domingo

Conmemoraciones

El 23 de Febrero de 1954 se realiza el primer salto desde avión en la Escuela Militar de Paracaidistas que el Ejército del Aire tiene en Alcantarilla (Murcia). Esta fecha se conmemora todos los años como Aniversario de las Fuerzas Paracaidistas del Ejército de Tierra.
Pinchar en este enlace para ver un vídeo muy interesante.
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=mnf8AthUSGQ

La canción paracaidista del E.T.
http://www.youtube.com/watch?v=mku8kSmBNA0

Ya está aquí la Legión de España
a luchar por la gloria de su sueño
ya está aquí, voy por ti España
a vencer o morir ganando el cielo.
Soy Quijote de Dulcinea
de ojos negros y raza hispana.
Es la luz de tu sol que relumbra
al fin con mi amor.
Un, dos, tres a formar legión del honor
que nos llama el cornetín.
Con pasión ya estoy presto aquí
cabalgar, cabalgar nubes de sol.
Un, dos, tres a formar legión del honor
que la Patria busca en mí
con amor razón de vivir
vivirá te lo juro yo.
Ya está aquí la Legión de España
a luchar por la gloria de su sueño.
Ya está aquí, voy por ti España
a caer o vencer por ti.
Somos vanguardia del aire
otros de la tierra o mar.
Por delante de nosotros
nadie para morir o luchar.
Vamos a formar.
Vamos a luchar.
Abre el corazón.
A mí la Legión.

martes

El Internado en 1944


Nací el 15 de Noviembre de 1938 en plena guerra Civil.

Pude haber ido a nacer en Hellín, de la provincia de Albacete, pero mi madre decidió volverse a Madrid de donde éramos todos desde hacía varias generaciones. Una vez en Madrid, la guerra continuaba con crudeza. No así en  Hellín, a donde se habían trasladado a vivir al amparo de las gestiones de un pariente republicano muy influyente.
En Madrid y por el hueco de la escalera de nuestra casa y donde nací según era la costumbre, cayó una bomba dos días después y que no explosionó porque no tocaba el que toda la familia pereciera en aquel instante.

Y terminó la guerra al año siguiente, y mi padre se libró de ser detenido a pesar de haber permanecido en el bando republicano en una unidad de preparación de planos y coordinadas para el ejército que perdió la guerra.
Mi padre era delineante y falleció en 1942 a consecuencia de una complicación pulmonar que no se pudo combatir porque la penicilina todavía tardaría aún dos años en aparecer en España.
D. Ángel, el médico de familia, solamente pudo recetar unas anticuadas cataplasmas de anís o mijo para aliviar los resfriados.
Mi madre se quedó viuda a los 42 años de edad y con dos hijos, mi hermana y yo, a los que había que mantener con los precarios medios de la posguerra española.
Mi tío Alfonso, marido de mi tía Emilia hermana de mi madre, y como exalumno que era del Colegio Municipal de San Ildefonso de Madrid, entonces solo para huérfanos de padre, intervino para que yo pudiese acceder en 1944 a ser incorporado a ese colegio de indudable prestigio.


No solamente éramos los encargados de cantar los números de la lotería nacional que así se celebraba todas las semanas además del de la Navidad, sino que también se impartían clases de música con instrumentos y con voces escogidas en el coro de la capilla. También el maestro Afrodisio nos daba lecciones de esgrima. Primero con palos y después con los trajes y caretas adecuados y también con floretes de verdad para intervenir en algunos actos oficiales. El maestro Afrodisio había sido el profesor de esgrima del Rey Alfonso XIII hasta su marcha a Italia.
Se trataba entonces de un internado exclusivo para niños varones, huérfanos.
Para la película “Pequeñeces” del año de 1950 contando yo con unos once años edad, nos llevaron a todos nosotros, uniformados con el traje de gala, a unos estudios de cine donde intervinimos en una secuencia junto al ya por entonces niño actor Carlos Larrañaga.
Con mis 12 años recién cumplidos, mi madre contrajo nuevas nupcias  y yo hube de abandonar aquel colegio de tan gratos recuerdos, para continuar mis estudios en otro colegio mucho más modesto del barrio de Embajadores.


viernes

El valor

Por Carlos Martí.
Habana 1897
Capítulo III de su libro EL SOLDADO ESPAÑOL

La cualidad de todo soldado: ánimo esforzado y sereno ante el peligro; intrepidez y desprecio de la vida, en aras de la Patria del nombre honrado de nuestros padres.

