lunes

Salir al paso

Sin ánimo de polémica, algunos de los recuerdos de mis propias vivencias no son ni parecidas, en términos generales, a las del autor o autora de algunas líneas escritas recientemente sobre la Guerra de Ifni. Pero a fuer de ser lo más exacto posible en al menos un solo punto y podría señalar otros más, quiero decir que el "burdel" estaba en plena ciudad de Ifni y no en el propio acuartelamiento. Acuartelamiento de qué unidad?
Debe saberse también que aquellas mujeres llegaron de Canarias y eran poco más de una docena, no un regimiento. Estas mujeres donaban voluntariamente su sangre (una vez analizada) para las transfusiones oportunas, y aunque las monjitas del Hospital se negaron en principio, se plegaron ante las órdenes directas del General Zamalloa. 
La Guerra de Ifni sirvió entre otras cosas, para que algunos o algunas y pasados cincuenta años, vendieran sus libritos sobre algo que otros sufrimos apretando un huevo contra otro y vertiendo nuestra propia sangre sin apenas quejarnos. Yo al menos.

Carta abierta a un buen amigo:
En realidad no hubo tanta diferencia entre tu mili y la mía allá en Ifni. 
Ambos fuimos obligados a combatir en una guerra de la que no sabíamos nada. 
No obstante nuestras circunstancias fueron diferentes. 
Mientras tú gozaste de la presencia de tu padre hasta los veintidós o veintitrés años, yo me quedé huérfano de padre a los dos años de edad en un precario Madrid.
Mientras tú hacías la mili obligatoria (desconozco a qué te dedicabas profesionalmente), yo me vi obligado a hacer la mili como voluntario, si quería irme cuanto antes a América, a desarrollar mis ímpetus y conocimientos profesionales que para la época no eran pocos precisamente. 
Salvando las circunstancias personales que ahora no vienen al caso, en mi caso me encontré, en un principio, disfrutando de saltar de un avión en vuelo y además cobrando un buen sueldo por hacerlo. Una vez en Ifni, tú al principio dijiste una vez, que te gustaba aquel ambiente exótico. Yo ya conocía ese ambiente pues había estado seis meses en la Legión, pero al llegar nosotros, nos vimos inmersos de lleno en la guerra. Naturalmente que como en todas las circunstancias de la vida, unos se adaptan mejor o peor a los cambios. Yo acepté la situación como si de un entrenamiento se tratase porque seguía pensando en irme a América cuando aquello terminara, sabiendo que aquello tampoco sería moco de pavo
Por eso me dediqué con empeño a fortalecer mi cuerpo y mi espíritu adaptándome como pocos a las circunstancias reinantes, hasta el punto de contagiarme, una vez ascendido allí mismo a cabo, de un espíritu patrio tan vilipendiado últimamente.
Y mira por donde, voy y caigo herido tan gravemente que fui dado de baja para el servicio militar. 
Pero mi espíritu combativo no se dio de baja y no me vine abajo. Pensé que debía ser mi destino y que si fue en una guerra donde perdiera un pie, igual lo hubiera perdido bajo las ruedas de un tranvía en Madrid. Y seguí trabajando en mi oficio; me casé; tuve cuatro hijos, etc. , y me sigue emocionando escuchar los himnos y las marchas militares.
Y como tengo buena memoria, tengo allí guardadas las circunstancias en las que se desarrollaron los hechos en los que yo intervine directamente en la guerra. Por eso espero no molestarte demasiado, que cuando leo lo que dicen otros sobre aquello, sin pajolera idea, salga al paso a dejar constancia de que cualquiera y por aquello de quedar bien, se atreve a denunciar supuestos hechos con más mala leche que conocimientos.
Seguiremos de charla otro día.
Un abrazo.

jueves

La futura Historia de España.

Un artículo de D. Antonio Díaz Bautista.  (Fallecido en enero de 2013)


