domingo

El conflicto de guerra olvidado

Por Francisco Javier de la Uz Jiménez.


            La última guerra de África en la que combatieron nuestras Fuerzas Armadas, fue la de Ifni-Sahara, desde noviembre de 1957 a febrero de 1958.  Fue una guerra breve, justa, dura, difícil y victoriosa.
           Breve, porque se supo llegar en un corto espacio de tiempo, tres meses, a imponer la paz.
          Justa, porque España pretendía defender lo que en derecho le pertenecía y, de hecho, tanto le convenía.
          Dura, porque hubo de realizarse en un terreno inhóspito, contra un enemigo correoso, con un Ejército de Tierra mal dotado, con una Armada vieja y una Aviación anticuada.
         Difícil, porque, en su tiempo, una guerra colonial de este tipo estaba condenada al fracaso. Eran aquellos años cincuenta en que la poderosa Francia y la poderosa Inglaterra perdían sus inmensos imperios coloniales.
         Victoriosa, porque España supo imponer, contra viento y marea, contra el llamado «viento de la historia» y contra la marea de la presión internacional, su paz.

         El territorio de Ifni fue cedido a España a perpetuidad por el sultán de Marruecos Mohammed IV por el Tratado de Wad-Ras, fue firmado en Tetuán el 26 de abril de 1860.
       
          Tras obtener en 1956 la independencia, Marruecos empezó a expresar su interés por descolonizar las posesiones españolas, fundadas en los proclamados vínculos históricos y geográficos de dichos territorios con Marruecos. El sultán marroquí, Mohammed V, alentó los esfuerzos para reclamar las posesiones españolas y personalmente financió a los conspiradores anti-españoles en Ifni.
          
      La Guerra de Ifni,  enfrentó a fuerzas  españolas  con  marroquíes en  la  pretensión por  parte de estas últimas de controlar el territorio de  Ifni  y Villa Bens/Tarfaya,  por  entonces  bajo  administración  española  como  parte de sus posesiones en el Sáhara Occidental al  norte de África, entre  noviembre de 1957 y febrero de 1958 y que  culminó con  el abortado  asedio  de  la  ciudad de Sidi Ifni.
 Diez años  después  el  Gobierno  de  España, en acuerdo de 12 de Octubre de 1968  otorgaría la retrocesión de Ifni a Marruecos. La Bandera española  se  arrió de Sidi Ifni el 30  de  Junio de 1969.

         La guerra fue dirigida fundamentalmente por elementos del Ejército de Liberación Marroquí, la antigua fuerza de liberación que luchó por la independencia contra los franceses, liderados por el dirigente del Istiqlal, Ben Hammú. Una vez obtenida la independencia, mientras que aproximadamente  la mitad  de  los miembros del ejército de liberación se constituían en el Ejército Real Marroquí, el resto se dirigió  al sur a  conquistar las  posesiones  españolas  en el norte de África. Los grupos armados marroquíes operaban por todo el territorio del Sahara.

      Las Bandas Armadas del llamado Ejército de Liberación contribuyeron eficazmente a la independencia de Marruecos, especialmente en la zona del protectorado francés. Una vez declarada la independencia y establecida la competencia de las Fuerzas Reales Marroquíes, las bandas armadas iniciaron su desplazamiento a la región sur del país.
      El 10 de Agosto se produjo la primera agresión a una fuerza armada española. El antiguo puesto fronterizo marroquí de Tiguisit-Igurramen, situado en nuestro territorio, aparecía desde días antes ocupado por un contingente de 80 a 100 hombres del Ejército de Liberación. Una patulla española, cuya misión era reparar una línea telefónica cortada, recibió fuego de fusilería al pasar por las proximidades del puesto marroquí. Se repelió con fuego al enemigo y se retiró la fuerza.
        
      El 24 de Agosto se acusa ya la existencia de una importante masa de 800 hombres entre el Aaiún del Draa y Eglimin, o lo que es igual, entre el enclave de Ifni y el río Draa, frontera entre Marruecos y la zona sur de nuestro protectorado.

