domingo

La guerra de Ifni no se olvida.

Un artículo de Diego Sánchez Cordero desde Don Benito.


Los escritos que publico en mi blog "CACHOS DE VIDA" le han sugerido al escritor F. Antolín Hernández una excelente novela  sobre la guerra olvidada de Sidi Ifni, y que dedica a los pocos ex combatientes que aún quedamos  vivos. El prólogo y el epílogo son de mi autoría. El autor de la obra hace una breve reseña de mi vida, además de una personal, amable y bonita dedicatoria de su puño y letra.

Lo ideal sería poder presentar la novela en Don Benito o en alguna otra población de Extremadura y que alguna librería colaborara en su distribución y venta.



 PRÓLOGO
De las trincheras al cine y del cine a las trincheras. Viejos camiones cargados de soldados. Soldados pobres con caras de hambre, surgidos de la tierra que abre el pico y la pala. Sacados de aquellos cerros de peligros, penalidades y miseria, con andrajosos uniformes de trabajo y de combate. Y por turnos, conducidos y vigilados como prisioneros, nos metieron en el cine Avenida de Sidi Ifni para que viésemos “El último Cuplé”.  Obligada proyección, con centinelas en las puertas para evitar fugas. Terminada la función y en ordenada formación,  montamos de nuevo en los camiones de regreso a las posiciones donde estaba la guerra. Con fronteras de minas y alambradas para detener al rebelde enemigo con turbante,  aunque no las  balas, ni tampoco silenciar los ruidos que producen las armas.

Y la figura y la interpretación de Sara Montiel, fue para nosotros el regalo de aquellas navidades del 57. No hubo NO-DO, ni prensa, ni fotos. Una tropa tan fea y mal vestida  no podía transmitir una imagen de normalidad en el territorio del África Occidental Española.

Sin embargo, por aquellos días se comentaba que en el pueblo hubo un gran despliegue de artistas llegados de la península, música, baile, palmas, humor…, y muchos periodistas y cámaras que fotografiaron para la prensa, entre otros, el cuerpo y la gracia de la actriz y cantante Carmen Sevilla, rodeada por la  tropa guapa que había sido seleccionada para tal acontecimiento. Dándose así la mejor imagen del ejército, de sus mandos y de los artistas invitados.

Pasadas unas semanas, nuestro conocimiento de la fiesta fue ampliado con las cartas de la familia y la información y las fotos de las revistas que las madrinas de guerra nos mandaban desde la península.

¡Tan cerca de la noticia y tan mal informados!

Mientras queden los recuerdos, existió la guerra de Sidi Ifni. Aunque fue una contienda silenciada, y los que participamos  en ella, los grandes olvidados. Ni siquiera en los momentos de más homenajes y reconocimientos en el ejército, hubo un recuerdo para los pocos veteranos excombatientes que aún quedamos vivos después de cincuenta y muchos años. También entre nosotros hubo héroes y buenos soldados, además de muertos y discapacitados.

Para la memoria, parece que lo más importante que ocurrió en Sidi Ifni  las navidades del 57, fue la actuación de conocidos artistas de la farándula española.

Para terminar os dejo la poesía que me dedicó Conchi Izquierdo en:
  http://www.sidi-ifni.com/



Diego Sánchez Cordero
Soldado del Regimiento Soria 9


jueves

El deber


Por Carlos Martí.
Habana 1897
Capítulo IV de su libro EL SOLDADO ESPAÑOL


La ciega obediencia en el soldado, debe ser una de sus principales cualidades. La vida en la milicia, es una vida de deber. Debe ser disciplinado y sumiso, atento y obediente, cumplidor y puntual.
Melville exclama en oportuna ocasión: - «Es mi destino, mejor dicho, es mi deber. Al fin y al cabo el más elevado de nosotros no es sino un centinela en su puesto.»
He aquí lo que es el soldado: Un perenne centinela.
Vela por lo más sagrado, por lo más grande, lo más sublime: la patria. Los que le mandan obedecen a órdenes de ésta. Por lo mismo cuando el soldado es llamado a la guerra, sea cual fuere su situación, debe de acudir. Cuando se trata de una empresa peligrosa y para ella sea indispensable extraordinario arrojo, debe de ser el primero siempre en lanzarse. La patria le mira. Nada de discutir sino obedecer. Y si las órdenes son, de que marche a la boca de los cañones, a la boca de los cañones debe de marchar. La patria lo reclama.
El soldado siempre debe de estar á punto. La divisa de nuestros generales, ha sido siempre una, lacónica y elocuente, breve y hermosa, concisa y grande: «¡Estad pronto!», conduciendo siempre a la victoria a sus ejércitos.