Cuando se estaba hablando de la reforma del Estatuto catalán y las cosas del señor Mas---el que se pensaba que no debía aprobarse desde Madrid---, me eché una noche en la cama sin muchas ganas de dormir, y me tuve que levantar para ver si leyendo algo, me llegaba el sueño. Para ese fin cogí uno de mis libros favoritos: un viejo libro de “La Historia de España”. 
Y releyéndole por enésima vez, por fin me llegó el sueño. Y soñé. Baya si soñé.
No sé cómo, pero yo me encontraba en el salón se mi casa con Juvencio, un gato muy inteligente que tengo. 
Lo cierto es que Juvencio, entre ronroneos, me estaba diciendo muy claramente, que él, metido a profeta, ya sabía lo que iba a suceder dentro de poco tiempo en este país. 
 Según él, las actuales comunidades autónomas acabarían convirtiéndose en naciones, y, aún dentro de ellas, se separarían las provincias y después las comarcas, hasta formarse una constelación de minúsculos países, casi siempre peleados unos con otros.
 Me anunciaba en mi sueño el gato Juvencio, que, aprovechando la debilidad producida por tal fragmentación, nos conquistarían los musulmanes (que antes ya habrían llegado a miles en cayucos hasta nuestras costas tras un efecto llamada socialero meterse hasta la cocina) y con muy mala leche. 
 Y riéndose el muy ladino de Juvencio, me decía que las feministas no podrían ni salir de sus casas para asistir a alguna manifestación acorde con sus idearios.
Pero me decía el gato Juvencio que cree que después de todo, y cuando pasen otros más de mil años, lentamente todo se iría arreglando porque siempre habría algún príncipe de sangre real (igual se llamaría Pelayo), que se haría fuerte en Asturias e iniciaría de nuevo otra Reconquista. Cuando ésta concluyera, afirma el gato sabio, que sólo habría dos grandes comunidades autonómicas: una en el Este hacia el Mediterráneo y otra que comprendería el Sur, las dos mesetas y los territorios atlánticos y cantábricos. 
Entonces, se casarían el presidente de una de las comunidades y la presidenta de la otra, o los dos presidentes o las dos presidentas, lo cual sería posible según una antigua ley de comienzos del siglo XXI. De este modo se lograría la unidad nacional y surgiría de ella un nuevo estado que se llamaría España II. 
Ante tan peregrinas como infundadas previsiones, me desperté con un sobresalto y entonces desapareció de la escena el gato Juvencio que me estaba haciendo imposible un sueño tranquilo. Claro que bien pensado, si ese gato existiese en realidad, lo mejor sería que le matriculase en un centro docente para gatos que le garantizara como a los niños de ahora, el que no se tenga en el futuro ningún conocimiento sobre temas históricos. 

No se nos puede dejar solos........

lunes

La Cultura de Defensa.

BOMU
IPS-IMEC-SEFOCUMA
Número 119
Enero 2014
(Boletín interno UNAMU Cataluña)




Si nos preguntáramos si somos patriotas en España y, más en concreto, en Cataluña, la contestación a juzgar por las apariencias en principio se antoja decepcionante.
 En cambio, las encuestas en la calle arrojan un resultado que lo contradice porque tanto las FAS como la Guardia Civil son dos Instituciones de las más valoradas y precisamente son las que cultivan las virtudes militares, por las que llegan a arriesgar y perder la vida en defensa de los ideales que conforman nuestra sociedad; tanto en nuestro suelo como en los lugares más recónditos del mundo, y no recibiendo a cambio más que una modesta soldada de subsistencia. 
Podemos ver a continuación cómo los catalanes, a las órdenes del general Prim, escribieron páginas épicas y demostraron un arrojo sin igual, sacrificando sus vidas por nuestra bandera y lo que representaba y sigue representando. Así que tras esas apariencias de desidia, de aisladas quemas de banderas y las campañas soterradas de incitación al desprecio y al odio, nosotros creemos firmemente que no es la sociedad española menos patriota que la francesa, que cada 14 de julio inunda su capital y sus ciudades con desfiles y homenajes a su bandera, sino que los diferentes son nuestros políticos que, por complejos o por desconocimiento, han descuidado –porque no queremos creer que ha sido deliberado- algo tan importante como es cultivar el amor a la Patria y a nuestra bandera. En consecuencia no tenemos una verdadera Cultura de Defensa, en mayúsculas, como Francia por no ir más lejos, y por eso nos alegramos esta última Pascua Militar cuando en Barcelona se volvió a llevar a cabo un acto de izado de la bandera en la vía pública, frente al palacio de Capitanía, y el Teniente General Álvarez Espejo anunció su intención de prodigar los actos castrenses abiertos al público.

Porque tenemos la seguridad de que si se publicitan debidamente el publico catalán, como los soldados de Prim, demostrarán que son tan patriotas como lo fueron aquellos y que sólo necesitan que se les abran las puertas de los recintos militares para que puedan sentirlos suyos y demostrar por qué valoran la institución militar como la valoran en las encuestas. Que la prensa local emitiera una simple reseña del acto, nos demuestra que no es que no fuera de interés general, que lo fue, sino que las millonarias subvenciones pesan demasiado cuando se trata de que parezca –y demasiados se lo lleguen a creer- que en Cataluña hoy sólo hay un pensamiento único. Que se malograra la entrega de una bandera de combate al nuevo porta aeronaves Juan Carlos I, al parecer porque el político local no estuvo por la labor, es más de lo mismo: no es que no sean patriotas los catalanes sino que precisamente lo que no se quiere desde instancias nacionalistas e independentistas es darles ninguna oportunidad de demostrarlo y mucho nos tememos que demasiadas veces ha habido complicidad o apatía en quienes debían velar por evitarlo. En otros escritos podréis leer las interesantes reflexiones de un general sobre la necesidad y como debe ser un programa que promueva la Cultura de Defensa y, lamentablemente, también encontraréis información del desolador panorama con que se encuentran nuestros militares para cumplir sus objetivos, con buenas palabras, pero sin que se dote a nuestras FAS del presupuesto necesario, algo que es crónico y no sólo por la crisis, mientras que para los profesionales de la política sigue habiendo, desde anecdóticos y reveladores descuentos en los precios de los gintonics de sus señorías y en sus impuestos, beneficios camuflados como dietas y asistencias hasta en la menor corporación local, pasando por coches oficiales para cualquiera y las más variopintas subvenciones no solo a los partidos sino a todo un universo afín de asociaciones, fundaciones y organizaciones que han hecho de la política su cortijo y que superan escandalosamente a los homónimos de Alemania, por ejemplo. 

