sábado

Ifni y una obra de arte literaria


Cuando la palabra escrita se convierte en obra de arte, cuando la exposición de los hechos es todo un compendio del buen hacer periodístico, cuando la humanidad sincera del narrador llega más allá de lo máximo exigible, creo sinceramente que no tengo derecho a no hacer público lo que sé, mucho más habiendo estado allí donde el artista de la palabra escrita relata los hechos.

Vaya esta crónica en homenaje a D, Torcuato Luca de Tena, escritor y periodista español, quien la escribió como corresponsal en aquel momento del diario ABC de donde han sido tomadas estas notas.

A B C MIÉRCOLES 22 DE ENERO DE 1958.

Ifni. (Crónica de nuestro corresponsal.)

Este moro viejo, pata de palo, barba rala y canosa, que se ha detenido para cargar su larga pipa repujada, parece sacado de la ilustración de un cuento de piratas antiguos.

Aquel lazarillo de ciego, cubiertas de moscas las llagas de su cabeza, va apartando a mandobles a los niños, para que no tropiecen con su amo, que avanza tras él palpando el suelo al tacto, mano artificial -de su bastón.

Aquí, unos chiquillos descalzos, vestidas las niñas con unos amplios camisones amarillos y floreados, corretean y juegan.

Allí, varias mujeres negras sonríen, sentadas en el suelo, a la puerta. Puerta minúscula, como de juguete de una casa pintada de añil y al sonreír, sus encías encarnadas y la forma de la media luna de su boca semejan un trozo de sandía sobre el ébano lustroso de sus rostros.

Una joven madre lleva una breve joroba bajo la túnica: su pequeño, colgado, a la espalda y oculto bajo la tela azul.

Entre un pliegue de la tela se descubre, como un pájaro pequeño que quisiera escapar, el piececillo de la criatura.

Pasear por el barrio moro, donde pululan en pintoresca promiscuidad árabes, negros y bereberes tocados los hombres con turbante, fez o breves solideos de lana, constituye para el europeo profano un espectáculo lleno de matices, cargado de sugestiones.

En la calle hay bullicio, sol, moscas y polvo, un borriquillo avanza ahora a paso cansino por la calleja es de una raza enana, muy abundante por aquí. A horcajadas en él, un moro, cuyas largas piernas cuelgan hasta el suelo, dormita, mientras su mujer, doblada la cintura en ángulo recto, y colgada del rabo del asno, carga sobre sus espaldas un increíble haz de leña, bajo
el que avanza medio sepultada.
¡Qué pequeños parecen al lado de este viejo y altísimo camello—altiva mirada de miope, gesto de asco por los olores plebeyos que se cruza con la pareja!

Si tuviera una cámara fotográfica la dispararía en este momento preciso para inmovilizar sobre el papel las tres bestias de carga que, desde Suez hasta aquí, utilizan los árabes desde tiempo inmemorial:

El asno, el camello y la mujer.

Una mocosa de pocos años se ha plantado ante mí, admirada por la extravagancia de algo que ella considera insólito: mi atuendo civil.





La perfección de sus facciones me sirve de índice para imaginar la belleza oculta por la túnica de sus hermanas mayores. Éstas no miran nunca a la cara, desvían la mirada o bajan los ojos al paso de un europeo.

Para ser más exacto, aclararé que esta actitud sólo la mantienen a rajatabla si hay hombres de su raza en la proximidad. Si no los hay, sus ojos ribeteados de carbón—único elemento vivo que emerge del huso azul de su túnica- giran curiosos y femeninos.

Y a veces, “si no hay moros en la costa”, mantienen descarada la mirada. (Lahisa, al menos, comprobó prudente, antes de hablar conmigo, si algún indígena la observaba).

Me he detenido ante un establecimiento de baños públicos.

Los baños, según me explican, son al vapor. Sobre unas brasas, encendidas y aromáticas espolvorean agua, y la niebla así creada limpia y purifica la piel, que ha de ser ensuciada acto seguido con unos masajes, ensalada humana a base de aceites y de pimienta.

Al ver a las mujeres ait-ba-amaranis disfrazadas de fantasmas, y a esta impresión fantasmal colaboran también las babuchas, que las hacen andar silenciosa, sigilosamente es difícil imaginar que bajo tan monótona uniformidad pueda caber la algarabía de adornos y colores que llevan bajo la túnica.