      Mientras tanto, las tropas marroquíes se agruparon en las inmediaciones de Ifni. El 23 de Octubre, dos pueblos en los alrededores de  Sidi Ifni,  Goulimine y Bou Izarguen, fueron ocupados por 1.500 soldados marroquíes (muyahidín). El cerco había comenzado.

     Debido a los acontecimientos, las autoridades españolas deciden enviar por vía aérea desde Melilla, entre los días 5 y 11 de Noviembre, la II Bandera de la Legión a Villa Ben, transportada por aviones T-3 (Douglas). La VI Bandera, había sido transportada desde esta ciudad por mar a bordo del Crucero “Canarias” y del Destructor “Méndez Núñez” a Las Palmas de Gran Canaria y posteriormente en avión y por los mismos medios, desde la Base de Gando, llega entre el 7 y el 11 a El Aaiún; donde ya se encontraba la XIII Bandera. Quedando desplegada la quinta Unidad Legionaria en Villa Cisneros con  la IV Bandera.  También se desplazaron a Ifni la II Bandera Paracaidista y dos Compañías del Regimiento de Infantería de Fuerteventura.

      Tras una serie de incidentes en los meses previos, la Guerra de Ifni-Sáhara comenzó el 23 de noviembre de 1957, cuando el Ejército de Liberación atacó de forma coordinada el polvorín de Sidi Ifni y las posiciones defensivas españolas.

       El 20 de noviembre, los servicios de inteligencia españoles en Ifni supieron  que los indígenas de la zona de Hameiduch, al norte del territorio, hacía tiempo que se dirigían al Zoco el Jemis, en Marruecos, donde se les entregaban armas y se les organizaba en escuadras y pelotones. También se sabía que 1.500 hombres de las BAL, a las órdenes de Ben Hammú, habían salido de sus campamentos  habituales con destino desconocido; así que los ataques de los marroquíes, eran inminentes.
        Gracias a esto y a otras informaciones, tales como una de origen francés, en la que se sabía tenían como objetivos el campo de aviación y el Bu Laalam que domina de cerca la población, no hubo sorpresas.
    
      A las cuatro de la mañana del día 23 de Noviembre de 1957,  quedaron cortadas todas las líneas telefónicas con los puestos avanzados en la frontera. Se intentó el enlace radio con los puestos en los que se contaba con ella. Uno a uno fueron saliendo. Había inquietud en todos, pero la única novedad era el corte de la comunicación telefónica. Se esperaba algo. No estaba claro dónde ni cómo sería el estallido.
    
      A las 5,30 horas de la mañana se resolvió la incógnita. La tormenta estalló sobre el mismo Sidi Ifni. El enemigo infiltrado, intentaba alcanzar el depósito de municiones. Un escucha, al ver las sombras dio el alto. Las sombras siguieron y el muchacho disparó su arma. Un grupo de indígenas inició el fuego mientras otros corrían hacía el objetivo. La guardia del Depósito hizo fuego con sus viejos Máuser repeliendo la agresión junto con un Retén que se unió a ella. Los asaltantes se quedaron sorprendidos y tras un fuerte tiroteo, fueron desapareciendo de la vista y siguió la pelea por el fuego, desde lejos.

           Aunque el asalto a la capital fue repelido con éxito, varias posiciones cayeron en manos del enemigo, mientras que otras, como las de Telata y Tiliuin, fueron sometidas a un duro asedio.

