miércoles

La despedida del fundador






Remitido por José Luís González Vicente.



D. Tomás Pallás Sierra fue sin duda alguna un magnífico militar y con eso está todo dicho.



CON VOSOTROS


Oficiales, Suboficiales y Caballeros Legionarios Paracaidistas de la Bandera Roger de Flor, Primera de la Agrupación de Banderas Paracaidistas:

Por orden de la superioridad, ceso en el mando de esta Bandera y me incorporo a la Plana Mayor de la Agrupación en Alcalá.
Hasta la fecha, desde la fundación de esta Unidad, en el último trimestre de 1953, siempre que me he dirigido a vosotros, lo hice con alegría de tener que trasmitiros felicitaciones de los superiores, comunicaros hechos con los que habíais elevado un escalón más en nombre de esta Bandera, o solamente, para deciros el orgullo que sentía de mandar a tan magníficos Legionarios. Hoy esta alegría citada, me falta.
Hoy tengo que comunicaros que de familia militar, formada con sacrificio, trabajos y sin que los medios estuvieran jamás al acorde de nuestro ímpetu y entusiasmo, me tengo que separar en cumplimiento de órdenes.
Por la disciplina, esa disciplina que tantas veces os hablé y que es necesaria para el desenvolvimiento de toda colectividad, hace, que me separe de vosotros, y más ahora, que llegando a nuestra mayoría de edad, y dispuesta la Bandera a entrar en combate, era el momento para recoger los frutos que tanta vigilia y trabajo.
Pero esta disciplina. El cumplir con las obligaciones cuando son del agrado de uno no tiene ningún mérito. Disciplina es el superarse asimismo, cuando la voluntad se revela en el cumplimiento de las órdenes, cuando el alma se encuentra vacía, porque todos los sentimientos que la habitan, quedan con lo que se formó y con aquellos artífices que cooperando unos con sus conocimientos y otros con el afán de superación e interés de aprender, conducta y capacidad crearon con espíritu de equipo y todos como un solo hombre, esta Unidad que es cúspide del Ejército y admiración del pueblo español.
Sois solera y temple de los Paracaidistas del Ejército de Tierra.
Sois FUNDADORES de la Unidad, que salió de la nada al principio del año 54, que dio sus primeros pasos en aquel inolvidable 23 de febrero del mismo año, y que se cubrió de luto el 28 de abril de 1955, al morir nuestro compañero C.L.P. ANTONIO ORTIZ PEREZ.
Sois los supersoldados que admiraran al mando en los desfiles de la Victoria del 54 y 55.
Sois los cachorros de guerreros que demostrasteis quienes sois y cual es vuestro espíritu en las tierras de Burgos y bosques de Soria, en las orillas del Gállego de Zuera, y en las noches del 13 y 14 de abril en vuestro acuartelamiento de Alcalá.
Sois los sufridos soldados de España que aguantaron las inclemencias meteorológicas con la alegría de vuestra alma joven en el transporte en camiones desde Alcalá a Cádiz.
Sois los Caballeros que admirasteis a nuestra Marina de Guerra, con vuestro comportamiento a bordo de sus buques.
Sois los aguerridos Paracaidistas, que hada de nuestra Aviación, llevasteis la paz y el respeto a España a las intranquilas soledades del desierto.
Sois, los que en apretado haz os habéis unido sin tener en cuenta sacrificios para remediar las desgracias del C.L.P. CARLOS ALMENTA GUZMAN.
Pero sobre todo, sois FUNDADORES, y esto os obliga a cumplir cada día más perfectamente, a superaros en vuestro deber, en vuestra capacidad e interés, en vuestra disciplina.
El título de Fundadores solo lo podemos llevar los que seguimos en las filas de esta Unidad hasta su completa organización y espero de vosotros que los que llevamos este título sirvamos de solera y base para la formación de nuevas generaciones paracaidistas y vuestro estilo contrastado por las numerosas felicitaciones recibidas, sea el orgullo de los que llevamos el paracaídas alado sobre el pecho.
Entrego el mando al Comandante D. RAMÓN SARALUCE GOÑI, y mi última orden como Jefe de la Unidad y ruego como amigo, es que cumpláis como hasta ahora, que cada día hagáis promesa de seguir adelante, y que pase lo que pase penséis siempre que vosotros no servís ni a hombres ni a apellidos, que solo servís a ideales y estos ideales son: Dios, España Paracaidista, que está por encima de todo lo humano y material
Caballeros Legionarios Paracaidistas: gritar conmigo
¡SOBRE NOSOTROS!......¡DIOS!
¡CON NOSOTROS!.......¡LA VICTORIA!
¡EN NOSOTROS!........¡EL HONOR!
¡¡¡¡¡¡¡TRIUNFAR O MORIR!!!!!!!