En el interior de las casas, incluso de las europeas, donde ayudan a las faenas domésticas, se desprenden de la túnica azul que las cubre desde las cejas hasta los pies y dejan entonces al descubierto su verdadera indumentaria.

Llevan dos faldas: una larga y amplia, de color amarillo limón, y otra corta, superpuesta a la anterior, ceñida sobre las caderas, y de un violento color naranja.

Sobre la blusa cuelgan multitud de abalorios, dijes, dengues y zarandajas de metal repujado, semejantes a los de nuestras lagarteranas. Y desde el cuello, sobre el escote, unos pendientes de sartas multicolores destacan sus brillantes reflejos sobre la piel mate, color de la almendra tostada.

El pelo negrísimo y desrizado es recogido por un pañuelo, a la chacha cubana, y deja al aire las orejas, atravesadas de largos pendientes.

Las más llamativas de las babuchas suelen ser negras con adornos de metal blanco y sartas rojas, azules o violeta.

Así, al menos, eran las de la muchacha ait-ba-amárani con quien mantuve un diálogo harto sabroso. Ignoro si el vocablo “muchacha” puede aplicarse a una mujer de su edad. En ait-ba-amaran (Ifni), si una mujer llega a los quince años sin haber contraído matrimonio se la puede considerar como una solterona de muy difícil porvenir.

Algunas se casan a los once por eso no sé si el decir “muchacha” a Lahisa, que este es el bello nombre de mi interlocutora, no será en realidad algo arriesgado.

Lahisa tiene ya diecisiete años. Estaba yo preparando los bártulos para mi regreso, cuando unos golpecitos llamaron insistentes a la puerta.

Nadie atendía la llamada.

Abrí la puerta.

Ante mí, toda envuelta en su manto azul oscuro, una mujer, y a sus pies una cesta cargada de mejillones.

Comprar mariscos. Son ricos.

Yo no quería mariscos, pero me interesaba dialogar con la recién aparecida. Era muy joven, esbelta y sus ojos ribeteados de carbón se me antojaron heraldos de un rostro fresco y armonioso.

No tengo cocina la dije. No puedo comprar....

Tres pesetas y yo dar muchos, muchos mariscos.

¿Tres pesetas nada más?

Cinco pesetas y yo dar todos.

Pero no tengo cocina.......

Siete pesetas. Son ricos. Un poco de arroz y riquísimos.

Yo nunca había visto regatear subiendo el precio de la mercancía. La muchacha se arrodilló en el suelo, junto a la cesta, y empezó a depositar los mejillones en hojas de papel.

Al mover los brazos, pensé que la túnica que cubría su rostro dejaría algún resquicio por donde descubrirlo pero no fue así.
¿Cuántos años tienes? La muchacha rió antes de contestar.
Diecisiete.

¿Cómo té llamas? La muchacha volvió a reír.

Lahisa.

Escucha, Lahisa. Me dijistes tres pesetas, después cinco, ahora siete. Creo que me estás engañando, si te quitas el velo te veré en la cara si no mientes.

Arrodillada en el suelo, como estaba, Lahisa se agitó súbitamente por un arrebatado ataque de risa.

Se llevaba las manos a la cara, para contener su velo, y se balanceaba de delante a atrás, al compás de sus carcajadas. Después alzó un dedo y lo agitó enérgico, sin dejar de reír.

Eso no estar bueno. Rellenó todo el contenido de su cesta en los papeles extendidos en el suelo y alzó los ojos.

Nueve pesetas y un poco de turrón. Me miraba expectante, segura de su victoria. ¿Era golosa Lahisa o tenía hambre?

La población indígena que convive en nuestra zona se alimenta, no de lo que producen sus montañas estériles, sino de lo que depositan allí nuestros barcos y nuestros aviones.

Si España se fuera de Ifni el hambre se cerniría sobre la totalidad del territorio, como se ha cernido ya sobre la zona en que se encuentran las bandas rebeldes, donde hay ahora más alimentos para los chacales que para los hombres.

Dime, Lahisa, ¿Por qué hay guerra? Su gesto cambió de súbito. Se puso en pie. Miró a un lado y a otro, por ver si la observaban, y me dijo:

Los hombres ser todos malos, tontos, ignorantes. Su expresión era irritada.