       Quizá la situación más grave era el caso del  Zoco de Telata de Sbuía, en el Sur. Era un nudo de comunicaciones importante situado en una gran hondonada, rodeado de montañas, no muy altas, pero sí muy quebradas. Había en él una importante guarnición, constituida por la Plana Mayor de la 3ª Compañía del Grupo de Policía de Ifni y la 12ª Compañía de Fusiles del III Tabor, más una Sección de ametralladoras de Tiradores de Ifni y un destacamento de transmisiones. Con un conjunto de no menos de 130 hombres, entre los que casi un 40 por ciento eran indígenas.
        A las 06.30 de la madrugada del 23 de noviembre de 1957, varios grupos del Ejército de Liberación Marroquí atacan el puesto de Telata, con intenso fuego de fusilería, ametralladoras y morteros. El ataque había sido muy duro desde el primer momento. Y no sólo por el fuego, sino que hubo un asalto a la posición y un furioso combate dentro de ella. Arrebataron los asaltantes un fusil ametrallador, pero el Sargento Salomón, don Salomón Díaz Andrés, Sargento de Infantería, se lo arrebató de las manos a bombazos, resultando gravemente herido en una pierna. El jefe de la Sección de Policía Indígena, Brigada de Caballería Luis Gutiérrez Nalda, resultó también gravísimamente herido al repeler al enemigo, obligando a éste a abandonar la posición.

       La gravedad de las heridas de estos hombres ejemplares aconsejó su evacuación inmediata. Sólo una intervención quirúrgica podía salvarles la vida. No se dudó. Se organizó lo más rápidamente que fue posible un Destacamento de Socorro, compuesto por una Sección de la II Bandera Paracaidista, al mando del Teniente Ortiz de Zárate, reforzada con un pelotón de ametralladoras y un equipo de destrucciones y transmisiones, cuyo cometido era llevar a Telata una ambulancia con un Oficial médico y un Brigada practicante. La salida se produjo a las cuatro de la tarde desde un Sidi Ifni cercado por el enemigo. Parece que el Teniente Ortiz de Zárate, hombre de excelente temple militar y moral, dijo a sus hombres en este momento una frase breve, a manera de arenga: “A Telata o al Cielo." Era la aceptación del sacrificio por un soldado ejemplar. Aunque la distancia no es grande, 35 km, la marcha no pudo ser rápida. El enemigo, dueño del campo, hostilizó a la pequeña columna, tratando de detenerla, sin conseguirlo.

          El día 24 de noviembre la situación empeora. En Telata los heridos siguen muy graves. La Sección del Teniente Ortiz de Zárate avanza muy lentamente por la pista que unía Sidi Ifni y Tiliuin (los camiones no podían ir campo a través, dado lo abrupto del terreno ifneño), puesto que los irregulares marroquíes habían interpuesto piedras en el camino. A esto había que añadir las frecuentes emboscadas realizadas por los marroquíes que, al día siguiente, causaron varias bajas, forzando a la expedición a abandonar los camiones y salir de la pista por la que transitaban. A pesar de ello, ha sido vista por la aviación avanzando hacía el puesto, con grandes dificultades, totalmente rodeada de enemigos y con víveres y agua en cantidad tan limitada que exigen el abastecimiento por vía aérea.
      
            A partir de este momento, se les provee de víveres y agua por avión. Pero el enemigo no cesa en su ataque. El día 26 muere el Teniente Ortiz de Zárate. El Sargento Moncadas toma el mando. Al final, cuando son rescatados, el balance de bajas es de cinco muertos y catorce heridos graves. Se concede al Teniente y al Sargento la Medalla Militar Individual.

        En los otros puestos grandes sigue la resistencia. La situación más delicada, incluida la de la Telata con sus muertos y heridos graves desde el primer día, era la de los Puestos más alejados: al Norte, Tabelcut, Bifurna y Hameiduch; al Sur: Tiliuín.
  
        Tiliuín en el Sur, a muy escasos kilómetros de Egleimín, uno de los centros de organización de las Bandas Armadas de Liberación en territorio marroquí, parecía el más peligroso de todos los Puestos. La guarnición había sido bombardeada desde el primer día con morteros. En un intento de ocupación del puesto a la fuerza, el enemigo había llegado al botiquín. Componían la guarnición de Tiliuín una Sección de la Policía y otra de Tiradores de Ifni, unos 60 hombres, de los que una tercera parte eran indígenas.