Con esos recursos dilapidados se podrían satisfacer las necesidades que requiere la Defensa Nacional, así que menos palmaditas y más presupuesto.

sábado

El Internado en 1944


Nací el 15 de Noviembre de 1938 en plena guerra Civil.

Pude haber ido a nacer en Hellín, de la provincia de Albacete, pero mi madre decidió volverse a Madrid de donde éramos todos desde hacía varias generaciones. Una vez en Madrid, la guerra continuaba con crudeza. No así en  Hellín, a donde se habían trasladado a vivir al amparo de las gestiones de un pariente republicano muy influyente.
En Madrid y por el hueco de la escalera de nuestra casa y donde nací según era la costumbre, cayó una bomba dos días después y que no explosionó porque no tocaba el que toda la familia pereciera en aquel instante.

Y terminó la guerra al año siguiente, y mi padre se libró de ser detenido a pesar de haber permanecido en el bando republicano en una unidad de preparación de planos y coordinadas para el ejército que perdió la guerra.
Mi padre era delineante y falleció en 1942 a consecuencia de una complicación pulmonar que no se pudo combatir porque la penicilina todavía tardaría aún dos años en aparecer en España.
D. Ángel, el médico de familia, solamente pudo recetar unas anticuadas cataplasmas de anís o mijo para aliviar los resfriados.
Mi madre se quedó viuda a los 42 años de edad y con dos hijos, mi hermana y yo, a los que había que mantener con los precarios medios de la posguerra española.
Mi tío Alfonso, marido de mi tía Emilia hermana de mi madre, y como exalumno que era del Colegio Municipal de San Ildefonso de Madrid, entonces solo para huérfanos de padre, intervino para que yo pudiese acceder en 1944 a ser incorporado a ese colegio de indudable prestigio.


No solamente éramos los encargados de cantar los números de la lotería nacional que así se celebraba todas las semanas además del de la Navidad, sino que también se impartían clases de música con instrumentos y con voces escogidas en el coro de la capilla. También el maestro Afrodisio nos daba lecciones de esgrima. Primero con palos y después con los trajes y caretas adecuados y también con floretes de verdad para intervenir en algunos actos oficiales. El maestro Afrodisio había sido el profesor de esgrima del Rey Alfonso XIII hasta su marcha a Italia.
Se trataba entonces de un internado exclusivo para niños varones, huérfanos.
Para la película “Pequeñeces” del año de 1950 contando yo con unos once años edad, nos llevaron a todos nosotros, uniformados con el traje de gala, a unos estudios de cine donde intervinimos en una secuencia junto al ya por entonces niño actor Carlos Larrañaga.
Con mis 12 años recién cumplidos, mi madre contrajo nuevas nupcias  y yo hube de abandonar aquel colegio de tan gratos recuerdos, para continuar mis estudios en otro colegio mucho más modesto del barrio de Embajadores.


jueves

Homenaje a los prisioneros


Uno de estos prisioneros fue Alfonso Carlos Alsúa.

 Veterano de los conflictos armados de Sidi Ifni al final los años 50 combatió contra las cabilas en el Grupo de Policía de Ifni nº1 y fue capturado y hecho prisionero durante 18 meses. 
 El 5 de Mayo de 1959, después de dieciocho meses de cautiverio, fueron entregados a representantes del gobierno español cuarenta prisioneros de guerra, entre los que se encontraban tres mujeres y dos niños de corta edad. El acto tuvo lugar en Casablanca, ante el Sultán Mohammed V, que había recibido a los cautivos de manos del cabecilla de nuestros enemigos, un individuo llamado Hammú, antiguo sargento de la Legión Extranjera Francesa, sin duda manejado por el propio Sultán y su hijo, futuro Hassan II. 

 -Me avisaron en noviembre de 1956 que hacia febrero del siguiente año (1957) me tenía que alistar en el cuartel de Pamplona (Navarra) para mi reclutamiento (reemplazo del año 1956). En el momento de mi reclutamiento, no sabía el “viaje” que la vida me iba a deparar durante aproximadamente dos años. Viaje lleno de infortunios y vivencias difíciles de digerir y que, a través de estas líneas, tengo a bien contar un relato verídico. 
 Este escrito está redactado fielmente, contado con sus propias palabras, tal y como él lo vivió. 
 -Un año antes de mi alistamiento a la Caja de Reclutas número 50 de Pamplona, me habían hecho lo que se llama “la medida” para mi posterior reclutamiento. Ingresé en Caja el día 1 de agosto de 1956, con la clasificación de Soldado. Yo estaba trabajando en San Sebastián (Guipúzcoa) en la construcción. Recibí una carta en mi casa paterna en Garisoain (Navarra) y mi madre me avisó. El día que llegué al cuartel de Pamplona, me subieron con otros compañeros a un tren para trasladarnos a Cádiz. 