No tener ojos, ser ignorantes.

Recogió su cesta, su turrón y su dinero, y dejando la puerta de la pensión sembrada de mejillones, Lahisa se fue sin descorrer el velo de su rostro, pero descorrido ya el velo de su alma.

La misión de un periodista en Sidi Ifni no ha concluido, pero mi labor particular por estas tierras, sí.

El margen de tiempo robado a otras actividades de las que: quien esto firma no puede desertar, ha sido ampliamente rebasado ya.

Si quisiera buscar un epílogo, encontrar unas palabras a guisa de colofón respecto a cuanto aquí ha acontecido, las últimas palabras de Lahisa me serían de gran utilidad.


Un viento malo ha cegado como el “siroco” del desierto los ojos de muchos.

Lahisa me lo dijo mientras unos indígenas pasaban ante mí, turbante en el cráneo, barba en el rostro, mirada indefinida:

¡No tener ojos! ¡Ser ignorantes…....!

Se cruzó con ellos y siguió su camino, airosa, estrecha y esbelta, como una hoja de eucalipto.

Fantasma ait-ha-amarani bajo su túnica azul.......



Torcuato Luca de Tena.

jueves

El 12º curso paracaidista del E.T.








Hace ya unos cuantos años que los 123 hombres componentes del 12º curso paracaidista del E.T., nos vimos reflejados en un documento que me facilitó como no podía ser de otra manera, mi amigo y compañero José Luís González Vicente.

La inmensa mayoría de los componentes del 12º curso, nos vimos metidos de lleno en el conflicto que fue la Guerra de Ifni-Sáhara de 1957/58, donde muchos de nosotros sufrimos los sinsabores de aquella confrontación a la que llegamos, se suponía que como soldados de élite, pero sin la más elemental preparación militar.

Fue a base del tesón que pusieron nuestros mandos que consiguieran en poquísimo tiempo y sobre la marcha de los acontecimientos, hacer de nosotros unos veteranos combatientes, y que nos moviésemos por aquellos campos con la disciplina y pericia que eran necesarias, frente a un enemigo que sabía correr y moverse entre los matorrales como reptiles.
Ese enemigo, a veces llegaba hasta nosotros que estábamos esperándoles parapetados, en grupos de a tres o cuatro, portando un viejo fusil, una tetera a medias, y unos cuantos higos chumbos secos. Yo creo que se dejaban coger prisioneros quizá para conocer nuestros efectivos porque después se les soltaba tras haberles interrogado casi con mimo por aquello de las órdenes de Franco. Aparte de esas curiosas escaramuzas, los moros resultaron ser un enemigo muy correoso, malicioso, muy bien armado y por tanto muy peligroso.

Sabemos que se escondían, incluso estando heridos, debajo de las ramas de las plantas que crecían agrupadas, de manera que era muy difícil verles. Cuando pasábamos de largo, volvían a atacarnos pero siempre a prudente distancia no fuese que les pudiésemos coger prisioneros y se les hiciese hablar para conocer sus intenciones y efectivos. En alguna ocasión, ni sabían contra quien combatían creyendo que éramos franceses, a los que les tenían verdadero terror.

Guardo en mi memoria muchos recuerdos, pero eran los de por las noches, que estando algunos de guardia, se les oía al enemigo moverse cerca de nosotros entre los ásperos matorrales yendo de acá para allá tratando posiblemente de localizarnos y dejarnos fritos.
Ellos, o sabían ver en la oscuridad porque tenían muy estudiado el terreno, o es que nosotros nos sobresaltaba cualquier ruido, siendo necesario hacer un esfuerzo mental para no comenzar a disparar contra no se sabía qué.
Lo posible es que el supuesto enemigo solo fuese un animal errante que por la mañana aparecía muerto con varios disparos de esos que sonaban de vez en cuando por la noche. Lo cierto, es que eso suponía un desgaste porque así no había manera de descansar y dormir un minuto ninguno de nosotros.

A pesar de todo lo sufrido por mí al haber caído herido en esa guerra, lo cierto es que a veces recuerdo aquellos tiempos como si se tratase de una imagen fugaz el la que no era yo quien estaba allí, y que todo aquello fuera un sueño del que se despierta un día al cabo de más de medio siglo, rememorando uno de los momentos más señalados de mi ya pasada juventud.