       A parte de estas acciones en el interior del territorio, la Fuerza Aérea española intensificó sus servicios de transporte, con los cinco Junkers Ju-52 que tenían en Sidi Ifni. El día 25 saltaban en paracaídas 75 paracaidistas (15 de cada avión) de la II Bandera, sobre el puesto avanzado de Tiliuin, en tanto que un sexto lanzaba armas y suministros. Estas fuerzas también quedaron cercadas en el poblado.

         El ataque general del 23 de noviembre tuvo un éxito limitado a la ocupación de los puestos aislados de Policía y de los puestos de importancia del Norte. Sidi Ifni, objetivo principal, había repelido con dureza el ataque.
        
       El día 26 de noviembre quedan algunos puestos, entre ellos, Telata y Tiliuín. Tealta había sufrido el mayor número de bajas, veintidós, pero también era, después de Tigsa, el puesto de guarnición más numerosa.

       El caso de Tiliuín era el más comprometido, sus bajas superaban ya  el  diez por ciento de sus efectivos y los ataques arreciaban en el puesto fronterizo del Sur.
       
       Según el Diario de Operaciones del Grupo de Tiradores de Ifni, el comentario del Gobernador General del África Occidental español, General Gómez Zamalloa, en un resumen de la situación del día 26 de noviembre es claro: “Tiliuín. Situación gravísima. No me extraña se perdiese. Actuación este puesto es verdaderamente heroica”. En lo que se refiere al Teniente Ortiz de Zárate dice: “Sección Bandera Paracaidista apareció cerca de Telata. Los hemos reconocido vía aérea. Teniente fenómeno. Continúa combatiendo”

                 La nueva orden del Estado Mayor Central, fue recibida en la madrugada del día 29 de noviembre, en ella se dispone la liberación de los puestos cercados, aunque imponiendo una serie de condiciones imperativas. La primera y más importante, es que no se haga nada hasta que los refuerzos llegados “aseguren por completo la defensa y mantenimiento de Sidi Ifni”.

        El día 30 termina de llegar a Sidi Ifni la VI Bandera de la Legión, se incorpora una Compañía de Infantería de Marina, desembarca un Batallón expedicionario, el del Regimiento  de Infantería Soria nº 9 y toman tierra los primeros elementos del Batallón de Pavía nº 19. Se inicia el periodo de la recuperación de los efectivos militares y personal civil aislado en los puestos del interior.
  
       Se dispone, como elementos de maniobra, de las dos Banderas de Paracaidistas, la VI Bandera de La Legión, uno de los Tabores de Tiradores, el IV, y dos Compañías del Regimiento Infantería núm. 9. Se propone el Gobernador General con esta fuerza, realmente importante ante los efectivos que pudiera reunir enemigo, liberar en una sola operación a los puestos de Telata. Tilliuín y  Mesti.

      El día 3 por la tarde alcanzaron la zona del Vértice Agri, donde liberaron a la Sección de paracaidistas y, poco después, Telata. Tiliuin fue alcanzado, por tierra, el día 4 y evacuado inmediatamente, replegándose la agrupación el 5, primero sobre Telata y después sobre Biugta, con la protección, a partir de Anamer, de la 1ª Bandera de Paracaidistas, que había acudido desde Biugta. Las fuerzas españolas se replegaron entonces hacia Sidi Ifni, tras desmantelar las instalaciones de Telata y Tiliuin para evitar que pudieran ser utilizadas por el Ejército de Liberación.
      El resultado en conjunto fue muy positivo. Lo que el Mando se había propuesto se había conseguido, a pesar a las adversas circunstancias atmosféricas y a pesar del enemigo. Las guarniciones fueron rescatadas en su totalidad, junto con el personal civil que se encontraba en los puestos, sin que para ello hubiera que librar grandes combates. Este hecho cambió considerablemente el aspecto del conflicto.