Está tan llena la historia de nuestros soldados, de rasgos de valor, serenidad é intrepidez que inútil es recordarlo á nuestro Ejército que ha desafiado siempre en las más grandes luchas los mayores peligros. Y si fuéramos a publicar aquí la larga lista de episodios en que se retrata la característica de nuestro soldado: el valor, entonces nuestra obra fuera monumental entre las monumentales, el notable escritor militar D, José Ibáñez Marin en un folleto titulado Héroes de la Manigua: Sanz Pastor, Sautocildes y el Batallón de San Quintín, dice en la página 16: "El médico de San Quintín, mi amigo Federico OreIlana, cuyos son gran parte de los detalles que aquí se consignan, refiere que al hacer alto al medio día luego de incorporarse la retaguardia y curar como pudo los heridos, un pobre soldado a quien devoraba la fiebre pedía agua, Ilamaba a su madre, implorando la caridad de sus compañeros.
..... Pero aquí no había, ni en el botiquín no restaba nada con que mitigar los quebrantos del pobre enfermo.
Un cabo del Batallón salió a un claro donde un naranjo silvestre mostrara un verdoso fruto, cogió varias naranjas entre el tiroteo de los insurrectos y satisfecho con su botín, retornó á consolar sus compañeros, aplicándoles a los labios el zumo amargo como hiel, que ellos saboreaban o, por mejor decir, devoraban con la fruición del que cree haIlar el remedio de su desventura. Aquella noche, al hacer la cura a los heridos, uno de eIlos sargento del batallón, llamó paso y muy paso, al doctor.
-Dígame, doctor,-balbuceó el herido cuya vida escapaba por momentos dígame. ¿yo estoy muy grave, no es verdad?
-¿Quién le ha dicho a V. eso? replicó OreIlana, prodigándole consuelos profesionales.
-No ... lo digo, porque ya ve usted, yo robo dos hombres a la columna. . . los dos que me llevan entre .. y. . . francamente, si yo he de morir como creo, no es justo que por mi pierdan dos fusiles el batallón cuando tanta falta hacen para salir de este apuro.
-¡Bah, bah!-añadió OrelIana.-No piense usted en semejante cosa: a curarse y a vivir. . .. Momentos después aquel sargento, con su espíritu de abnegación inconmensurable, se atravesaba el pecho con la bayoneta. j Hazaña digna de ser cantada por la épica! El generoso español remataba la vida para que su cuerpo macilento no distrajera brazos en su transporte. . .»
¡Bien dice que tal hazaña es digna de ser cantada por la épica! ¡Qué ejemplo más hermoso para los millares de individuos de que se compone la familia militar!
Este es el verdadero valor, la abnegación y la intrepidez.