VUESTRO COMANDANTE FUNDADOR.




domingo

Una película sobre el conflicto de Ifni


http://vimeo.com/37738377

Esta vez, los paracaidistas españoles del Ejército del Aire tendrán su "momento de gloria" en la guerra de Ifni-Sahara a través de una película titulada "Ahí va otro recluta"...


Lo que empieza como una comedia del paleto José Luis Ozores ¿quién si no? que llega al cuartel paracaidista para que le puteen un rato, termina en plan realista con sus muertos y todo.

No es nuestro país muy dado a recordar sus desastres bélicos. Deberíamos aprender de otras cinematografías como la inglesa por ejemplo, recordando sus derrotas a manos de los zulúes y otras etnias.

Nosotros tendríamos para dar y tomar con las guerras con Marruecos.

Claro que aquí no hay dinero para gastárselo en esas cosas. Además igual nos hacen recordar lo estúpidos y cabrones que fuimos con otros pueblos, mejor dar las subvenciones a los de siempre, a los que mejor lamen culos para que sigan haciendo sus rollitos de parejas y tríos.

La película "Ahí va otro recluta" no es ninguna maravilla, pero simplemente por ser la única que toca un poco la vida militar, y al final el tema de la guerra de Ifni-Sahara, debería buscarse y verse hoy domingo a las 17:30, en 13 TV.

Tuvieron los paracaidistas en general, más suerte que los legionarios, o los Tiradores de Ifni, o incluso el glorioso Regimiento Soria nº 9, etcétera, porque al menos a los primeros nos dedicaron una ficticia película.

Claro que en la ficción de la película, nos adjudicaron a los paracaidistas, unas armas y una dotación moderna, muy lejos de los viejos mauser, medios de transporte y  a las alpargatas de cáñamo, de aquella triste realidad.

Que pasen una buena tarde.




lunes

La democracia en España




Escuche pinchando arriba, el glorioso himno nacional de España. 




Se anuncia una nueva final de la Copa del Rey entre el Bilbao y el Barna y se adivina en el horizonte, un nuevo acto de desprecio al glorioso himno de España

Hay antecedentes para corroborar ese pronóstico, que se produce en España, pero no en países de nuestro entorno.

No se producirá, con toda seguridad, la imagen tan usual, en Francia, Italia o Estados Unidos. Un estadio y sus deportistas, orgullosos de sí mismos con la mano en el pecho para entonar «La Marsellesa», el «Barras y Estrellas» o el «Fratelli d’Italia».

Las persona que pitan un himno, sea el que fuere, carecen de los mínimos principios democráticos. Quienes quieran reivindicar sus ideologías tienen otros espacios para hacerlo sin ofender a los demás,  y a mí me ofenden, por eso les desprecio.




sábado

A la Bandera de España







A la bandera española es una sentida poesía escrita por Rogelio García Galindo.  Hacer clic en este enlace para leerla y disfrutarla con la música adecuada:

http://www.youtube.com/watch?v=V5y_-gjPzzQ



Rogelio García Galindo es un escritor muy unido a la población de Cabo de Palos del Estrecho de San Ginés.
Tras una vida dura y difícil debido a las consecuencias de la Guerra Civil Española, Rogelio ha guiado su andadura de los últimos años por el mundo de la poesía y la narrativa.
Su trabajo desde niño, y las penurias acaecidas por su localidad durante muchos años del siglo XX, han calado hondo en el corazón del escritor nacido en Orán. En sus libros se respira el ambiente salado y trágico de las poblaciones de pescadores de la costa cartagenera.