Se cuenta de un rey de la Gran Bretaña, que con 500 hombres, resistió á un ejército de 25,000, ganando la batalla. Esto se explica fácilmente al saberse que el Rey era activo, despierto, trabajador.
El que mandaba los 25,000 -el duque de Maguncia,- era indolente y perezoso. Añadiéndose gráficamente que el Rey se levantaba a las cuatro de la mañana y Maguncia a las diez.
Así debe de ser el soldado, vivaracho, activo, laborioso, tomar el buen ejemplo de sus inmediatos superiores; no aguardar a que le sean dos veces mandadas las órdenes; no retardar el cumplimiento de las mismas, y, jamás hacer que se enojen quienes les ordenen. Y si en tiempos de paz ha de ser obediente y estar pronto al cumplimiento de sus deberes, en la guerra ha de ser una máquina, atento siempre a las voces de mando de sus jefes; ciego ante el peligro; sordo ante las balas, no retroceder ni avanzar en tanto no sea ordenado, avanzar con ímpetu, arrojo y valentía, arrollándolo todo, pasando por sobre de todo, hasta que sea dada la señal de alto.

La vida del soldado en la guerra, está encadenada con la de los demás compañeros: una precipitación, un retraso, un incumplimiento, puede causar daños enormes. . .
Atento al jefe, siempre al jefe, que si en el cuartel es un ídolo, en el campo de batalla es un Dios, es padre, es hermano, lo es todo. Obedeciéndole se va a la mayor de las grandezas. Dejando de obedecerle al mayor de los oprobios, al más enorme de los remordimientos.
Aquel hombre sintetiza la vida de todos, y por ello la regatea al enemigo y muere con nosotros, peleando encarnizadamente, hasta en lucha personal si es preciso.

"También el soldado debe de presentar su cuerpo si ve que la vida del jefe peligra, pues la pérdida del jefe significaría quizás la de todos. Se ha dicho que el soldado debe de tener el valor del sacrificio de sí mismo. Y así es en efecto. En 1760 envió Luís XV un ejército a Alemania. El marqués de Castries mandó una fuerza de 25.000 hombres hacia Reinberg. Ocuparon una fuerte posición en Klostercamp.
Una noche fue enviado a reconocer un joven oficial, quien se adelantó solo por el bosque, a notable distancia de sus hombres.
De pronto viose rodeado de varios soldados enemigos.
Las bayonetas de éstos tocaban su pecho, mientras que al oído, quedo, muy quedo, le decía uno de los aprehendedores:-"Al menor ruido que hagáis sois hombre muerto!" El oficial lo comprendió todo: el enemigo avanzaba para sorprender al campamento francés. Entonces gritó con todas sus fuerzas: ¡A mí Auvernia ¡ ¡El enemigo está aquí!. Le mataron, pero salvó a sus compañeros.
Murió, pero fracasada la sorpresa, evitó una página de sangre al ejército francés.

Existe un proverbio italiano que dice que «quien no sufre no vence» y remedando a éste, otro escocés, dice «que el que lucha vence». Proverbios magníficos, si se tiene en cuenta que las penalidades de la campaña, son al fin y al cabo para triunfar.
Quien lucha, vence, vence contra todos los obstáculos que se le presentan, porque la misma lucha le hace fuerte y se cree con suficientes fuerzas para superarlos, y se agiganta, se espolea, y triunfa; quien lucha vence, vence contra el enemigo, ganando así el mejor galardón a que pueda aspirarse, el galardón del héroe; quien lucha vence, y al vencer erige un pedestal a su estirpe, a su raza, a su generación.
Cumplir, cumplir y siempre cumplir. Tal debe de ser la divisa del soldado. Cumpliendo se dignifica, se hace acreedor a la estimación del cuerpo y digno a una recompensa. Y ¡qué orgullo regresar al hogar paterno, ostentando una recompensa a la constancia, al valor, a la firmeza, al cumplimiento del deber, mostrándola mañana, á sus hijos, a sus nietos, diciéndoles: «Yo cumplí y me premiaron. Cumplid vosotros y os premiarán». Y al admirar aquel objeto entre reluciente y oscuro, como una reliquia, como una joya, la veneran, la estiman, y una vez en el servicio procuran otra igual, honrando así la memoria del autor de sus días, haciéndose digno de una raza de fieles cumplidores del deber.


sábado

El Internado en 1944


Nací el 15 de Noviembre de 1938 en plena guerra Civil.