 -Pasaron la noche en el trayecto hasta destino. Creo que, visto lo que les iba a pasar, estuvieron en dicho cuartel de transeúntes durante 15 días. “Nos dejaban pasear por Cádiz y pasar el tiempo como queríamos”, comenta Alfonso sonriendo sabiendo ahora la dureza de los días posteriores. Tras esta experiencia, 1.000 reclutas subieron a un barco y estuvieron navegando hasta Fuerteventura (Islas Canarias). Permanecieron en esa isla canaria un mes. “Durante la travesía que duró tres días con sus dos noches, hubo una tormenta y todos estábamos mareados, agarrados a los palos o a la barandilla del barco y vomitando. También recuerdo que todos dormíamos en cubierta. El barco disponía de camarotes, pero estaban destinados a los oficiales”. “De la noche a la mañana, un sargento vino con una lista de 90 nombres en la que yo estaba incluido y nos dijeron que íbamos “voluntarios” al Grupo de Policía de Ifni nº. 1, por pertenecer a dicho reemplazo. Pero la razón verdadera de haber ido a Marruecos fue por la quinta que nos tocó. A la mañana siguiente nos metieron en una corbeta y después de ocho horas de viaje, desembarcamos en la región de Ifni (África Occidental), en plena mar, con el agua hasta el pecho, porque no había puerto. De ahí nos llevaron al cuartel de la Bandera Paracaidista de la ciudad de Sidi-Ifni (Ifni) e hicimos la instrucción durante un mes. Por cierto, me gustaría desde aquí agradecer al Cabo Tuero, asturiano, paracaidista, porque en la instrucción era muy duro y todos le odiábamos por ello. Pero luego supimos lo que hizo por nosotros. Su dura preparación, nos ayudó mucho durante el combate. ” 
 -Alfonso sigue contando que el primer día que llegaron ametrallaron todo el campamento. “El campamento se componía de tiendas de campaña en las que entraban seis personas. Al oír el ataque, los que llegábamos nuevos nos metimos debajo del poyete de piedra de la tienda de campaña, pasando mucho miedo y sin saber lo que nos iba a deparar más adelante nuestro supuesto voluntariado. En este campamento, conocí a un cabo furriel de Estella y al enterarse de que yo era también navarro y que vivía cerca de dónde él vivía, me alimentaba muy bien dándome bocadillos.” -Estuvieron en el campamento durante un mes y después de ese tiempo, los 90 que llegaron a Sidi-Ifni fueron separados. “A unos cuantos nos destinaron a Tagragra. A nosotros, los Policías de Ifni, nos tocaba coger a los moros para hacerlos presos y llevarles a Canarias. Lo malo de todo esto”, cuenta Alfonso con una mueca, “es que dichos moros, después de alrededor 3 meses, volvían de nuevo mucho más gordos de lo que habían ido. Digo esto porque conocía a algunos y nos venían a saludar y dar la mano tras su vuelta”. La misión de estos policías era coger a los moros de la cabila a media noche (se puede definir como una casa en la cual hay un gran grupo de gente dónde la mayor parte de ellos tienen un descendiente común). “Algunos nos abrían la puerta pero otros no, con lo cual teníamos que saltar la tapia y entrábamos a cogerlos. Algunas veces pasábamos miedo por los pequeños tiroteos que se producían. Los atentados empezaron a partir del mes de Mayo de 1957. Los que estábamos en los puestos interiores éramos acosados continuamente. Así mismo siguieron hasta aproximadamente el 9 de agosto de 1957, un domingo. Alfonso cuenta sin ninguna vacilación los acontecimientos pasados en esta fecha: 
-Nos cortaron la línea telefónica con un puesto que teníamos en el interior, más hacia el desierto. Tuvimos que salir doce personas (dos soldados de transmisión, dos moros de la policía y ocho policías españoles) para hacer el arreglo. A las cuatro de la tarde, cuando terminamos de arreglar la línea telefónica, llamamos al cuartel diciéndoles que los moros se comportaban de una manera extraña (normalmente los moros se acercaban y nos hablaban, se reían o simplemente miraban lo que hacíamos y esa vez no) y que nosotros estábamos ya cansados después de la dureza del día. Nos contestaron que nos enviaban una camioneta a recogernos. Una vez hecha la llamada y nada más recorrer 500 metros, nos ametrallan e hicieron que nos metiéramos en una vaguada. Ahí, estuvimos luchando durante una hora contra ellos. Por fin, conseguimos escaparnos de ahí llevando un herido español. Los moros policías desaparecieron. Repelieron la agresión pero la historia no había terminado ahí. -Subimos por el monte Tamucha y dimos la vuelta a la montaña. Cuando bajábamos cara al cuartel, vimos que subía una camioneta con nuestra policía. Al verles, y para que supiéramos dónde estábamos y que éramos nosotros sus compañeros, tiramos ráfagas al aire. La respuesta de los de la camioneta fue dar la vuelta y largarse al cuartel, dejándonos ahí. -Pensaban que éramos moros que les atacaban. Estuvimos andando hacia el cuartel durante dos horas, dos horas y algo más o menos, exhaustos y hambrientos. Al llegar al cuartel, nos enteramos que nuestro capitán había ido en nuestra búsqueda en una camioneta y al encontrarse con el tiroteo (el primero del combate), dio media vuelta y se largó al cuartel. Mandó luego a un teniente a que nos buscase y éste último, creyendo que también los moros les atacaba al oír nuestra ráfaga de posición, dio la vuelta con su camioneta y se largó al cuartel. Después de descansar, al día siguiente, el teniente nos llamó a los que habíamos vivido la aventura del día anterior uno por uno y nos casi amenaza diciéndonos que no se supiese nada de lo que había pasado con él y con el capitán.” comenta Alfonso resignado. Ese fue el primer combate que hubo en la llamada La Guerra Olvidada. -"Me gustaría hacer hincapié en un compañero Brigada Gamazo, con el que tuve muy buena relación, ahí, en Tagragra. Era una persona excelente y de muy buen carácter. Se podía entablar conversación con él. Hoy en día está fallecido". Alfonso sigue con su historia: “A los cinco días (hacia el 14 – 15 de agosto de 1957) vinieron dos compañías de Paracaidistas, dos o tres compañías de Tiradores de Ifni y aviación, y fueron a por los que nos habían tiroteado. Hubo prisioneros y algún muerto por parte mora. Por nuestra parte no hubo ninguna baja. A partir de ahí, nuestro trabajo consistió en buscar a los moros, no como antes, sino bélicamente, con tiroteos por cualquier motivo. Abastecíamos (de munición y de comida) también los puestos de Tamucha, Habidur,… Los moros nos odiaban”. En una de esas “peleas”, Alfonso fue herido con un compañero suyo. Cuenta que, mientras se curaban, desde el cuartel veían los combates que se producían cerca. A su compañero y a él les trasladaron finalmente al hospital de Las Palmas. De Tagragra les llevaron al Hospital de Sidi-Ifni pero al no haber sitio para ellos, les llevaron a las islas canarias. Alfonso tenía metralla en el cuello y en las piernas. Su compañero tenía más metralla que él en las piernas. -“Estuvimos quince días en el Hospital, pensando e ilusionándonos cada día que pasábamos ahí en que nos iban a llevar de vuelta a España, pero todo se truncó al llevarnos otra vez a Tabelcut. 