Un escritor del pueblo, que relata de manera clara y sencilla algunos de los sucesos más importantes y trascendentes ocurridos en su localidad como el hundimiento del trasatlántico Sirio y la valentía de muchos habitantes de Cabo de Palos que sin importarle su integridad física salieron al mar para socorrer a los pasajeros del barco.
Vende sus libros en el Upper y en la barra del puerto de Cabo de Palos.

Su blog es http://rogeliogarciagalindo.blogspot.com.es/







viernes

Ifni: la guerra ocultada (1957-58)


Abdón Mateos y Alvaro Soto

Tras la concesión, a remolque de Francia, de la independencia a la zona Norte del protectorado en Marruecos en abril de 1956, las relaciones con el vecino del Sur lejos de mejorar no hicieron sino enturbiarse. 

Mientras que unas milicias armadas hostigaban a las unidades militares españolas en Ifni, Tarfaya y el Sahara, el movimiento nacionalista marroquí Istqlal reivindicaba las imposibles fronteras de un Gran Marruecos que se extendiese a costa de Argelia y Mauritania. Estas reivindicaciones fueron impregnando al resto de los partidos políticos marroquíes y el propio monarca Mohamed V terminó asumiéndolas como objetivos nacionales. 

En agosto de 1957 el Gobierno del sultán marroquí reclamaba Ifni y la zona de Tarfaya. Castiella se mostró dispuesto a negociar y a llevar, incluso, el pleito ante el Tribunal Internacional de La Haya. 

Sin embargo, en noviembre cerca de 2.000 hombres armados de un Ejército de Liberación atacaron a las guarniciones españolas, que tuvieron que replegarse hacia los principales núcleos urbanos de la costa. 

Las dificultades de suministro y la prohibición norteamericana para utilizar el armamento más moderno situaron al Ejército español en una grave tesitura que traía el recuerdo de los desastres ocurridos en las primeras décadas del siglo. 

Hubo que esperar a la colaboración francesa que, mediante una convergencia de operaciones, permitió la expulsión de las unidades irregulares marroquíes en febrero de 1958

Estas operaciones de limpieza coincidieron en el tiempo con una rebelión de la población bereber de la antigua zona de protectorado español en el Rif. 

Unos meses después, en junio, se alcanzaba el alto el fuego de una pequeña guerra que, sin embargo, había costado la vida a más de 200 españoles: 152 muertos, 58 desaparecidos y 518 heridos.

Al devolver la zona Sur del Protectorado -la región de Tarfaya- en abril de 1958, España pretendía dar por concluido el proceso de descolonización en Marruecos. Sin embargo, la voluntad de resistencia española en Ifni y el Sahara pronto habría de enfrentarse a un nacionalismo marroquí que extendía sus reivindicaciones a las plazas de soberanía (Ceuta y Melilla) y los peñones.

 Las últimas tropas españolas abandonaron las zonas del protectorado en Marruecos en 1961, mientras que la mayor parte de la población española residente tuvo que emigrar y desmantelar sus intereses.


Diez años más tarde de esta guerra olvidada, en enero de 1969, España cedió el territorio de Ifni a Marruecos. Un territorio que si bien no había figurado nunca en el texto que estableció el Protectorado en 1912, había sido concedido a España mediante un tratado colonialista tras la guerra con Marruecos de 1860. 

Con esta concesión, el Gobierno de Franco quizá esperaba que Marruecos congelara su presión sobre las plazas de soberanía y el territorio sahariano, sobre el que se hicieron grandes inversiones.



miércoles

Se aproxima el final de la guerra de Ifni


Transcurría el tiempo en Sidi-Ifni pasando mucho calor durante el día y mucho frío por las noches, pero ya haciendo otros planes para pasarme antes de que nos marchásemos de allí, a las fuerzas mixtas expedicionarias del desierto, a las que con los galones de cabo segunda, decían, que se accedía a un empleo asimilado al de “sargento” para el mando directo sobre grupos de fusileros moros que operaban en territorio mauritano. Lo cierto es que en marzo de 1958 apenas si se escuchaban tiros y la guerra estaba acabándose por días. Pero aún podían pasar accidentes.
El día cuatro de junio de 1958 me sucedió a mí uno y grave.
La noche anterior tuve como una premonición. Soñé algo muy extraño y me desperté tembloroso. A las seis de la mañana nos fueron despertando sin toque de diana y todos nos vestimos con el uniforme de campaña.