Pude haber ido a nacer en Hellín, de la provincia de Albacete, pero mi madre decidió volverse a Madrid de donde éramos todos desde hacía varias generaciones. Una vez en Madrid, la guerra continuaba con crudeza. No así en  Hellín, a donde se habían trasladado a vivir al amparo de las gestiones de al parecer un pariente republicano muy influyente.
En Madrid y por el hueco de la escalera de nuestra casa y donde nací según era la costumbre, cayó una bomba dos días después y que no explosionó porque no tocaba el que toda la familia pereciera en aquel instante.
Yo vine a nacer en Madrid en el nº 54 de la larguísima, castiza e histórica calle de Embajadores. La casa era y es todavía, de las escasas casas cuyas viviendas disfrutan de disponer de chimeneas francesas.

Hoy, y debido a mi avanzada edad y de que muchos de mis parientes más cercanos ya han fallecido, puedo decir que mientras yo viva podré alardear de ser uno de los pocos y auténticos "gatos" madrileños que puedan quedar, que pudieran demostrar ser descendientes de tatarabuelos por parte de padre y de madre.

Y por fin terminó la guerra al año siguiente, y mi padre, se libró de ser detenido a pesar de haber permanecido en el bando republicano en una unidad de preparación de planos y coordinadas para el ejército que perdió la guerra.

Mi padre era delineante y falleció en 1942 a consecuencia de una complicación pulmonar que no se pudo combatir porque la penicilina todavía tardaría aún dos años en aparecer en España.
D. Ángel, el médico de familia, solamente pudo recetar unas anticuadas cataplasmas de anís o mijo para aliviar los resfriados.
Mi madre se quedó viuda a los 42 años de edad y con dos hijos, mi hermana y yo, a los que había que mantener con los precarios medios de la posguerra española.

Mi tío Alfonso, marido de mi tía Emilia hermana de mi madre, y como ex alumno que era del Colegio Municipal de San Ildefonso de Madrid, entonces solo para huérfanos de padre, intervino para que yo pudiese acceder en 1944 a ser incorporado a ese colegio de indudable prestigio. Toda España debe saber que la Lotería Nacional de Navidad es "cantada" por los niños del Colegio de San Ildefonso, lo que quizás no sepan todos es que en mi época se "cantaba" la lotería todos los sábados del año



No solamente éramos los encargados de cantar los números de la lotería nacional que así se celebraba todas las semanas además del de la Navidad, sino que también se impartían clases de música con instrumentos y con voces escogidas en el coro de la capilla. 

También el maestro Afrodisio Aparicio (campeón mundial) nos daba lecciones de esgrima. Primero con palos y después con los trajes y caretas adecuados y también con floretes de verdad para intervenir en algunos actos oficiales. El maestro Afrodisio había sido profesor de esgrima del Rey Alfonso XIII y de la reina Victoria Eugenia.

Se trataba entonces de un internado exclusivo para niños varones, huérfanos.

Para la película “Pequeñeces” del año de 1950 contando yo con unos once años edad, nos llevaron a todos nosotros, uniformados con el traje de gala, a unos estudios de cine donde intervinimos en una secuencia junto al ya por entonces niño actor Carlos Larrañaga.

Con mis 12 años recién cumplidos, mi madre contrajo nuevas nupcias  y yo hube de abandonar aquel colegio de tan gratos recuerdos, para continuar mis estudios en otro colegio mucho más modesto del barrio de Embajadores, entonces un barrio castizo y hoy en día  echado a perder por cuestiones ajenas.

Mientras que no me visite el Sr. Alzheimer, mantendré en mi memoria muchísimas anécdotas de mi corto espacio de tiempo pasado en aquel magnífico internado madrileño, el cual y junto al Colegio de la Paloma y otro colegio para niñas huérfanas, sus alumnos y alumnas fueron desplazados provisionalmente a Barcelona durante la guerra civil española por cuestiones de seguridad.............









jueves

Juramento a la Bandera


El día 23 de febrero de 2008, después de 50 años transcurridos de la guerra de Ifni y gracias a AIVEPA, juré la Bandera en La Bripac de Javalí Nuevo.

 El Juramento o Promesa ante la Bandera de España viene contemplado en el artículo 3 del Título Preliminar de la Ley 17/1999, de 18 de mayo, de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas (publicada en el BOE nº119 del 19 de mayo de 1999):


  Artículo 3. Juramento o promesa ante la Bandera de España.