Francisco Barado, otro insigne escritor militar, en Los catalanes en África que modestamente lo titula Recuerdo histórico, escribe: El epílogo de esta jornada (la de Wad-Ras) es digna de las proezas realizadas en aquellos dos combates; es hermoso, sublime porque trae a las mentes la austera grandeza espontánea y la heroica abnegación de los cruzados.
Cuéntase que habiéndose dolido el general Prin de las muchas bajas que el batallón tuvo en Wad-Ras, al desfilar los voluntarios ante el caudillo catalán después del combate gritáronle aquellos: Encare un quedem pera un altre vegada. Aún quedamos algunos para otra vez.»
Y llenaríamos páginas y más páginas narrando siempre, porque allí donde hay un pelotón español surge un episodio, una heroicidad, una grandeza.
Nuestras gloriosas Armas son de entre todas las del mundo, las que más ejemplos de valor presentan, ejemplos de valor que fortalecen y vigorizan.
Qué bien dijo un brillante escritor: «Sin el valor, el soldado se ve escarnecido por sus compañeros, es el objeto de sus burlas y el blanco de sus desdenes; sin el valor no podrá regresar alegre y satisfecho a su aldea, porque ni sus padres le abrirán amorosamente sus brazos, ni sus paisanos le respetarán, recibirá los golpes del más desgraciado en su pueblo y la que fue su prometida al marchar a la guerra, se avergonzará de haberlo querido y volverá su mirada al que regresa lleno de cruces su pecho,  honrosa cicatriz en su cuerpo; ejecutoria preciada del valor, del que nadie podrá dudar».
Hermosa y fiel pintura. En cambio si regresa con la invicta aureola del héroe: las campanas son echadas al vuelo, lucido cortejo oficial va a recibirle, el pueblo toma principal parte en su regocijo, la patria le premia su valor, y por encima de todo, está la real felicitación y protección de S. S. M. M.; convirtiéndose el apellido anónimo de la víspera en ilustre y glorioso. Y para hacer estos hombres de valor, que en todas partes siempre van a la victoria, hay que seguir la máxima de Helps: «El ejemplo heroico de los tiempos pasados es la principal fuente del valor de cada generación: los hombres marchan con calma hacia las empresas más peligrosas, impelidos hacia adelante por las sombras de los bravos que ya no existen».
Ah, sí, el mundo lo debe todo á los hombres y a las mujeres de probado valor.
No sabemos donde, ni nos es posible recordar en que obra lo hemos leído el siguiente rasgo acaecido delante de Sebastopol.
Se refiere de un sargento que estando de avanzada, cuando todos sus camaradas habían sido muertos y él mismo herido en la cabeza, volvió tropezando hasta el campamento y  alzó en el camino a un herido que llevó sobre sus espaldas; pero apenas llegado, cayó sin conocimiento. Muchas horas después, cuando recobró los sentidos, lo primero que hizo fue preguntar por su compañero. «¿Vive?»
-Vuestro «compañero» en verdad sí, está vivo, y es. . . el general. El enfermo quedó sorprendido.
A los pocos días el general visitó al que le había salvado la vida. Mi general, ¿entonces fue a vos a quien traje? Estoy contento, no conocí a V. E. ; pero si lo hubiese sabido, asimismo os hubiera salvado.
Tal debe ser el espíritu de todo soldado y dentro el Ejército un conjunto de heroicos corazones que aunque debilitados por la ausencia y por las contrariedades de campaña, de voluntad fuerte para luchar sin rendirse jamás, pues es de todo punto necesario, ante lo de que -la misión del militar se engrandece a medida que aumentan los peligros sociales, para conjurar los que, parecen que las demás
clases carecen de medios y de energías».

domingo

Una triste noticia


Guillermo Guajardo-Fajardo y Chaves.


Falleció en Madrid el día 30 de septiembre de 2011 a la edad de 73 años


Guillermo Guajardo-Fajardo y Chaves, un buen amigo y compañero paracaidista superviviente de la Guerra de Ifni que acaba de dar su último salto pero esta vez hacia arriba, junto a los luceros, junto a nuestros compañeros.
¡Descansa en paz!
J.L.G.Vicente



Amigo y compañero Guillermo, como yo del 12 curso paracaidista del E.T.

Que al igual que yo, provenías de La Legión del Tercio Alejandro Farnesio con sede en Villa Sanjurjo en el año 1956.

Que desde entonces fuimos compañeros de fatigas allá por aquellos parajes de Ifni, tú con tu fusil ametrallador y yo con mi mosquetón y que cuando caí herido, fuiste de los primeros en tratar de auxiliarme.

La última vez que nos vimos fue en Paracuellos de Jarama el día 20 de febrero de 2009.

Un día memorable. Siempre lo recordaré.

Fuiste un tipo duro en Ifni y yo procuraba seguir tus pasos.

Un abrazo y descansa en paz.