Yo me calcé unas botas de lona que estaban permitidas y que eran muy cómodas en vez de las clásicas botas de los paracaidistas de cuero y suela de goma gruesa y dura.
Llevaba mi radio-teléfono a la espalda y me encontraba transmitiendo las novedades, cuando por mala fortuna pisé una mina enemiga contra-personas en el monte Buyarifen y caí al suelo como fulminado por un rayo. Quise levantarse y me fue imposible. Era como si tuviese clavado mi pie derecho en el suelo. Curiosamente aún no sentía ningún dolor.
 Llegó un sanitario y me hizo un torniquete por encima de la rodilla. Traté de ponerme en pie y noté cómo si al pisar el suelo, lo hiciese sobre el fango.
 Me trasladaron al hospital de Sidi-Ifni urgentemente, mientras me preguntaban por mi grupo sanguíneo. Al llegar allí oí decir a alguien refiriéndose a mí, que parecía muy asustado.
Le contesté con rabia volviendo la cabeza: ¿y usted cómo estaría en mi caso?

 En esos momentos ya sentía un dolor muy agudo en la pierna. Tan agudo, que quizás por eso no llegué a perder el conocimiento. Cuando me pusieron la mascarilla de la anestesia aspiré con fuerza el gas deseando perder cuanto antes el conocimiento y el dolor.

Durante la operación quirúrgica soñé cómo me aserraban los huesos.
Cuando desperté de la anestesia recordé lo que me había pasado y levanté los pies, pero solo levanté el pie izquierdo.
Por la tarde llegaron al hospital mis amigos y colegas con caras compungidas pero se extrañaron porque les dijera que si yo no estaba preocupado, no había razón para que ellos lo estuvieran. Fui operado de urgencia en el hospital de Sidi-Ifni y días después trasladado en avión al hospital de Las Palmas de Gran Canaria para un largo periodo de convalecencia.
Alguien diría después que si bien había perdido el pie por la explosión de la mina enemiga que era casera y de escasa potencia, de haber ido calzado con las botas reglamentarias de suela gruesa, la honda expansiva me habría podido dejar ciego o afectado al estómago e incluso a las partes nobles. Lo cual habría sido fatal porque mis cinco hijos no estarían en este mundo.
A eso de las tres de la mañana de aquel fatídico día 4 de junio de 1958, cuando se dice que los seres humanos tenemos las defensas más bajas y los centinelas se suelen quedar dormidos siendo entonces y precisamente, el momento adecuado para atacar las posiciones enemigas……
Fue en ese instante cuando tuve un mal presentimiento y apresté los oídos por si escuchaba algún ruido exterior. Así, alerta, me mantuve un buen rato y como no oyera nada raro, poco a poco me volví a quedar dormido.
Habían despertado a la 1ª Compañía al completo y una sección de la 2ª Compañía. Desayunamos a la carrera y cerca de las ocho de aquella mañana ya estábamos muy cerca del monte Buyarifen.



martes

Relatos sueltos de La guerra de Ifni en 1957-58


Las navidades de 1957 no fueron malas del todo y resultaron casi divertidas para algunos, aunque no para aquellos que debían estar de guardia permanente. El espíritu militar de aquellos jóvenes estaba salpicado de anécdotas simpáticas con las intervenciones artísticas de algunos de nosotros.
Carmen Sevilla y Miguel Gila, entre otros artistas del momento, llegaron allí para actuar ante los paracaidistas y así alegrar un poco la Noche Buena de aquel año.