 -Yo creo personalmente que nos llevaron al Hospital para que descansáramos y así volver con más fuerzas al combate”. Alfonso también cuenta que durante su trayecto en avión al Hospital canario (un Junkers), andaban con mil ojos ya que viajaban con los moros presos. Dicha situación hacía que tuviera la metralleta bien agarrada cerca suyo “por si las moscas”. A su compañero de Jaén y a Alfonso les llevaron, tal y como lo relata a Tabelcut y ahí estuvieron tres semanas como de vacaciones, porque no pasó nada. -“La noche antes de cogernos, hubo una alerta general. Pasamos todos la noche en vela, no sólo el teniente y el cabo, sino todos. A las 6 de la mañana, la mitad se fue a dormir, vestidos y con el armamento cerca nuestro por si atacaban. En la casa estábamos nueve policías, la mujer del cabo primero de la Guardia Civil y sus dos hijos y varios policías autóctonos. A mí me tocó velar y fue ahí cuando empezaron los ataques. Estuvimos defendiendo el puesto hasta las 4 de la tarde y nos arrinconaron en la terraza de nuestro puesto. Era una terraza de 16 metros cuadrados aproximadamente. Estando ahí, vimos pasar dos aviones de combate franceses a gran altura. Dieron varias vueltas alrededor nuestro y se fueron. Otro día pasó a baja altura un Junkers español. Nosotros tiramos bombas de mano y nos hizo "un guiño de alas". Con esto, nosotros pensábamos que nos había visto, pero no pasó nada. Teníamos poca comida, estábamos casi sin munición y lo peor de todo, no teníamos radio con la que comunicarnos. -Así estuvimos aproximadamente tres días, del 23 al 26 de noviembre aproximadamente, ellos atacando y nosotros defendiéndonos en la terraza de la casa. Los moros que pertenecían al ejército español, se pasaron casi todos al bando de nuestros enemigos durante ese ataque. El 26 nos apoderamos de nuestro puesto. Tiramos hacia abajo porque el hambre apremiaba. Me acuerdo que al bajar, un compañero madrileño y yo nos encontramos una botella de whisky marca "Caballo Blanco". Él pegó un trago y me dio la botella a mí que yo no había bebido nunca whisky, y le pegué otro trago y me supo a agua. -Al no haber mucho ruido de tiroteos, pensamos que los moros se habían acobardado y nos habían cedido nuestro terreno. Nos dejaron toda la noche “respirar” tranquilos. A la mañana siguiente, el 27 de noviembre, empezaron a bombardearnos con morteros. A media mañana apareció un moro rebelde perteneciente al llamado Ejército de Liberación con una camioneta y una bandera blanca del puesto marroquí. Nunca supe lo que pasó, solo que el teniente nos dijo que nos entregaba al ejército marroquí, él incluido. -Nos dejaron salir del puesto de combate con nuestro armamento y la bandera española y nos llevaron hasta Mirleb. Allí, el ejército marroquí nos desarmó. Pudimos comprobar que el armamento de los moros era casi todo español, mejor que el nuestro. A mi parecer, no había bandas rebeldes marroquíes, sino el ejército de Mohamed V disfrazado de guerrilleros. 
 -A continuación nos dieron de cenar y a media noche nos sacaron de uno en uno, atándonos seguidamente las manos detrás del cuerpo y llevándonos a un autobús. En el autobús nos ataron al asiento con una cuerda por el cuello, otra por la cintura y otra en los pies, todo esto con las manos atadas atrás. Así nos tuvieron una noche entera en el autobús, yendo por las montañas. Nos llevaron a un puesto y estuvimos seis meses. Metieron al cabo primero y a su mujer en una habitación, al teniente aparte y nosotros en un agujero dónde no nos dejaron ver la luz del sol en durante seis meses.” Alfonso con el ceño fruncido, sigue contando lo peor de su experiencia que viene a continuación: -Lo pasamos muy, muy mal. Dormíamos en el suelo (tierra). Sufrimos durante 6 meses malos tratos, vejaciones y torturas cada día. Una de las torturas era ponernos al sol de puntillas, la cabeza hacia atrás hasta que caías al suelo y ahí nos pegaban; nos ponían la metralleta en la sien y oíamos como echaba hacia atrás el cerrojo del arma (al final les pedíamos que nos matasen ya que no podíamos más); estábamos muchas veces con el agua a ras de los tobillos,… Las patadas y los tortazos eran cosa común diariamente. No comíamos, salvo un nabo al medido día y nos daban agua sucia que decían era café. Al tener mucha hambre, no nos importaba lo que nos dieran, nosotros lo comíamos y lo bebíamos. Nos quitaban pelos del pubis y nos los metían en la boca. Estábamos llenos de piojos. Voy a omitir muchos más datos dado su dureza. Fue cruel, muy cruel. No podéis imaginar cuánto.” Lo que sí le asombró en ese momento a Alfonso era que le quitaron todo lo que llevaba encima salvo un crucifijo, el cual todavía conserva. Su mujer, Manuela Barrera, la llevó puesta el día que se casaron, el 6 de Junio de 1963. Tras ese periodo de tiempo, les movieron de sitio y todo cambió. “No comíamos apenas pero algo más que antes. Podíamos salir a un patio al sol. Nos pusieron colchonetas para dormir. Los malos tratos cesaron; dice con alivio Alfonso. Allí se encontraron con más prisioneros. En total eran 40, niños incluidos. Alfonso conoció en ese lugar a un prisionero francés, Ignacio Cacciaguerra de Córcega, con el cual intimó bastante. -“Recuerdo que era la época en que nos dejaban salir al patio a barrer, también solíamos lavar su ropa y en premio nos daban un pedazo de pan,… Estábamos con jóvenes moros los cuales no habían combatido y todo era más armonioso que los seis últimos meses pasados (solían reírse de nosotros pero en plan broma y pegarnos patadas en el culo cuando no les dábamos la razón en algún dialogo). Todo esto era leve, como las típicas bromas que se hacen entre amigos. Lo que no podíamos hacer era hablar ni entretenernos con nadie mientras trabajábamos. Yo oí un ruido en una puerta, un “tic-tic-tic-tic” y, sin que el moro me viese, traté de contactar con la supuesta persona que hacía aquel ruido. Me dí cuenta de que era francés. Nuestros encuentros fueron así de sencillos hasta que un día le “liberaron” y le encerraron en una habitación aparte, pero que estaba en el mismo patio que el nuestro.
-Salía con nosotros a tomar el sol. Cierto día desapareció. Luego supimos que fue él el que dio la voz de alarma diciendo que había prisioneros españoles en la prisión que estuvo él. Alfonso comenta sobre lo sucedido: -“Creo que fue eso que hizo que las autoridades españolas de la época reaccionaran. Nos liberaron, por fin. Si Mohamed V no hubiera pensado en hacer ese viaje además de estar presionado por las circunstancias francesas, no sé lo que hubiera pasado con nosotros.