       Sidi Ifni, abastecida logísticamente desde el mar por buques de la Armada española y protegida por una línea de posiciones defensivas, establecidas a lo largo de un perímetro de 27 kilómetros y a 8-10 Km. del centro de la ciudad, que para el 9 de diciembre albergaba unos 7.800 defensores, Sidi Ifni resultó inexpugnable. Debido a la orden del EMC en un telegrama al Gobernador General, “Esta línea se defendería a ultranza”.

         Parece ser que Ifni podía ser atacado por fuerzas procedentes del Norte, con conocimiento y ayuda – o sin ellos – del Gobierno marroquí. También podía ser atacado, quizá simultáneamente,  por las bandas concentradas en la región norte del Sahara, abandonada por orden superior y que parecía ser centro de movilización de estos contingentes en el  Sur. La carretera Agadir- Mirleit – Tabelcut –Sidi Ifni podía ser el eje de avance de las partidas del Norte.
         La defensa, para ser eficaz, tiene que tener un carácter activo. Las fuerzas de tierra de Sidi Ifni no podían activar esta defensa hasta que el enemigo no llegara a estar al alcance de sus armas, hasta que alcanzase la posición defensiva. Sin embargo, la Armada y el Ejército del Aire podían llegar con su amenaza o su acción a las zonas en que se incubaba el peligro o a aquéllas que podían ser camino para llegar a Sidi Ifni.
        Ambas se pusieron en práctica.
       Los aviones recibieron órdenes de atacar Tantán, de «bombardear masivamente Tantán". Los buques la de hacerse ver entre Sidi Ifni y Mirleit y, caso de que vea objetivo conveniente, batirle por el fuego.
      Por otra parte, la actividad de las Banderas Paracaidistas españolas fue determinante en la defensa de Ifni. Por primera vez en la historia militar de España se lleva a cabo el empleo táctico  de tropas paracaidistas en acción de guerra; para las Fuerzas Paracaidistas este fue su “bautismo de fuego”.

        El asedio, que duró hasta junio de 1958, transcurrió sin grandes incidentes y relativamente sin derramamiento de sangre, ya que las fuerzas españolas y marroquíes concentraron sus recursos en los escenarios del Sahara español.

     En enero de 1958, Marruecos redobló su dedicación a la campaña contra España, reorganizando todas las unidades militares en territorio español, como el Ejército de Liberación Saharaui. Mientras tanto, la IX Bandera de la Legión es enviada al Sahara español a reforzar las tropas allí estacionadas.

      Para completar los planes trazados desde Madrid, y antes de iniciar la colaboración plena con los franceses, parecía conveniente  hacer una comprobación  que confirmara el grado razonable el concepto de despliegue enemigo y para ello se realizó el último reconocimiento armado.

      Le corresponde esta dura misión a la XIII Bandera de la Legión, bajo las órdenes de su Comandante, Ricardo Rivas Nadal. Con ella había de actuar la 2ª Compañía de la VI Bandera, un destacamento del Grupo de Policía Indígena nº 3, una Sección de Automovilismo expedicionaria y dos vehículos de Transmisiones de la Compañía expedicionaria del Regimiento de Transmisiones de el Pardo.

     A primera hora de la mañana del 13 de Enero de 1958 sale de El Aaiún la XIII Bandera y las unidades de refuerzo, atravesando la Saguia en dirección Sur – Norte. Lleva en vanguardia, en misión de seguridad de la columna, a la 2ª Compañía, mandada por el Capitán Jáuregui.

        A las 10,15 horas, en las proximidades de Edchera, a unos veintiocho kilómetros de El Aaiún,  la vanguardia recibe fuego enemigo procedente de la Saguia. El Capitán ordena a su Compañía atacar a la resistencia aparecida. Conforme avanza contra el enemigo, recibe un fuego cada vez más intenso, bien dirigido, que le produce abundantes bajas. Una vez establecida la base de fuegos, la Bandera inicia el ataque a la resistencia enemiga. 