La insistencia del teniente Galera me obligó a hacer el curso de cabo y sin proponérmelo me encontré con el nombramiento de cabo segunda, interino. Pienso que gracias a este nombramiento y cuando después de ser herido ingresé en el Benemérito Cuerpo de Caballeros Mutilados por la Patria, mis siguientes ascensos no comenzaron desde soldado raso, ahorrándose un tiempo muy valioso para posteriores ascensos. Con el nombramiento de cabo de segunda y mis galones cosidos a la hombrera de mi uniforme de faena y a la bocamanga del traje de paseo, pude acceder al cargo de ayudante del maestro armero de la Iª Bandera paracaidista destacada en Ifni. Allí llegué a familiarizarme con armas cortas de todo tipo. Cuando las pistolas o los revólveres de los oficiales estaban recompuestas por el Maestro, yo era el encargado de hacer las prácticas de funcionamiento y tiro, y cuando llegaban armas desconocidas e inservibles, yo también me encargaba de desmontarlas para recuperar algún elemento que pudiese valer para los arreglos de otras armas. Para hacer las prácticas de tiro con las pistolas arregladas, me iba a una playa lejos del cuartel y allí disparaba cuantos cartuchos de diferentes calibres fueran necesarios. Me llevaba a dos de mis colegas como escoltas y vigilantes, en concreto a Guillermo Guajardo y a José Gascón, ya que aquello no era legal del todo, y así ellos también practicaban disparando en diferentes posturas a todo lo que nos proponíamos. Llegaron los nuevos fusiles de asalto Cetme y por aquello de ser el ayudante del Maestro armero, fui de los primeros paracaidistas, después de varios oficiales, en comprobar la eficacia de ese nuevo fusil de asalto de diseño y fabricación enteramente española muy bien aceptado en aquellos días por otros ejércitos del mundo. Al parecer, seguían funcionando a pesar de haberles metido adrede en polvo y barro.
 Anteriormente a este relato y en una acción de apoyo para la retirada de otras fuerzas españolas, intervine en un destacado hecho de guerra que quedaría expuesto en las páginas del libro “La Guerra Ignorada de Ifni”, escrita por el periodista Ramiro Santamaría. Sin embargo y como no era para tanto, ni mi compañero Vico ni yo fuimos condecorados por aquella acción. También en otro libro, esta vez sólo sobre los paracaidistas en Ifni, otro autor citaría ésta y otras situaciones en la que yo intervine. Este libro me le regaló mi hija Laura el año 1998. También conservo y para siempre, el libro sobre la instrucción paracaidista que me dieron al comienzo del curso en Alcantarilla. Tiene por título el de Manual de Paracaidismo y está fechado y editado en Alcantarilla en 1955.



sábado

Los Paracaidistas del 12º curso en 1957


En Alcalá de Henares superé los exámenes físicos correspondientes, entre ellos el salto a la lona, y un conjunto de jóvenes voluntarios fuimos enviados a Alcantarilla, localidad de Murcia, donde estaba y sigue estando ubicada, la escuela de paracaidistas del Ejército del Aire.



 La preparación física era durísima en Alcantarilla, pero tras los seis saltos de rigor, el día 9 de noviembre de 1957 obtuve el título de Cazador Paracaidista extendido por el Ejército del Aire Español, correspondiente al 12º curso del Ejército de Tierra. De regreso a Alcalá de Henares, el 12º curso más los veteranos acuartelados de la Iª Bandera, fuimos armados debidamente y trasladados en avión hasta el aeropuerto de Sidi-Ifni en el África Occidental Española.
Antes de nuestra llegada a Ifni, ya se habían producido las primeras escaramuzas con los moros rebeldes. No obstante y puesto que muchos de los paracaidistas éramos prácticamente unos novatos sin ninguna preparación militar, debimos ser instruidos a toda marcha. La preparación consiguiente, con algún que otro sobresalto incluido, resultó bastante eficaz y es que los tiros por encima de las orejas le hacían despabilarse al más tardío de reacciones.





viernes

A vueltas con El combate de Edchera

La Batalla de Edchera se saldó con 37 legionarios muertos y 50 heridos, unas cifras que podrían haber sido mucho mayores si no hubiese sido por el sacrificio de los dos laureados. Por su parte, tras el combate se encontraron 50 cadáveres de los combatientes saharauis que se estima que murieron alrededor de doscientos. 

A pesar de la heroicidad de estos hombres, su historia es completamente desconocida para la mayoría de españoles. En cualquier otro país, esta batalla seria conocida por todos, pero sin embargo la mayoría de los españoles ni siquiera han oído hablar del conflicto del cual formó parte, y es por ello que la Guerra de Ifni es también conocida como la Guerra Olvidada. Peor aun resulta el hecho de que si hoy, día 13 de enero de 2014 buscamos la palabra Edchera en el buscador de noticias de Google tan solo obtenemos dos resultados, ambos de diarios regionales. Ni siquiera los diarios nacionales presuntamente patriotas se hacen eco de esta efeméride. 