Fue una guerra tan oculta por la censura, que hasta se dudó de que hubiera existido” Según el boletín Nacional de las bajas, le dieron como desaparecido/muerto, el 21/06/58 en una lista publicada en el Anexo al Escrito número 1342. -“Por fin, el día 6 de mayo de 1959 fuimos entregados al embajador español en Marruecos en presencia de Mohamed V, rey de Marruecos en ese momento, y su hijo Hassan II, ambos desaparecidos actualmente”. 
 -Fue finalmente destinado a efecto de movilización al Regimiento de Infantería Cazadores de Montaña número 7 de guarnición en Pamplona. Alfonso continúa:
 -“En toda esta historia se podrían haber incluido nombres, pero muchas veces es mejor dejar en anonimato ciertos sucesos. Sólo quería contar esta experiencia al haber leído varios artículos sobre este tema los cuales algunos estás muy lejos de la realidad”, dice Alfonso. “Para terminar, me gustaría contar algunas anécdotas. - Estando yo en prisión hubo una Reunión de Cáritas en Pamplona dónde acudió un alto jefe militar. Mi hermana, que también estaba presente en esa reunión, preguntó al militar por los presos españoles. Este negó rotundamente que en Marruecos hubiese presos españoles. Más adelante y ante la evidencia, el militar se retractó y reconoció que habían ocurrido pequeños incidentes pero no pasaba nada. Yo, personalmente, me pregunto ¿una guerra que costó a España 1.000 bajas entre muertos y heridos, no fue nada?. Que vengan a mí y que me lo cuenten. - Cuando estábamos en el desierto y para no pasar frío durante la noche (pasaba de 40 ó 50 grados a -1 ó -2 por la noche) nos metíamos en la arena para calentarnos con el calor acumulado durante el día. Se veía a las hienas a lo lejos y a los alacranes. Para mi sorpresa, he visto a muy poca gente ser picada por estos “bichos”. 
 - En los días señalados, los moros dejaban comida sobre la tumba de sus muertos. Lo que hacíamos nosotros, cuando se iban, era robársela porque pasábamos bastante hambre - También diré que en esa época que estaba en el Sahara y antes de estar prisionero, nos lo pasábamos muy bien en la cantina del cuartel, como cualquier joven… ¡imaginaros! Sobre todo antes de salir al combate. Ganábamos 750 pts. al mes, mucho para estar en la guerra y antes de salir al combate (salíamos a las 12h de la noche), nos lo gastábamos todo en la cantina del cuartel en bebidas. - Tengo un recuerdo para un compañero que murió heroicamente en Tamucha (Ifni). Se llamaba Salvador Álvarez Moreno, de Falces, Navarra. Su familia se enteró de su muerte a mi vuelta a casa. Su padre vino a visitarme al pueblo de Garisoain, dónde vivía a preguntar por su hijo. Simplemente había sido dado por desaparecido en combate.