Al cabo de ese medio siglo, pocos somos los que quedamos vivos de aquella larga lista de jóvenes paracaidistas que formamos en su momento el 12 curso del E.T. y que combatimos con unos medios tan pobres que hoy darían risa a las nuevas generaciones de paracaidistas españoles, si no fuese por el respeto con que se nos recibe en los nuevos acuartelamientos cuando alguno de nosotros aparece por allí para rememorar tiempos pasados.

Los compañeros que ya nos han dejado definitivamente hace años porque han fallecido, seguro que nos están esperando allá arriba, haciendo unas de aquellas emocionantes guardias, pero esta vez junto a las estrellas.


miércoles

Campaña de Sidi-Ifni


1957-1958


En abril de 1956, debido a la inestabilidad del territorio de Ifni, invadido y recorrido por “bandas incontroladas” se considera necesario reforzar el territorio. El Mando decide que se traslade a Ifni la I Bandera, como así se hace de inmediato, pero curiosamente no por avión, sino en camiones hasta Cádiz, y desde allí a Puerto del Rosario, en Las Islas Canarias. El 9 de julio la I Bandera, al completo de sus efectivos, es enviada a Sidi-Ifni, en donde desembarca el 25 de julio. En enero de 1957 es relevada por la II Bandera. La paz inestable que reinaba en la zona dio paso a los primeros problemas militares con las bandas armadas y fuerzas irregulares del territorio.

El 8 de mayo, se estrella y se incendia el avión Junker - 52 que transportaba una patrulla de salto de la II Bandera, mueren el Tte. de la 9ª Cia D. José Cañada Armengol; El Cabo 1º D. Juan Vargas Muñoz; los CLP. D. Carlos Ramos Suárez de Urbina, D. José Benítez García, D. Luís Cabo Hidalgo, D. Manuel Tabares Vargas, D. José Gómez Pazos, y CLP de la 6ª Cia D. José Cuesta Manzano. El Cabo1º D. Ángel Canales López obtiene la Medalla Militar Individual por su heroico comportamiento y arrojo en el salvamento de los supervivientes en el avión siniestrado; el Tte. de la 10ª Cia D. José Sáez de Sagaseta es premiado con la Cruz de Guerra por su notable actuación. Son las primeras bajas en África y también las primeras condecoraciones.

 El 16 de agosto se produce el bautismo de fuego de las fuerzas paracaidistas en Tiuisit-Igurramen. Resultado de este bautismo es el primer herido en combate el CLP de la 7ª Cia D. Vicente Vila Pla.

Entretanto los incidentes y escaramuzas con las “ bandas incontroladas “ se irían sucediendo y darían lugar a la alerta de la II Bandera, en la madrugada del 23 de noviembre. Ante la desesperada situación del puesto de Z´Telata se determina reforzarla con una sección de la 7ª Cia al mando del teniente Don Antonio Ortiz de Zárate y Movellán. A esta orden contestaría con la frase ya famosa el Tte. Ortiz de Zarate antes de partir para cumplir la misión: “ Entraremos en Z´Telata, o en el cielo”. La sección motorizada es cercada por el enemigo y comienza un feroz combate el día 24 para la toma de una cota a tres kilómetros de Z´Telata, debido a la imposibilidad de continuar hacia el puesto, cae en la toma el Cabo 1º D. José Civera Comeche y el CLP de 1ª D. Ramón Aguirre Ejidua y el CLP D. Manuel Rodríguez Matamoros. El día 26 la sección del Tte. Ortiz de Zarate recibe fuego intenso de armas automáticas, unos cien enemigos intentan el asalto a la posición, siendo rechazados y causándoles unas 40 bajas. Durante el asalto son muertos el Tte. Ortiz de Zárate y el CLP D. Vicente Vila Pla, haciéndose cargo de la sección el Sargento D. Juan Moncada Pujol, que supo mantener la posición hasta la llega de refuerzos a cargo del Grupo de Tiradores de Ifni Nº1, el 2 de diciembre. Han transcurrido diez insufribles días de penalidades e incertidumbre. La Sección ha tenido 5 muertos y 14 heridos graves. Al Tte. Ortiz de Zarate y al Sargento Moncada les fue concedida la Medalla Militar Individual, el resto de la Sección la Medalla Militar Colectiva.

