me parece más creíble que no una filtración a la inteligencia militar, porque si existía algo parecido a esto, nunca supe dónde estaba. Para que veas cómo las gastaban, estando yo en la plana mayor de la Agrupación, se organizó el salto en una zona pedregosa y con unas pendientes de más del 15%. Si hubiéramos saltado allí, el que menos hubiera dejado una pierna de recuerdo. Por suerte a alguien se le ocurrió realizar una descubierta para reconocer la zona de salto.

-Así que no saltaron sobre Tiugsa.
-No. Nos llevaron hasta cierto punto en camión, y desde allí seguimos avanzando a pie. Casi los dos tercios del trayecto.

-¿Y qué ocurrió?
-Íbamos la Agrupación al completo, la dos Banderas Paracaidistas. Imagínate, cerca de 1.300 hombres. Un auténtico ejército. Cada cierto número de kilómetros sonaba un disparo y comenzaba el baile: cuerpo a tierra, que si las ametralladoras por aquí y los morteros por allá... Imagínate a mil y pico tíos, doce compañías, cuerpo a tierra, porque no sabías si te estaba disparando un tío, o había otros 50 dispuestos a freirte. Pasada la alarma, y sin haber capturado a un solo moro, retomábamos el camino... hasta que volvía a sonar un disparo y vuelta a empezar. Al final ordenaron que nadie se lanzara cuerpo a tierra hasta que se localizara al enemigo. Lo cierto es que sólo hubo que lamentar un par de heridos, y que hasta que no llegamos a la zona de Tagraga yo no vi ni un solo moro, ni creo que nadie viera ninguno. Pero nos dieron por el saco durante todo el trayecto.

-¿Hubo algún enfrentamiento en campo abierto, o la contienda se enquistó en una incómoda guerra de guerrillas?
-En Tagragra hubo enfrentamientos, sí. Cuando nos retiramos, dejamos atrás una compañía para efectuar la voladura del fuerte; nos encontramos que habían copado los dos laterales del monte y tuvimos que correr tres kilómetros y medio bajo fuego enemigo. Nunca había corrido tanto en mi vida.

-¿Cómo vivió la celada a la sección de Ortiz de Zárate, camino de Telata?
-Cuando llegamos a Ifni todavía no los habían liberado, pero ya sabíamos que él había muerto. Cuando volvieron a Sidi Ifni estaban destrozados. Casi ni los reconocía, y habíamos pasado meses juntos.
-Además de la Operación Gento, ¿en qué otras tomó parte?
-Cuando nos replegamos, pasado ya todo el jaleo, a la sección de transmisiones nos destacaron unos 10 kilómetros al interior. Estuvimos casi tres semanas. Fue en una de estas digamos misiones, protegiendo un depósito de agua, cuando vino Carmen Sevilla. La buena moza se portó como una señora; dijo que al día siguiente visitaría los puestos de primera línea, así que nos afeitamos -todos con la misma navaja- para recibirla como merecía. A pelo, sin agua ni nada. La poca agua que había era para beber. Yo estuve días sin poder reír.

-¿Y cumplió con su palabra?
-¡Qué va! ¡Cómo iba a venir!

-¿Sufrieron algún ataque?
-Un par de noches: respondimos al fuego y eso fue todo. La verdad es que fregados de verdad, con cientos o miles de tíos liándose a tiros, no los hubo. Hay que decirlo porque fue así. Era más bien una estrategia de hostigamiento. Claro que en ocasiones reunían una fuerza considerable, 50, 100 o quizás 150 hombres. En la Operación Gento, camino de Tagragra, solicitamos apoyo aéreo a eso de las 10 horas para tomar una loma; a las 13.30 todavía lo esperábamos. Así que el comandante ordenó que avanzáramos sin esperarlos. Fue entonces cuando llegaron, soltaron cuatro bombas y no nos mataron porque Dios no lo quiso.

-¿Tomaban prisioneros?
-Se hacían prisioneros, sí. Enseguida se hacía cargo de ellos la Policía. Y no querría parecer racista, pero el moro no es lo que parece: cogíamos a uno y lo primero que te soltaba era un "Arriba Franco", o un "Viva España", "Paisa, te quiero mucho"... Pero mejor no darles la espalda porque te arriesgabas a que te clavaran la gumia hasta el hígado. Y no estoy generalizando: hablo de lo que vi. El moro es un tipo especial. Y los del Rif, todavía más. ¡Peor que los xxxxxxxxx! En fin, que nadie se equivoque: sabían perfectamente lo que hacían, nos dieron lo que quisieron y más, nos hicieron correr, nos mataron a gente... Al moro le das un fusil y parece que sabe disparar casi por instinto.

-Cuando regresaron a la Península, ¿la gente estaba informada de lo que había ocurrido en Ifni? ¿O fue realmente una guerra silenciada?
-Pensaban que habíamos ido a pegar cuatro tiros y poco más. Ni se imaginaban que había habido muertos. Y una guerra, menos todavía. Al principio se habló de una revuelta, pero se fue silenciando progresivamente.