miércoles

Enseñanzas

Son legión sin serlo ni haber sido legionarios durante la guerra de Ifni, los que odian y desprecian a España y además presumen de ello siempre que pueden.

Formaron parte muy a su pesar, de los colectivos militares a los que les tocó el hacer la mili obligatoria en la España de la posguerra civil. Y al cabo de más de cincuenta años del final de la guerra de Ifni, hoy en día no desperdician una oportunidad para reírse de nuestro país, “su” país; de expresar su menosprecio por nuestro ejército de entonces y de ahora; de jactarse de lo malo, solo de lo malo que nos aconteció, con un regocijo que no ocultan.

Todos ellos ya están jubilados pero aún así, están o han estados en las instituciones, en algunos partidos, en ciertos medios de comunicación,,,, y naturalmente, en los blogs tan al uso en estos días.

Hay otros muchos, descendientes seguramente de aquellos a los que me refiero, que han bebido su mala leche y que en estos días están intentando dinamitar la unidad de España desde sus planteamientos políticos. Que Dios nos coja confesados.

En otro orden de cosas, lo pasan realmente mal cuando se publican datos positivos sobre la economía y el empleo en España, y no dan la cara hasta que no los han retorcido de mil maneras para encontrar la forma de decir que todo es mentira, que todo sigue yendo mal, porque, en realidad, ellos no tienen ninguna confianza en este país ni en sus ciudadanos. Solo confían en controlarlos, cuanto más y antes, mejor.

Si todo eso fuera verdad, al menos se le podría reconocer una sinceridad descarnada, pero es que es mentira. Demuestran ignorancia, o bien tan solo un desprecio que le sale muy de dentro, sin pararse a pensar si lo que dice es cierto o no y sin aceptar que aquellos tiempos de la guerra de Ifni eran los que eran y que afectaban a medio mundo, no solamente a España, a Franco o a Carrero, que tanto suelen citar. Peor para ellos.


jueves

Capitán Pedrosa





































Un relato de José Luís González Vicente. Veterano paracaidista en la Guerra de Ifni.



Cuando el fuego del enemigo arreciaba y la duda comenzaba a mostrarse en nuestros rostros, surgió la figura del capitán Prudencio Pedrosa Sobral que con un gesto rayano en la inconsciencia, pero digno de los viejos africanistas del Rif, dio nuevos ánimos a sus jóvenes paracas.

No hace falta echar mano de ningún libro. Estábamos allí, pegados a él, por cierto.

Comenzó a pasearse por delante de los parapetos de piedras con su varita mágica, que era una caña de bambú con guarnición, creo que de plata, que siempre llevaba, arengando a todos. Fuimos testigos de cómo una ráfaga de ametralladora le levantó polvo de los pies, y el “ tío” apenas hizo un ademán de quitarse el polvo.

El comandante Soraluce, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, decidió que lo más sensato sería abandonar cuanto antes el Mesti, so pena de que el enemigo consiguiera concentrar más efectivos y acabara él mismo cercado con toda su Bandera.

Dice “En la oscuridad y completo silencio nos fuimos replegando sin que se diesen cuenta y volvimos a Biugta sin una sola baja. Resumen del día primero, 26 kilómetros de marcha, de ellos 12 kilómetros combatiendo sin parar”.
“Me encontré con la papeleta que desde una altura, Yebel Busgadir, nos sacudían a placer con unas diez o doce ametralladoras, pedí enlace a los aviones y después de un poco de bombardeo aéreo y morteros, nos lanzamos de nuevo al asalto, al vernos ir en serio, huyeron y asómbrate, sin una sola baja por nuestra parte, ocupamos el reducto enemigo más importante de la zona centro, aquí dormimos la noche del día 2 al 3. Resumen unos 18 kilómetros y otro combate»

Fue la 2ª Cía. del teniente Cassinello la que dio el asalto al Yebel Busgadir. El hecho de que fuera siempre ella la encargada de las misiones más complicadas tiene una explicación muy simple: en toda la 1ª Bandera era la única compañía que estaba al completo y con soldados veteranos, pues la lª Cía. solo tenía un montón de novatos, la 3ª Cía. no contaba más que con un puñado de cabos y sargentos, que no podían ser empleados como carne de cañón pues se los necesitaba para poder encuadrar a nuevos voluntarios, la 4ª Cía. era de plana mayor y la 5ª Cía. de armas pesadas.