   Durante los días de asedio a la sección del Tte. Ortiz de Zarate, se inicia la “ Operación Pañuelo” el día 29 de noviembre se refuerza el destacamento de Tiliuin tras un audaz lanzamiento en paracaídas a 200 metros y en una zona rodeada de enemigos a cargo del Capitán de la 7ª Cia D. Juan Sánchez Duque sin ninguna baja. Se había realizado el primer “ Salto de Guerra “.

La I Bandera “ acude al fuego “, y a primeros de diciembre se encuentra en el Territorio de Ifni la totalidad de la Agrupación de Banderas Paracaidistas.
La presencia en primera línea de los paracaidistas fue siempre constante desde los primeros momentos de la guerra. Primero en las operaciones “ Netol “ y “ Gento “ para la liberación de todos los puestos sitiados; Posteriormente, en enero del 58, en la operación “ Diana “ formando la I Bandera en la “ Agrupación Sur “, y ya en febrero, en las operaciones “ Siroco “ y “ Pegaso “, con las que se limpia el territorio de Ifni de las bandas “ incontroladas “, con la Operación Pegaso se produce el segundo salto de combate, en Erkunt. Estuvo al mando el Cáp. de la 1ª Cia. D. Prudencio Pedrosa Sobral. 


El bautismo de fuego de la Agrupación le ha costado 37 muertos (4 oficiales y 33 clases de tropa) y 70 heridos ( 9 oficiales, 1 suboficial y 60 clases de tropa).

El año 1958 trascurrirá en acciones de limpieza de las bandas infiltradas, escolta de convoyes y puestos avanzados para evitar nuevas filtraciones.
El 24 de abril, la II Bandera regresa a Alcalá de Henares. El 4 de diciembre toma el mando de la Agrupación el Tcol D. José García Manuel.

Fragmento de la carta enviada al teniente coronel Crespo del Castillo el 16 de diciembre de 1957 por el gobernador general del África Occidental Española, General Zamalloa.

"Nunca una nueva Unidad ha abierto tan brillantemente su historial de guerra como esa, hasta hace poco bisoña Agrupación de Paracaidistas, y si hacemos honor al espíritu combativo, a la magnífica preparación física puesta de manifiesto siempre que hubo que hacer un supremo esfuerzo, y el valor ya reconocido y altamente acreditado en todas las operaciones en que ha tomado parte la Agrupación, bien podemos decir que el espíritu heroico de la gloriosa Legión y el arrojo y coraje de nuestros infantes ha reencarnado brillantemente en esos nuevos y heroicos legionarios paracaidistas".



viernes

Las leyes de Murphy en el combate.


Algunas de estas leyes de Murphy, ahora y al cabo de los años, recuerdo que se cumplieron durante la Guerra de Ifni en la que fui un combatiente más.

(Publicado en la Revista La Legión.)

--Todas las batallas se libran en el filo de dos o más mapas…..impresos a escala diferente.
--Toda batalla tiene lugar bajo la lluvia.
--Toda batalla tiene lugar cuesta arriba.
-- Cumple siempre una amenaza.
--Cualquier cosa que hagas puede conseguir que te peguen un tiro, incluido nada.
--Declaración de pilotos: Es más fácil conseguir un perdón que un permiso.
--La artillería añade dignidad a lo que, de otro modo, no sería más que una vulgar pelea.
--Confucio dice: Pájaro madrugador tener deseo de muerte.
--No llegues nunca primero; no llegues nunca el último; no te ofrezcas nunca voluntario para nada.
--Procura no llamar la atención en la zona del combate, atrae el fuego.
--Cada orden que pueda ser malinterpretada, lo será.
--Si al principio no logras tener éxito, pide artillería.
--Si es estúpido pero funciona, no es estúpido.
--Si el enemigo está a tiro, tú también.
--Si te están pegando tiros, es un conflicto de intensidad alta.
--Si te hace falta un oficial rápidamente, acuéstate.
--Si recibes órdenes contradictorias, cumple ambas.
--Si tu ataque va realmente bien, es una emboscada.
--Si tu sargento te puede ver, el enemigo también.
--Generalmente es poco aconsejable saltar sobre la zona que acaban de bombardear.
--No atraigas nunca el fuego, molesta a todos los que te rodean.
--No te quedes de pie cuando te puedes sentar; no te sientes cuando te puedes tumbar; no te quedes despierto cuando te puedes dormir.
--No digas nunca al sargento que no tienes nada que hacer.
--Una vez retirada la anilla, el Sr. Granada ya es nuestro amigo.
--Sólo el 5% de un informe de inteligencia es correcto. El truco de cada buen jefe es establecer de qué 5% se trata.
--Los profesionales son predecibles, sin embargo, el mundo está lleno de aficionados.
--El trabajo en equipo es esencial; proporciona al enemigo otras personas a quien disparar.
--¿Una ventaja injusta? No existe tal cosa.
--Procura parecer poco importante; puede que el enemigo no tenga mucha munición y no quiera desperdiciar una bala contigo.
--Cuando hayas asegurado una zona, procura que el enemigo lo sepa también.
--Cuando hayas perdido el contacto con el enemigo, mira detrás de ti.