En enero de 1958, Marruecos redobló su dedicación a la campaña contra España, reorganizando todas las unidades militares en territorio español, como el Ejército de Liberación Saharaui. Mientras tanto, la Novena Bandera de la Legión es enviada al Sahara español a reforzar las tropas allí estacionadas.

El 12 de enero, una columna del Ejército de Liberación Sahariano atacó la guarnición española en El Aaiún. Derrotados y forzados a retirarse por los españoles, esta columna centró sus esfuerzos en el sudeste de la colonia. La oportunidad se presentó al día siguiente en Edchera, donde dos compañías de la XIII Bandera de la Legión estaban llevando a cabo una misión de reconocimiento. Deslizándose sin ser vistos por entre las dunas junto a las columnas españolas, los marroquíes abrieron fuego.

Emboscados, los legionarios lucharon para mantener la cohesión, repeliendo los ataques con fuego de mortero y armas ligeras. El episodio principal de la lucha lo protagonizó el primer pelotón, el cual se negó obstinadamente a retroceder ante el fuego marroquí, hasta que el enorme número de bajas le forzó a retirarse. Los sangrientos ataques continuaron hasta la caída de la noche, cuando las fuerzas marroquíes, demasiado desperdigadas y sin hombres suficientes para continuar el ataque, se desvanecieron en la oscuridad.

El día 13 de enero de 1958, la XIII Bandera al mando del Comandante Rivas Nadal, salió de El Aaiun a las 7 de la mañana, ahora por la orilla derecha de la Saguia, en dirección a Edchera, con la misión de ejecutar un reconocimiento sobre esta zona y obtener información de contacto.



En vanguardia marchaba la 2ª Compañía, al mando del Capitán Jauregui, con la misión de alcanzar rápidamente el paso de Edchera por el este. La 3ª Compañía, mandada por el Teniente Vizcaino, progresaba por el mismo borde de la Saguia cubriendo el flanco derecho del dispositivo. La 1ª Compañía, del Capitán Girón Mainar, en reserva, vigilaba el flanco este. La 5ª Compañía, de apoyo, mandada por el Capitán Villar, contaba con un pelotón de ametralladoras y una Sección de morteros de 81, ya que el resto de las armas habían sido asignadas a las Compañías de fusiles. 

La Bandera progresaba rápidamente por los llanos de Ammat Amasir y tras rebasar el pozo de Bujcheibia y encontrándose a unos 2.000 metros de Edchera, recibió los primeros disparos de un enemigo que ocupando bastante frente estaba perfectamente cubierto de vistas y fuegos aprovechando las trincheras y oquedades en el borde este de la Saguia.
En la otra orilla, en la zona del Meseied había otro grupo que intervino con posterioridad. La Compañía de vanguardia avanzó para establecer contacto con el enemigo y fijarlo, por lo que la Sección del Teniente Gamborino marchaba en primer escalón y estaba dotada de vehículos ligeros, se lanzó a toda velocidad sobre el adversario, siendo detenida enseguida por el intenso fuego que recibió a resultas del cual fue muerto su Teniente. 

La Bandera inició un movimiento de envolvimiento por el sur que llevó a cabo la 1ª Compañía, mientras la 2ª y 3ª fijaban al adversario. Estas, a pesar de la fortísima resistencia que encontraron, avanzaron hasta alcanzar una línea jalonada por el borde de la Saguia a unos 100 ó 300 m de las posiciones enemigas. No obstante, el Capitán Jauregui, con la Sección del Teniente Carrillo, logró adelantarse y alcanzar el paso, llegando hasta el fondo de la Saguia en una zona en que su lecho estaba salpicado de numerosos y pequeños montículos, mientras que la otra Sección de la Compañía, mandada por el Teniente Ochoa, intentaba sin éxito el asalto sobre una de las pequeñas alturas al oeste de la entrada del paso. 

El Capitán Jauregui, llevado de un enorme espíritu de acometividad y tratando de impedir el posible repliegue del contrario a través del cauce hacia Tafudart, siguió avanzando con sus legionarios, teniendo que sostener un violentísimo combate a corta distancia con un núcleo que los envolvió al que se añadió otro muy numeroso que descendió del Meseied, muriendo él y todos los hombres que le seguían. 