Una vez más los moros habían rehuido el combate, y lo que el comandante Soraluce califica de fuga no era más que la aplicación de la táctica guerrillera de escabullirse cuando el enemigo es superior.

La jornada del día 3 de diciembre transcurrió en medio de una relativa tranquilidad, tras la intensa actividad de los dos días anteriores. Nos dedicamos a descansar por una parte y a fortificar y consolidar la posición de Biugta pues el comandante, que ignoraba que el previsto salto de la Agrupación B había sido suspendido, se disponía a proteger la retirada tanto de aquélla columna como de la que mandaba el teniente coronel Maraver.

Se recibió un radiograma procedente de Sidi Ifni disponiendo que la 3ª Cía regresara de inmediato a la capital para incorporarse a una columna que debía operar al norte del territorio.

Al capitán Quintas le dolió en el alma tener que mandar a sus hombres que se pusieran en marcha. Sabía que el esfuerzo físico exigido a la tropa era excesivo, y que la Bandera estaba derrochando sus energías en continuas caminatas bajo un sol de plomo, pero una orden era inapelable y había que cumplirla, así que él fue el primero en coger el casco y ponerse en marcha.
Pero las penalidades de la 3ª Cía. no acababan allí, pues tan pronto llegaron a la capital se enteraron de que la misión para la que habían sido llamados se había suspendido, y que ahora debían regresar otra vez a Biugta escoltando unos camiones de abastecimiento.
Una vez más la falta de algo tan indispensable como una radio por compañía, cuando lo normal en un ejército moderno es una por sección, iba a ser la causante de que unos soldados derrengados tuvieran que realizar un esfuerzo suplementario e inútil, puesto que no se pudo avisar al capitán Quintas de que la operación prevista había sido anulada hasta que no llegó a Sidi Ifni.


Dice Saraluce: “Pero a la caída de la tarde me avisan por radio con urgencia que deje una compañía en Biugta y que, a la máxima urgencia, vaya a Anamer (hacia el Sur) para proteger la espalda de las columnas A y B, que al parecer el enemigo pretende copar. Subimos de noche (bendita luna) y por barrancos, entre terreno enemigo, llegamos a Anamer al amanecer.”

Efectivamente, la “tripada” de tirar parriba fue espantosa. Aquella maldita pendiente no se acababa nunca y, aunque había luna, los pinchazos contra cardos y tabaibas eran abundantes, con los juramentos propios que todo el mundo se puede imaginar.
Resumen día 3 de diciembre de 1957: Unos 16 kilómetros sin combate, pero metiéndonos cada vez más en terreno enemigo. Ya veremos como salimos de esta.

Fue la 3ª Cía. la del palizón de andar hasta Sidi Ifni y vuelta, la que se quedó en Biugta mientras el resto de la Bandera fue hasta Anamer.

El 4 de diciembre se procedió a ocupar el morabito de Anamer, con lo que quedó despejado el camino para la columna del coronel Maraver que venía con los supervivientes de Telata y Tiliuin.

El encuentro entre nosotros los hombres de la Primera Bandera y los compañeros de la 7ª Cía. fue muy emocionante. Unos y otros teníamos muchas cosas que contarnos, pero fueron los supervivientes de la 3ª y 7ª los que más atrajeron nuestra atención.

Todos estábamos ansiosos por saber cómo había transcurrido el cerco, o en que circunstancias encontró la muerte el teniente Ortiz de Zárate, pero bastaba con ver la cara de los que llegaban o echar un vistazo al camión de los cadáveres para darse cuenta que sobraban las palabras. El alma se encogía. ¡ No hay derecho a esto!. Las lágrimas están prestas a brotar! ¡ Los paracas, también lloran!.

Día 4 de Diciembre de1957.

La 1ª Bandera quedó en Anamer para cubrir a los que se retiraban, formando una especie de tapón que contuviera al enemigo en sus intentos de presionar a los que retrocedían. La decisión del mando fue acertada, pues aquélla misma noche se produjo un ataque de tanteo que sembró cierta confusión en nosotros, pobres reclutillas metidos en esta guerra.
El propio comandante Soraluce, relata así los sucesos de aquélla jornada:

“Día 4. Ocupo Anamer y todos los montes de los alrededores, con lo cual una pequeña caravana de camiones puede pasar hacia Ifni, retirando los liberados de Tiliuin, Telata de Isbuía y heridos y muertos de las columnas A y B, entre ellos Ortiz de Zárate. Hago noche en Anamer. En una alarma de noche, entre bombazos de mano, cae herido el teniente Arribas, posiblemente de una bomba de mano nuestra mal lanzada”