¡Hasta pronto!



martes

Ifni y una obra de arte literaria


Cuando la palabra escrita se convierte en obra de arte, cuando la exposición de los hechos es todo un compendio del buen hacer periodístico, cuando la humanidad sincera del narrador llega más allá de lo máximo exigible, creo sinceramente que no tengo derecho a no hacer público lo que sé, mucho más habiendo estado allí donde el artista de la palabra escrita relata los hechos.

Vaya esta crónica en homenaje a D, Torcuato Luca de Tena, escritor y periodista español, quien la escribió como corresponsal en aquel momento del diario ABC de donde han sido tomadas estas notas.

A B C MIÉRCOLES 22 DE ENERO DE 1958.

Ifni. (Crónica de nuestro corresponsal.)

Este moro viejo, pata de palo, barba rala y canosa, que se ha detenido para cargar su larga pipa repujada, parece sacado de la ilustración de un cuento de piratas antiguos.

Aquel lazarillo de ciego, cubiertas de moscas las llagas de su cabeza, va apartando a mandobles a los niños, para que no tropiecen con su amo, que avanza tras él palpando el suelo al tacto, mano artificial -de su bastón.

Aquí, unos chiquillos descalzos, vestidas las niñas con unos amplios camisones amarillos y floreados, corretean y juegan.

Allí, varias mujeres negras sonríen, sentadas en el suelo, a la puerta. Puerta minúscula, como de juguete de una casa pintada de añil y al sonreír, sus encías encarnadas y la forma de la media luna de su boca semejan un trozo de sandía sobre el ébano lustroso de sus rostros.

Una joven madre lleva una breve joroba bajo la túnica: su pequeño, colgado, a la espalda y oculto bajo la tela azul.

Entre un pliegue de la tela se descubre, como un pájaro pequeño que quisiera escapar, el piececillo de la criatura.

Pasear por el barrio moro, donde pululan en pintoresca promiscuidad árabes, negros y bereberes tocados los hombres con turbante, fez o breves solideos de lana, constituye para el europeo profano un espectáculo lleno de matices, cargado de sugestiones.

En la calle hay bullicio, sol, moscas y polvo, un borriquillo avanza ahora a paso cansino por la calleja es de una raza enana, muy abundante por aquí. A horcajadas en él, un moro, cuyas largas piernas cuelgan hasta el suelo, dormita, mientras su mujer, doblada la cintura en ángulo recto, y colgada del rabo del asno, carga sobre sus espaldas un increíble haz de leña, bajo
el que avanza medio sepultada.
¡Qué pequeños parecen al lado de este viejo y altísimo camello—altiva mirada de miope, gesto de asco por los olores plebeyos que se cruza con la pareja!

Si tuviera una cámara fotográfica la dispararía en este momento preciso para inmovilizar sobre el papel las tres bestias de carga que, desde Suez hasta aquí, utilizan los árabes desde tiempo inmemorial:

El asno, el camello y la mujer.

Una mocosa de pocos años se ha plantado ante mí, admirada por la extravagancia de algo que ella considera insólito: mi atuendo civil.





La perfección de sus facciones me sirve de índice para imaginar la belleza oculta por la túnica de sus hermanas mayores. Éstas no miran nunca a la cara, desvían la mirada o bajan los ojos al paso de un europeo.

Para ser más exacto, aclararé que esta actitud sólo la mantienen a rajatabla si hay hombres de su raza en la proximidad. Si no los hay, sus ojos ribeteados de carbón—único elemento vivo que emerge del huso azul de su túnica- giran curiosos y femeninos.

Y a veces, “si no hay moros en la costa”, mantienen descarada la mirada. (Lahisa, al menos, comprobó prudente, antes de hablar conmigo, si algún indígena la observaba).

Me he detenido ante un establecimiento de baños públicos.

Los baños, según me explican, son al vapor. Sobre unas brasas, encendidas y aromáticas espolvorean agua, y la niebla así creada limpia y purifica la piel, que ha de ser ensuciada acto seguido con unos masajes, ensalada humana a base de aceites y de pimienta.