  1.- Todo militar tiene el deber de prestar ante la Bandera juramento o promesa de defender a España, de la forma que se establece en este Artículo. Dicho  juramento o promesa será requisito previo e indispensable a la adquisición de  la condición de militar de carrera, de militar de complemento y de militar  profesional de tropa y marinería.
  2.- El acto de juramento o promesa ante la Bandera de España será público y  estará revestido de la mayor solemnidad. Se ajustará a la siguiente secuencia:

  - El jefe de la unidad militar que tome el juramento o promesa ante la Bandera pronunciará la siguiente fórmula:

  «¡Soldados! ¿Juráis por Dios o prometéis por vuestra conciencia y honor,  cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la  Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a  vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra  vida en defensa de España?»

  A lo que los Soldados contestarán:

  «¡Sí, lo hacemos!».

  - El que tomó el juramento o promesa replicará:

  «Si cumplís vuestro juramento o promesa, la Patria os lo agradecerá y   premiará, y si no, mereceréis su desprecio y su  castigo, como indignos hijos de ella», y añadirá: «Soldados, ¡Viva España!» y  «¡Viva el Rey!», que serán contestados con los correspondientes ¡Viva!.

- A continuación, los Soldados besarán uno a uno la Bandera y,  posteriormente, como señal de que España acepta su juramento o promesa, desfilarán bajo ella.

  3.- En la fórmula, el término «Soldados» podrá sustituirse por el que convenga  para su adecuación a los que vayan a prestar el juramento o promesa.


lunes

El servicio militar

Por Carlos Martí.
Habana 1897

 Capítulo  I de su libro EL SOLDADO ESPAÑOL


Es preciso destruir de la mente del pueblo la aversión o temor al servicio militar. Nada más equivocado. El valor de un Estado, no es otra cosa que el valor de los individuos que lo componen, y nosotros añadiremos que entra por mucho el valor del Ejército que lo defiende.
Si nuestro pueblo, uno de los más valientes, espontáneos y entusiastas por la patria; el primero que emprende expediciones guerreras para conquista de terrenos ignotos a donde lleva el símbolo de la fe y la luz de la Civilización; que siempre está dispuesto a auxiliar a los perjudicados y castigar a los perversos; que se revuelve como el león ante un insulto y rugiente y feroz se levanta al solo anuncio de que haya quien pretenda atentar a su integridad; si este pueblo, repetimos, guerrero por vocación se interesara por la preponderancia de su Ejército, no haciendo caso de rutinas que a nada conducen, ¿qué duda cabe que seríamos la primera nación militar del mundo?
No basta -con los adelantos modernos de la guerra- ser valiente, heroico: es preciso una excelente instrucción militar, un interés por el Ejército siempre latente.
Existen preocupaciones erróneas que se agrandan a la mera cita de la rimbombante frase «contribución de sangre», pintando horrores de cuartel, penalidad de servicios, exceso de deberes, severidades.  . . y sabido es que en el verdadero fondo no existe ni la mal llamada contribución, ni los horrores, ni las penalidades, ni los excesos, ni la severidad extremada.
Los jefes, los oficiales son verdaderos padres de estos milIares de individuos que les están encomendados y que se los entregan apocados por no decir ignorantes y los devuelven al seno de sus hogares, instruidos y convertidos en verdaderos hombres, hercúleos para el trabajo, útiles a la sociedad, convertido en brazos para la patria.

Aprender a ser héroe, a tener abnegación es la más sublime de las carreras, y el Ejército es la escuela de los héroes.
Cuando el quinto se incorpora al cuerpo a que va destinado, cuando hace su primera entrada al cuartel sufre siempre una: gran decepción: va allí atemorizado por las leyendas populacheras que le han inculcado, y comprueba cuan destituidas están de fundamento: espera encontrarse con mandatarios y se halla con consejeros: cree que se le deparan sufrimientos y encuentra tranquilidad absoluta: teme una existencia llena de peligros y es sorprendido con una vida exenta de contrariedades.

Cumpliendo como el mejor de los soldados, se le distingue como al mejor de los hombres: trabajando como el mejor de los obreros, se le premia con la mejor de las recompensas: respetando y obedeciendo a sus superiores, se hace digno de la estima de todos, siendo en este loable caso su licencia una brillante recomendación para la sociedad, la familia, pudiendo asegurar que nunca le faltará el pan cotidiano pues ella le facilitará el trabajo donde quiera que lo solicite. Es la mejor patente para todo hombre de honor y realmente patriota.
¡La licencia absoluta! La licencia absoluta a su debido tiempo, sin nota desfavorable que la empañe, es timbre de orgullo que se trasmite a los hijos, a los nietos.
 ¡Servir a la patria! Servir a la patria es timbre de gloria para una estirpe, para toda una raza, convirtiendo el anónimo apellido en dorado nombre que se esculpe en el sagrado altar a la nacionalidad erigido. . .
Pocos, muy pocos, a no ser los que ya nacen al mal destinados, reniegan después de haber servido en el Ejército del tiempo pasado en filas, muy al contrario, pues les sirve de repetido recuerdo, ora para ensalzar las cualidades de sus superiores que con rectitud les han dado la norma del bien, ora para citar agradables ratos pasados con sus compañeros, ora para enorgullecerse de relevantes servicios prestados, los cuales les han valido elogios y premios de parte de sus jefes.