Mientras tanto la 3ª Compañía que, como dijimos anteriormente, marchaba flanqueando por el mismo borde este de la Saguia, al alcanzar un gran espolón que se adentraba sobre su cauce, recibió un fuego muy nutrido del enemigo, resultando muerto el Teniente Gómez Vizcaíno y herido el Teniente Lafuente. A continuación, el adversario intentó desbordar a la Compañía por el norte, por lo que se decidió sacar a la 1ª Compañía de la posición alcanzada al sur de Edchera, dándole la misión de reforzar a la 3ª al mismo tiempo que una de sus Secciones, la del Brigada Fadrique, fue asignada a la Compañía del Capitán Jauregui.
El enemigo, cuyos efectivos se estimaron en unos 500 hombres, rompió el contacto durante la noche debido al enorme quebranto sufrido retirando el armamento de sus bajas. 

En el reconocimiento efectuado al amanecer se evacuaron a nuestros muertos y se encontraron unos 50 cadáveres del adversario estimándose que sufrió otras 200 bajas más. Por nuestra parte hubo que lamentar las muertes del Capitán Jauregui, Tenientes Gomez Vizcaino y Martin Gamborino, Brigada Fadrique, Sargentos Simon González, Arroyo y Fernández Valverde, 4 Cabos primeros, 4 Cabos y 22 legionarios, en total 37 muertos. Heridos: 2 Tenientes, 2 Sargentos, 3 Cabos primeros, 6 Cabos y 37 legionarios, en total 50.
A estas bajas hay que sumar las de 1 Cabo primero muerto y un Cabo herido de la 2ª Compañía de la IV Bandera que había acudido a reforzar a la XIII.

Por esta acción les seria concedida la Cruz Laureada de San Fernando al Brigada Francisco Fadrique Castromonte (un veterano del 3er Tercio) y al legionario Juan Maderal Oleada con fechas 10 de enero de 1961 y 5 de enero de 1966. 

También fueron citados como distinguidos varios Suboficiales y personal de tropa de la XIII Bandera. 



jueves

Álbum de fotos de veteranos de Ifni






























Carta manuscrita encontrada en un bolsillo del uniforme del Teniente Ortíz de Zárate


¡Oh, Dios!, Señor de los que dominan,
Guía Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y de la muerte, escucha mi oración de guerra.
Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo.
Haz que yo te sea fiel en la guerra como yo te lo fui en la paz.
Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón.
Haz que la sed y el hambre, el cansancio y la fatiga, no lo sienta mi espíritu, aunque lo sienta mi carne y mis huesos.
Que mi alma, Señor, esté siempre tensa, pronta al sacrificio y al dolor. Que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto en el combate, la guardia más dura en la trinchera, la misión más difícil en el avance.
Pon destreza en mi mano para que mi tiro sea certero.
Pon caridad en mi corazón para que mi tiro sea sin odio.
Haz por mi fe, que yo sea capaz de cumplir lo imposible. Que desee vivir y morir a un tiempo.
Morir como tus Santos Apóstoles, como tus viejos profetas, para llegar a Ti.
Vivir como tus abnegados misioneros, como tus antiguos cruzados, para luchar por Ti.
Te pido Señor, que mi cuerpo sepa sufrir con la sonrisa en los labios,
¡Como sufrían tus mártires Señor!
Concédeme, ¡oh! Rey de las victorias, el perdón por mi soberbia.
Quise ser el soldado más valiente en mi Ejército, el español más amante de mi Patria, ¡perdona mi orgullo Señor!
Te lo ruego por mis horas en vela, el fusil y el oído atento a los ruidos de la noche.
Te lo pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día.
Por mis jornadas de sed y de hambre, de fatigas y de dolor.
Si lo alcanzo Señor, ya mi sangre puede correr con júbilo por los campos de mi Patria y mi alma puede subir tranquila a gozarte, en el tiempo sin tiempo de Tu eternidad.





