Al ver a las mujeres ait-ba-amaranis disfrazadas de fantasmas, y a esta impresión fantasmal colaboran también las babuchas, que las hacen andar silenciosa, sigilosamente es difícil imaginar que bajo tan monótona uniformidad pueda caber la algarabía de adornos y colores que llevan bajo la túnica.

En el interior de las casas, incluso de las europeas, donde ayudan a las faenas domésticas, se desprenden de la túnica azul que las cubre desde las cejas hasta los pies y dejan entonces al descubierto su verdadera indumentaria.

Llevan dos faldas: una larga y amplia, de color amarillo limón, y otra corta, superpuesta a la anterior, ceñida sobre las caderas, y de un violento color naranja.

Sobre la blusa cuelgan multitud de abalorios, dijes, dengues y zarandajas de metal repujado, semejantes a los de nuestras lagarteranas. Y desde el cuello, sobre el escote, unos pendientes de sartas multicolores destacan sus brillantes reflejos sobre la piel mate, color de la almendra tostada.

El pelo negrísimo y desrizado es recogido por un pañuelo, a la chacha cubana, y deja al aire las orejas, atravesadas de largos pendientes.

Las más llamativas de las babuchas suelen ser negras con adornos de metal blanco y sartas rojas, azules o violeta.

Así, al menos, eran las de la muchacha ait-ba-amárani con quien mantuve un diálogo harto sabroso. Ignoro si el vocablo “muchacha” puede aplicarse a una mujer de su edad. En ait-ba-amaran (Ifni), si una mujer llega a los quince años sin haber contraído matrimonio se la puede considerar como una solterona de muy difícil porvenir.

Algunas se casan a los once por eso no sé si el decir “muchacha” a Lahisa, que este es el bello nombre de mi interlocutora, no será en realidad algo arriesgado.

Lahisa tiene ya diecisiete años. Estaba yo preparando los bártulos para mi regreso, cuando unos golpecitos llamaron insistentes a la puerta.

Nadie atendía la llamada.

Abrí la puerta.

Ante mí, toda envuelta en su manto azul oscuro, una mujer, y a sus pies una cesta cargada de mejillones.

Comprar mariscos. Son ricos.

Yo no quería mariscos, pero me interesaba dialogar con la recién aparecida. Era muy joven, esbelta y sus ojos ribeteados de carbón se me antojaron heraldos de un rostro fresco y armonioso.

No tengo cocina la dije. No puedo comprar....

Tres pesetas y yo dar muchos, muchos mariscos.

¿Tres pesetas nada más?

Cinco pesetas y yo dar todos.

Pero no tengo cocina.......

Siete pesetas. Son ricos. Un poco de arroz y riquísimos.

Yo nunca había visto regatear subiendo el precio de la mercancía. La muchacha se arrodilló en el suelo, junto a la cesta, y empezó a depositar los mejillones en hojas de papel.

Al mover los brazos, pensé que la túnica que cubría su rostro dejaría algún resquicio por donde descubrirlo pero no fue así.
¿Cuántos años tienes? La muchacha rió antes de contestar.
Diecisiete.

¿Cómo té llamas? La muchacha volvió a reír.

Lahisa.

Escucha, Lahisa. Me dijistes tres pesetas, después cinco, ahora siete. Creo que me estás engañando, si te quitas el velo te veré en la cara si no mientes.

Arrodillada en el suelo, como estaba, Lahisa se agitó súbitamente por un arrebatado ataque de risa.

Se llevaba las manos a la cara, para contener su velo, y se balanceaba de delante a atrás, al compás de sus carcajadas. Después alzó un dedo y lo agitó enérgico, sin dejar de reír.

Eso no estar bueno. Rellenó todo el contenido de su cesta en los papeles extendidos en el suelo y alzó los ojos.

Nueve pesetas y un poco de turrón. Me miraba expectante, segura de su victoria. ¿Era golosa Lahisa o tenía hambre?

La población indígena que convive en nuestra zona se alimenta, no de lo que producen sus montañas estériles, sino de lo que depositan allí nuestros barcos y nuestros aviones.