Al primer golpe de vista y bajo la mala impresión de lo que les han anticipado, verdaderamente asustan los deberes, las repetidas revistas, la instrucción y los servicios; pero a los pocos días cuando se les ha enseñado a ser cumplidores, y, lo son; a ser limpios y lo resultan; a ser buenos guerreros y se les hace; a ser puntuales, serios y servidores, evidenciándoles lo elevado de su misión, cuanto representan significan y valen, entonces se convierten en hombres. Y al serlo solo poseen una ambición: la de ser buenos soldados y como a tales anhelan la primera ocasión de demostrar su entero amor a la patria y al Rey: a su patria y a su Rey.

jueves

A sus maneras


Veteranos paracaidistas en la guerra de Ifni 1957/58

https://www.youtube.com/watch?v=mku8kSmBNA0

A sus maneras.....



El fin muy cerca está, lo afrontarán serenamente; ya veis que siguen así,  y lo dirán sinceramente, vivieron la intensidad y no encontraron jamás fronteras; si bien todo ello fue, a sus maneras.

Jamás vivieron un amor, que para ellos no fuera importante; tomaron sólo la flor, y lo mejor de cada instante, viajaron y disfrutaron no sé si más que otros  cualquiera; y así lo han de seguir, a sus maneras.

Tal vez lloraron, tal vez rieron tal vez ganaron o tal vez perdieron y ahora sabréis, que fueron felices, que si lloraron también amaron y todo fue podéis decir, a sus maneras.

Quizás depreciaron, aquello que no comprendían; quizás también dudaron, cuando mejor se divertían y hoy se sabe que si les fue y que afrontaron ser como eran y así lo han de seguir, a sus maneras.

Porque sabréis, que unos hombres al fin conoceréis por su vivir,
no hay porqué hablar, ni qué decir ni hay que llorar, ni hay que fingir puede llegar hasta el final, a sus maneras.



Melodía  inmortal del toque de silencio 



sábado

87 años de una vida dificil

Rogelio García Galindo, Orán (Argelia) 1931
Una dura infancia en la España de la posguerra.



Rogelio García Galindo nació un 12 de Abril de 1931 en Orán, Argelia. Era hijo de emigrantes que en 1936 regresaron a España, justo en el momento en el que se desencadenaba la Guerra Civil.
Su infancia fue muy dura debido a la contienda y a los efectos de la posguerra, la precaria situación económica que atravesaba su familia hizo que comenzará a trabajar muy joven, con 9 años. En aquel tiempo ayudaba en el campo como pastor de ovejas o mulero en La Puebla de Cartagena, entrando a formar parte de las plantillas de obreros en las minas de la Sierra de La Unión.
A los 19 años aprendería a escribir en clases nocturnas, y se adentró en una de sus grandes pasiones, la literatura, adquiriendo también formación de maestro industrial.

Rogelio y su producción literaria.
A finales de los años 90 del siglo XX Rogelio García Galindo, ubicado ya en Cabo de Palos, comienza su producción literaria.
Desde entonces ha llegado a publicar entre poesía y narrativa diez obras, alguna de ellas llegando a una tercera edición, todo ello sin contar las obras inéditas que suman alrededor de cuarenta obras más.
Ha participado, junto a otros once poetas en las I Jornadas de Poesía sobre el Mar, celebradas en Cabo de Palos, siendo uno de sus poemas seleccionado en el Centro de Estudios Poéticos de Madrid, donde han participado más de mil poetas de los cinco continentes.
En la actualidad se ha convertido en uno de los autores más emblemáticos del Campo Cartagenero.
Pero Rogelio García Galindo ha brindado algo más que su calidad literaria a la vida de Cabo de Palos, ha otorgado a todos los habitantes de esta localidad su amabilidad, conversación, valor como persona, y sus grandes conocimientos de historia de la zona de la que se siente hijo adoptivo, Cabo de Palos.