miércoles

El servicio militar

Por Carlos Martí.
Habana 1897

 Capítulo  I de su libro EL SOLDADO ESPAÑOL


Es preciso destruir de la mente del pueblo la aversión o temor al servicio militar. Nada más equivocado. El valor de un Estado, no es otra cosa que el valor de los individuos que lo componen, y nosotros añadiremos que entra por mucho el valor del Ejército que lo defiende.
Si nuestro pueblo, uno de los más valientes, espontáneos y entusiastas por la patria; el primero que emprende expediciones guerreras para conquista de terrenos ignotos a donde lleva el símbolo de la fe y la luz de la Civilización; que siempre está dispuesto a auxiliar a los perjudicados y castigar a los perversos; que se revuelve como el león ante un insulto y rugiente y feroz se levanta al solo anuncio de que haya quien pretenda atentar a su integridad; si este pueblo, repetimos, guerrero por vocación se interesara por la preponderancia de su Ejército, no haciendo caso de rutinas que a nada conducen, ¿qué duda cabe que seríamos la primera nación militar del mundo?
No basta -con los adelantos modernos de la guerra- ser valiente, heroico: es preciso una excelente instrucción militar, un interés por el Ejército siempre latente.
Existen preocupaciones erróneas que se agrandan a la mera cita de la rimbombante frase «contribución de sangre», pintando horrores de cuartel, penalidad de servicios, exceso de deberes, severidades.  . . y sabido es que en el verdadero fondo no existe ni la mal llamada contribución, ni los horrores, ni las penalidades, ni los excesos, ni la severidad extremada.
Los jefes, los oficiales son verdaderos padres de estos milIares de individuos que les están encomendados y que se los entregan apocados por no decir ignorantes y los devuelven al seno de sus hogares, instruidos y convertidos en verdaderos hombres, hercúleos para el trabajo, útiles a la sociedad, convertido en brazos para la patria.

Aprender a ser héroe, a tener abnegación es la más sublime de las carreras, y el Ejército es la escuela de los héroes.
Cuando el quinto se incorpora al cuerpo a que va destinado, cuando hace su primera entrada al cuartel sufre siempre una: gran decepción: va allí atemorizado por las leyendas populacheras que le han inculcado, y comprueba cuan destituidas están de fundamento: espera encontrarse con mandatarios y se halla con consejeros: cree que se le deparan sufrimientos y encuentra tranquilidad absoluta: teme una existencia llena de peligros y es sorprendido con una vida exenta de contrariedades.

Cumpliendo como el mejor de los soldados, se le distingue como al mejor de los hombres: trabajando como el mejor de los obreros, se le premia con la mejor de las recompensas: respetando y obedeciendo a sus superiores, se hace digno de la estima de todos, siendo en este loable caso su licencia una brillante recomendación para la sociedad, la familia, pudiendo asegurar que nunca le faltará el pan cotidiano pues ella le facilitará el trabajo donde quiera que lo solicite. Es la mejor patente para todo hombre de honor y realmente patriota.
¡La licencia absoluta! La licencia absoluta a su debido tiempo, sin nota desfavorable que la empañe, es timbre de orgullo que se trasmite a los hijos, a los nietos.
 ¡Servir a la patria! Servir a la patria es timbre de gloria para una estirpe, para toda una raza, convirtiendo el anónimo apellido en dorado nombre que se esculpe en el sagrado altar a la nacionalidad erigido. . .
Pocos, muy pocos, a no ser los que ya nacen al mal destinados, reniegan después de haber servido en el Ejército del tiempo pasado en filas, muy al contrario, pues les sirve de repetido recuerdo, ora para ensalzar las cualidades de sus superiores que con rectitud les han dado la norma del bien, ora para citar agradables ratos pasados con sus compañeros, ora para enorgullecerse de relevantes servicios prestados, los cuales les han valido elogios y premios de parte de sus jefes.

Al primer golpe de vista y bajo la mala impresión de lo que les han anticipado, verdaderamente asustan los deberes, las repetidas revistas, la instrucción y los servicios; pero a los pocos días cuando se les ha enseñado a ser cumplidores, y, lo son; a ser limpios y lo resultan; a ser buenos guerreros y se les hace; a ser puntuales, serios y servidores, evidenciándoles lo elevado de su misión, cuanto representan significan y valen, entonces se convierten en hombres. Y al serlo solo poseen una ambición: la de ser buenos soldados y como a tales anhelan la primera ocasión de demostrar su entero amor a la patria y al Rey: a su patria y a su Rey.