Si España se fuera de Ifni el hambre se cerniría sobre la totalidad del territorio, como se ha cernido ya sobre la zona en que se encuentran las bandas rebeldes, donde hay ahora más alimentos para los chacales que para los hombres.

Dime, Lahisa, ¿Por qué hay guerra? Su gesto cambió de súbito. Se puso en pie. Miró a un lado y a otro, por ver si la observaban, y me dijo:

Los hombres ser todos malos, tontos, ignorantes. Su expresión era irritada.

No tener ojos, ser ignorantes.

Recogió su cesta, su turrón y su dinero, y dejando la puerta de la pensión sembrada de mejillones, Lahisa se fue sin descorrer el velo de su rostro, pero descorrido ya el velo de su alma.

La misión de un periodista en Sidi Ifni no ha concluido, pero mi labor particular por estas tierras, sí.

El margen de tiempo robado a otras actividades de las que: quien esto firma no puede desertar, ha sido ampliamente rebasado ya.

Si quisiera buscar un epílogo, encontrar unas palabras a guisa de colofón respecto a cuanto aquí ha acontecido, las últimas palabras de Lahisa me serían de gran utilidad.


Un viento malo ha cegado como el “siroco” del desierto los ojos de muchos.

Lahisa me lo dijo mientras unos indígenas pasaban ante mí, turbante en el cráneo, barba en el rostro, mirada indefinida:

¡No tener ojos! ¡Ser ignorantes…....!

Se cruzó con ellos y siguió su camino, airosa, estrecha y esbelta, como una hoja de eucalipto.

Fantasma ait-ha-amarani bajo su túnica azul.......



Torcuato Luca de Tena.

viernes

Edchera y Annual

Hace cierto tiempo que el veterano paracaidista Guillermo Guajardo Fajardo y Chaves (q.e.p.d.), me envió una carta acompañando el libro “El desastre de Annual” como regalo y para que le leyera. En la carta me recordaba la guerra de Ifni-Sahara en la que combatimos y la similitud con la guerra en la que se produjo el desastre de Annual.
“El Desastre de Annual” es un estremecedor relato de aquella tragedia que llenó de duelo y consternación a España. La retirada de Annual, el degüello de las guarniciones españolas, los sufrimientos de los soldados, la inaudita crueldad de los rifeños están recogidos en estas páginas con escalofriante verismo. Doce mil cadáveres españoles quedaron tendidos sobre aquella inhóspita tierra africana. Desde los primeros instantes, la evacuación de Annual se convirtió en una desordenada huida. Jefes, oficiales y tropas escapaban arrebatados por la incontenible avalancha del pánico. Los atacantes mataban a mansalva, asesinaban y torturaban a los fugitivos españoles. Fernández de la Reguera y Susana March narran los hechos con su acostumbrado rigor histórico; funden realidad y fantasía en insuperable síntesis; nos ofrecen inolvidables retratos de soldados españoles; recogen los actos de valor -algunos tan asombrosos como los del cabo Jesús Arenzana Landa-, las tristes cobardías, las desgarradoras escenas de dolor, los heroicos rasgos de ese compañerismo tan español... y consiguen enriquecer estas páginas con una intensidad pocas veces alcanzada.

En su carta, Guillermo me señalaba que tanto él como yo y cuantos combatimos en la ignorada guerra de Ifni y Sahara de 1957/58, posiblemente estuvimos muy cerca de sufrir otro humillante desastre. Si no de tan grandes dimensiones, sí al menos de características similares. Como muestra ahí quedó para siempre el recuerdo imborrable del combate de Edchera. Resulta que tanto Guillermo como yo, procedíamos de La Legión, del Tercio Alejandro Farnesio con sede en Villasanjurjo por aquella época, y nos faltó muy poco en el tiempo, para haber sido encuadrados en la XIII Bandera que combatió en Edchera.