-Pero hubo cuestaciones populares para enviar lotes de Navidad, por ejemplo.
-Codorniu nos envió 12.000 botellas de champán. Pero ni vimos ni bebimos ni una. Alguien se forró con ellas, porque se quedaron en las Canarias. Hay que decir también que el transporte desde las Canarias era problemático, se hacía en barco y para desembarcar había que esperar el momento, más bien el día adecuado para los carabos.

-¿Qué aviones utilizaban los paracaidistas?
-Nos lanzaban desde los Junker: un buen aparato, muy difícil de derribar... aunque hubo un accidente, sí. Pero yo he volado en un Junkers una patrulla de exhibición desde Alcalá hasta Alcantarilla con solo dos motores, el del morro y el del ala izquierda. Estuvimos enganchados casi 20 minutos por si había que saltar, pero resistió. Era muy buen planeador, y muy fiable. Podía transportar hasta a doce paracaidistas, que teníamos que saltar por una puerta de 1,40 metros de alto. Había que agacharse e ir con cuidado de no dar en el dintel con el paracaídas. Si todo iba bien, en ocho segundo habíamos saltado los doce.

-¿Hasta cuándo estuvo destinado en Ifni?
-En mayo de 1958 toda la Segunda Bandera regresamos a la Península para el desfile de la Victoria. Casi salimos en hombros, y bueno, eso ya fue algo. Creo que hacia 1959 volvieron a Ifni, donde se había quedado estacionada la Primera. Pero yo me licencié antes, en septiembre de 1958, al cumplirse los tres años. Podría haberme reenganchado pero hice cábalas y vi que como mucho podría ascender hasta comandante. No me interesaba. No me quejo: como caballero legionario paracaidista cobrábamos 575 pesetas al mes (en la península y cerca de 900 pesetas en Ifni), una pequeña fortuna para la época, sobre todo si lo comparas con la peseta diaria que le pagaban al soldado de reemplazo.

-Volvamos a la guerra: desde su punto de vista, ¿era correcta, la estrategia de liberar los puestos del interior, replegarse en la capital y abandonar el resto del territorio? ¿Era la única opción viable?
-Hay que decir que las unidades profesionales, marina, aviación, paracaidistas e incluso Tiradores, podrían haber mantenido la colonia. En cambio, hubo compañías de morteros que desembarcaron en Ifni sin haber disparado jamás, que sacaban la pistola de la funda por primera vez. La estrategia del repliegue me imagino que fue para evitar un enfrentamiento a gran escala con Mohamed V, sospecho que hubo algo así como un acuerdo para que la cosa no pasara a mayores. Por otra parte, y con la mano en el corazón, en Ifni no había nada por lo que valiera la pena luchar.

-Así que, en el fondo, replegarse era algo sensato.
-Quizás no era la postura más honrosa, pero sí, era la más sensata, porque nos estaban dando por todos los lados. Por otra parte, lo que se cedió tampoco era gran cosa: 50 años después, en algunos de los puestos que volamos cuando nos retiramos todavía no se ha movido una piedra. Todo continúa igual.

-¿Echaron de menos el apoyo de carros de combate, helicópteros, artillería pesada...?
-Un carro hubiera sido de gran ayuda, pero hay que tener en cuenta la época: en 1957 el ejército español quizás disponía de dos docenas de tanques. Era un ejército muy peculiar, diseñado exclusivamente para la represión interna más que para defender el país de un enemigo exterior. Los pocos Sherman que teníamos en la Península habían llegado tras el acuerdo con Eisenhower... En fin, no olvidemos que era una época de miseria absoluta. Pero lo que te puedo asegurar es que si algo funcionó de maravilla fue la Armada. Las veces que le dimos al Canarias las coordenadas de bombardeo lo clavó: no se desviaron ni un metro.

-Pues corre el rumor de que en Sidi Ifni cayó algún obús por error...
-Que yo sepa, jamás. Hubo casos de fuego amigo, pero por parte de la aviación, no de la Armada. Las transmisiones del Canarias y el Méndez Núñez las llevaban sargentos con tres millones de años de servicio a sus espaldas. Aquella gente no se equivocaba.
-También se ha dicho que los obuses caían en el lugar indicado pero no explotaban porque eran defectuosos...
-Las seis andanadas que dispararon por encima de nuestras posiciones estallaron. Y tanto: ¡en mi vida lo he pasado tan mal! Pero sí que había armamento en mal estado: las granadas, por ejemplo, pero más que por defectuosas, porque tenían un sistema endiablado, con una cinta que venía enrollada y que en teoría saltaba cuando lanzabas la granada; luego resultaba que raras veces lo conseguías y tenías que ir a recuperar la granada... La P2 era más fiable; la pistola Star, una maravilla, y el subfusil... Bueno, con el primer cargador, funcionaba bien, pero cuando se calentaba era muy probable que se encasquillara.............

-¿Cómo se ganó la vida cuando dejó el ejército?
-Primero como dibujante y guionista, para Selecciones Ilustradas de Toutain; pero duró poco y pronto me pase al sector comercial -soy perito mercantil- hasta la jubilación.



Miguel Bolart Cámara es el Presidente de la Asociación de Veteranos Paracaidistas de Cataluña