lunes

Quienes somos


Esta entrada es repetida, siendo que se escribió por primera vez en el año 2009. Desde entonces han sucedido varias desgraciadas pérdidas en el ámbito de los amigos y  compañeros paracaidistas, entre ellas, los fallecimientos de Carlos Vico Molinero, Guillermo Guajardo Fajardo y Juan A. Espí Puertas, que dejó en el foro de Aivepa este saludo para mí.    
         



jlgvicente
Forista del Año 2007-08
Fecha Registro: 25-05-04
Mensajes: 2092
Ciudad: LOGROÑO

Enviados: 23-05-07 3:12 pm Poner Asunto: A JUAN CONEJO LOPEZ
________________________________________
EL DIA QUE SE ENCONTRABA TRISTE Y OSCURO POR CAUSA DE LA LLUVIA, SE HA CONVERTIDO EN RADIANTE AL APARECER TU POR AQUI DESPUES DE CASI Y SIN CASI CINCUENTA AÑOS.

JUAN CONEJO LOPEZ, EL QUE SUFRIÓ LA EXPLOSION DE UNA MINA EN EL MONTE BUYARIFEN. ! BIENVENIDO! A ESTA TU CASA COMPAÑERO DEL CURSO 12, DE LA PRIMERA BANDERA, DE LA PRIMERA CIA, DEL CAPITAN PEDROSA Y TANTOS OTROS.

YA NOS IRAS CONOCIENDO. Por de pronto, prepara tu corazón para revivir aquellos hechos que dejó marcado nuestro carácter para siempre.

Un abrazo

JOSE LUIS GONZALEZ VICENTE. excombatiente en ifni , medalla campaña, salto en guerra en Erkun IFNI/2007/50 ANIV.

juanespi
Socio

Fecha Registro: 02-03-06
Mensajes: 285
Ciudad: ZARAGOZA residente Alicante

Asunto: JUAN CONEJO LOPEZ

Es para mí motivo de alegría contar aquí con nuestro campañero de curso.
Yo no hace 50 años, que nos vimos sino sobre 45. Nos encontramos un espléndido día de verano frente a la salida del Puerto de Alicante. Nos encontramos uno en cada acera, instintívamente yo miré su pie, y como le vi los dos zapatos levanté la vista a su cara dudando si era él. Él al ver mi estrañeza, se dirigió a mí diciendo: niño Espi, sí que soy yo. Me alegré mucho de verle, charlamos un poco y él siguió dirección al paseo Marítimo y yo hacia la playa, que tenía una cita en un chiringito, y hasta hoy. He preguntado mucho por ti a Lusilla, el encuentro del año pasado te recordábamos J.L.Gonzalez Vicente--Cambra--Lusilla y yo. Al parecer la BRIPAC no se portó muy bien contigo. Un fuerte abrazo de Juan A. Espi Puertas

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Juan A. Espi C12 excombatiente de Ifni 1 salto en combate 1ªCia 1ª Bandera



Estos ya son parte de mis recuerdos y los conservo como oro en paño. Gracias compañeros. Gracias José Luís.



sábado

Curiosidades que no conviene olvidar





En el blog de Adolfo Cano que aparece arriba indicado, este veterano de la guerra de Ifni, dejó colocado este post que merece la pena que sea analizado por la juventud española, para que tengan muy en cuenta los errores cometidos por sus abuelos al declararse entre ellos la Guerra Civil en España.




http://www.abc.es/especiales/guerra-civil/fotos.asp

En el año 1936 se celebraron elecciones generales en España, exactamente el 16 de febrero de 1936. A estas elecciones se presentaron muchos partidos políticos tanto de izquierdas como de derechas. El Frente Popular, la coalición de izquierdas que englobaba tanto al Partido Socialista Obrero Español como al Partido Comunista, Izquierda Republicana y otros tantos, consiguió la mayoría absoluta. Pero, ¿cómo comenzó exactamente la Guerra Civil Española?