Prácticamente nadie sabe qué ocurrió en Ifni en aquellas fechas.
La gente ni tan siquiera sabe dónde está Ifni. Es de pena. Y nadie hace nada por resolverlo. Los libros sobre el tema son escasísimos, películas no hay, documentales apenas se han hecho, y los pocos NODOS que abordaron el tema no nos sirven por no ser objetivos ni imparciales. Pero os preguntaréis: ¿por qué se habla hoy de esto? Muy fácil. Si prácticamente nadie en España conoce hoy en día nada de la guerra de Ifni, menos todavía se sabe acerca de algunos de sus episodios más sangrientos o, tal vez, más gloriosos de las guerra contra Marruecos. Precisamente el 13 de enero pasado, se cumplieron 56 años de uno de los acontecimientos más duros e importantes de todos los que se dieron durante la contienda: El combate de Edchera.
De los más de 300 muertos y 500 heridos que costó la guerra de Ifni, 48 y 64 respectivamente lo fueron durante una sola jornada (el 13 de enero de 1958) y en un único lugar: Edchera.

Esa tremenda proporción, y el ser todos ellos miembros de una misma Bandera de La Legión (la XIII), dotaron al combate de una significación grandísima que, por otra parte, y lamentablemente, no ha trascendido hasta nuestros días.
Además, por el combate de Edchera se concedieron las últimas Laureadas que ha concedido nuestro Ejército. ¿Cómo fue todo ello posible? Nunca se hizo un juicio crítico. Las Laureadas que se concedieron, sin duda merecidísimas, sirvieron, sin embargo, para ocultar las sombras de las imprevisiones que hicieron posible aquel descalabro.

Sí, apenas nadie hoy en día recuerda la Guerra de Ifni-Sahara. Por lo tanto, aún menos se recuerda el combate de Edchera del que se han cumplido 57 años.
¿Nadie recuerda a aquellos héroes? Bueno, nadie no. Los veteranos legionarios y paracaidistas que combatimos en Ifni les recordamos y, a partir de hoy, también lo harán quienes lleguen a entrar en este blog. Aquellos hombres que dieron su vida por España no tienen a su nombre calles, plazas ni estatuas. A nadie le interesa su recuerdo. Es de pena. Todas las naciones de nuestro alrededor recuerdan con orgullo a sus héroes. Aquí los tiramos a la basura. Y no hablo sólo de los héroes de Edchera. Aquí somos así. Pero bueno, hoy toca hablar de Edchera recordando el Desastre de Annual.

Ya se sabe que sobre el tema de la guerra de Ifni en general,  la bibliografía es muy escasa. Aún así voy a permitirme el lujo de recomendaros algunos libros por si queréis saber más acerca de uno de los temas más desconocidos y turbios de nuestra historia. A mí, personalmente, me gusta Ifni-Sahara La guerra ignorada, que desde sus páginas 251 a 271 nos habla de Edchera.  Y eso sobre la guerra de Ifni en general. Si hablamos acerca de libros referidos a acontecimientos en concreto ocurridos dentro del conflicto, la lista se reduce drásticamente.

Acerca de Edchera, tan sólo se ha podido localizar un libro. Es de vergüenza. No es muy largo, tiene muchas fotos y, aunque de lectura un tanto farragosa, vale la pena. No hay otra cosa si queréis saber de primera mano lo que ocurrió en aquel lugar de infausto recuerdo. Se titula Ifni-Sáhara 1958. Sangriento combate en Edchera.

No hay más que decir. Cada vez somos menos los que recordamos a nuestros héroes, pero algunos quedamos defendiendo el pabellón. A partir de hoy, algunos más seréis los que recordaréis a aquellos soldados españoles que se dejaron la vida en tierra marroquí prácticamente de forma gratuita, pues, como muchos sabréis, aunque la guerra de Ifni no se perdió y nos costó más de 300 muertos, el territorio fue cedido gentilmente a Marruecos, sin pegar un sólo tiro, en 1969. Y el Sahara en 1975. Por tanto, la guerra y sus muertos no sirvieron prácticamente para nada. Se hizo el ridículo, y quizás por eso se pretendió que quedase en el olvido y nadie removiese el tema. Y lo consiguieron, pues el asunto Ifni sigue durmiendo, aún hoy en día, el sueño de los justos.