Tras la victoria del bando de izquierdas continuaron una serie de acciones terroristas que pretendían movilizar a la masa contra el gobierno, es el caso de los atentados de los falangistas y grupos de derecha, para responder a los primeros en el caso de los grupos de izquierdas. 

Solo en el mes de febrero ya se contabilizaban por centenares los fallecidos en este tipo de acciones contra la situación política, social y económica del país.

En los meses sucesivos el panorama social y militar de España fue, de todo, menos tranquilo. Varios altos mandos militares planearon durante meses una posible sublevación frente al gobierno republicano que se haría efectiva el 17 de julio de 1936 y los días sucesivos. Pero, ¿qué hizo que los militares se alzaran justo ese día?

El 16 de abril de 1936 uno de los hombres de José Castillo, un instructor de las milicias de la juventud socialista, asesinó a Andrés Sáenz de Heredia, primo del mismísimo José Antonio Primo de Rivera. Como represalia el 12 de julio fue asesinado el propio José Castillo. Este hecho desencadenó la venganza de la izquierda que terminó con la vida del diputado de Renovación Española, José Calvo Sotelo, al mismo día siguiente. Este asesinato del líder de la derecha terminó por decantar la balanza de los indecisos al golpe de estado a llevar a cabo una acción que conllevaría un conflicto bélico en nuestro país.











jueves

La Historia continúa

 Por José Saura Rizzo. 

 Y tanto que la historia continúa.

 El Libro de la Historia de la Brigada no se ha nutrido solo de la sangre y los hechos de los hombres de la Agrupación que pasaron por Ifni.

Se han escrito en él muchas páginas gloriosas desde entonces, y lo que queda por escribir con tanta sangre derramada en actos de servicios. 
Sangre de jóvenes idénticos a nosotros, con la misma ilusión y deseo de servir a España en los más difíciles puestos que se le encomienden. 
Hombres que, como vosotros, tu hermano y tú, y compañeros, demostrasteis ser, como dice nuestro ideario... "los mejores soldados de la Patria". 
Y páginas difíciles de escribir también, son las que hablen de tantas misiones de paz en las que tan volcada esta nuestra BRIPAC en medio mundo. 
 En mi caso, el decidirme por las Banderas Paracaidistas fue por motivos diferentes a los vuestros: mi padre no fue profesional de la milicia, ni ninguno de mis tíos. Solo mi abuelo materno fue capitán de fragata en la Armada, pero no lo conocí. 
Fue otra cosa; verás, yo era el mayor de los varones de siete hermanos, dos hermanas mayores y tres chicos y una chica menores. La situación económica de las familias numerosas dejaba mucho que desear en aquella época. Tenía que hacer la mili sin saber a donde podían mandarme. Mis padres no iban a poder mandarme ni cien pesetas de vez en cuando, estando yo acostumbrado a manejar algún dinerillo de las propinas que pillaba. 
Resulta que, desde los catorce años trabajaba en una importante tienda de artículos de regalo, y aunque hacía de todo (era el comodín de la empresa), el llevar y entregar regalos a sus destinatarios me proporcionaba las referidas propinas, no faltándome mi paquete de tabaco rubio en el traje de los domingos, mis salidas con amigos y amigas a bailes y cines, etc. 
Panorama muy feo se me presentaba si esperaba a que me llamaran por mi quinta. Entonces surge la idea de la Agrupación de Banderas Paracaidistas. Los veía por Málaga en Semana Santa, tan elegantes, con las atrevidas colegialas por detrás tirándoles de las cintas de las boinas, con corbata (fueron los primeros militares españoles en usar esta prenda), sabiendo que comían bien y manejaban entre setecientas y ochocientas pesetas mensuales. Todo esto unido a querer demostrarme que sería capaz de saltar desde un avión, hizo que convenciera a mis padres para conseguir el paternal permiso.
 Si señor, así y no otra cosa fue.