¡Héroes de Edchera, los veteranos de guerra no os olvidamos!


La Cultura de Defensa.

BOMU
IPS-IMEC-SEFOCUMA
Número 119
Enero 2014
(Boletín interno UNAMU Cataluña)




Si nos preguntáramos si somos patriotas en España y, más en concreto, en Cataluña, la contestación a juzgar por las apariencias en principio se antoja decepcionante.
 En cambio, las encuestas en la calle arrojan un resultado que lo contradice porque tanto las FAS como la Guardia Civil son dos Instituciones de las más valoradas y precisamente son las que cultivan las virtudes militares, por las que llegan a arriesgar y perder la vida en defensa de los ideales que conforman nuestra sociedad; tanto en nuestro suelo como en los lugares más recónditos del mundo, y no recibiendo a cambio más que una modesta soldada de subsistencia. 
Podemos ver a continuación cómo los catalanes, a las órdenes del general Prim, escribieron páginas épicas y demostraron un arrojo sin igual, sacrificando sus vidas por nuestra bandera y lo que representaba y sigue representando. Así que tras esas apariencias de desidia, de aisladas quemas de banderas y las campañas soterradas de incitación al desprecio y al odio, nosotros creemos firmemente que no es la sociedad española menos patriota que la francesa, que cada 14 de julio inunda su capital y sus ciudades con desfiles y homenajes a su bandera, sino que los diferentes son nuestros políticos que, por complejos o por desconocimiento, han descuidado –porque no queremos creer que ha sido deliberado- algo tan importante como es cultivar el amor a la Patria y a nuestra bandera. En consecuencia no tenemos una verdadera Cultura de Defensa, en mayúsculas, como Francia por no ir más lejos, y por eso nos alegramos esta última Pascua Militar cuando en Barcelona se volvió a llevar a cabo un acto de izado de la bandera en la vía pública, frente al palacio de Capitanía, y el Teniente General Álvarez Espejo anunció su intención de prodigar los actos castrenses abiertos al público.

Porque tenemos la seguridad de que si se publicitan debidamente el publico catalán, como los soldados de Prim, demostrarán que son tan patriotas como lo fueron aquellos y que sólo necesitan que se les abran las puertas de los recintos militares para que puedan sentirlos suyos y demostrar por qué valoran la institución militar como la valoran en las encuestas. Que la prensa local emitiera una simple reseña del acto, nos demuestra que no es que no fuera de interés general, que lo fue, sino que las millonarias subvenciones pesan demasiado cuando se trata de que parezca –y demasiados se lo lleguen a creer- que en Cataluña hoy sólo hay un pensamiento único. Que se malograra la entrega de una bandera de combate al nuevo porta aeronaves Juan Carlos I, al parecer porque el político local no estuvo por la labor, es más de lo mismo: no es que no sean patriotas los catalanes sino que precisamente lo que no se quiere desde instancias nacionalistas e independentistas es darles ninguna oportunidad de demostrarlo y mucho nos tememos que demasiadas veces ha habido complicidad o apatía en quienes debían velar por evitarlo. En otros escritos podréis leer las interesantes reflexiones de un general sobre la necesidad y como debe ser un programa que promueva la Cultura de Defensa y, lamentablemente, también encontraréis información del desolador panorama con que se encuentran nuestros militares para cumplir sus objetivos, con buenas palabras, pero sin que se dote a nuestras FAS del presupuesto necesario, algo que es crónico y no sólo por la crisis, mientras que para los profesionales de la política sigue habiendo, desde anecdóticos y reveladores descuentos en los precios de los gintonics de sus señorías y en sus impuestos, beneficios camuflados como dietas y asistencias hasta en la menor corporación local, pasando por coches oficiales para cualquiera y las más variopintas subvenciones no solo a los partidos sino a todo un universo afín de asociaciones, fundaciones y organizaciones que han hecho de la política su cortijo y que superan escandalosamente a los homónimos de Alemania, por ejemplo. 

Con esos recursos dilapidados se podrían satisfacer las necesidades que requiere la Defensa Nacional, así que menos palmaditas y más presupuesto.