      Los sangrientos ataques continuaron hasta la caída de la noche, cuando las fuerzas marroquíes, demasiado desperdigadas y sin hombres suficientes para continuar el ataque, se desvanecieron en la oscuridad.

      Al amanecer puso al descubierto la magnitud de las pérdidas. Muerto el Capitán Jáuregui, muertos los Tenientes Gómez Vizcaíno y Martín Gamborino. 
Muertos el Brigada Fadrique Castramonte y el Legionario  Maderal Oleaga pertenecientes a la XIII Bandera, se les concede la Laureada de San Fernando.

     El número total de bajas entre los días 13 y 14 es de ciento doce. De ellos 64 heridos y 48 muertos. Pertenecientes a la XIII Bandera, Transmisiones,  VI Bandera, Grupo de Policía Indígena y dos conductores de Automovilismo.

      El 19 de febrero de 1958 la destrucción del enemigo en la zona de la Sguia el Hamra era un hecho. Por lo tanto, lo que las operaciones en la Saguia el Hamra habían demostrado era la posibilidad de volver a ocupar todo el Sahara español sin especiales problemas.

      Quedaban en el sur de este extenso territorio algunos núcleos de las Bandas Armadas en actitud rebelde. Tenían a su favor, como siempre, su facilidad de ocultación y su conocimiento del medio ambiente. En contra, tenían la escasez de sus efectivos, la actitud de la población y su incomunicación con Marruecos.

      En febrero de este año, tropas franco-españolas lanzaron una importante ofensiva que desmanteló con éxito al Ejército de Liberación Sahariano. La maniobra concebida era que los españoles y los franceses cooperaran en la acción desde sus respectivas posiciones, asignando a los primeros la zona ocupada por el enemigo con mayores efectivos.

      Se crearon, cuatro Agrupaciones de combate, dos españolas y dos francesas. El ejército español, avanzando desde El Aaiún y Villa Cisneros (Operación Teide), junto a tropas francesas que operaban desde Fort Gouraud y de Port Etienne (Operación Ecouvillón), atacaron contundentemente a los marroquíes el 24 de febrero, destruyendo las concentraciones del Ejército de Liberación Sahariano entre Bir Nazaran y Auserd. Por primera vez, el poder aéreo masivamente superior de los europeos fue aplicado, ya que Francia y España desplegaron una escuadra de 130 aviones.

Los carros de combate M –24 desembarcaron en Villa Bens de las barcazas K -2. El apoyo de la Armada fue condición necesaria de la acción terrestre. Diez había en la División de Caballería y los diez fueron al Sahara y resultaron útiles por su acertado empleo.

       Ambas Agrupaciones españolas, el día 21 alcanzan sus puntos de destino iníciales. Los de El Aaiún, Bit Nazaran, por la tarde; los de El Aargub, Auserd, a medio día. El día 22 por la tarde, la  Agrupación que partió de El Aargub se dirigió a la zona de Agracha, cerca de Sebja de Tennuaca, donde de esperaba encontrar resistencia. No tardó, en efecto el enemigo en presentarse a la cita.

       El día 23 de febrero, el Batallón de Cabrerizas perteneciente a esta Agrupación, abordó muy de mañana la posición enemiga. El combate fue duro desde el primer momento. El enemigo, encerrado irremisiblemente entre las dos agrupaciones españolas y las dos francesas, sin ninguna posibilidad de escape, se defendió con tenacidad. Los de Cabrerizas atacaron con dureza legionaria. Fue un combate a muerte entre dos adversarios bien adiestrados y dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias la lucha. Una lucha sin frentes ni retaguardia, en la que el fuego de las armas aparecía y desaparecía como por arte de magia. Una lucha en la que nadie podía estar seguro en ninguna parte.
       La noche vino a poner un obligado descanso. Las unidades se reagruparon. Vino el recuento de bajas. El doloroso recuento. Habíamos tenido diecinueve heridos.
      La pretendida «limpieza» del sur del Sahara estaba costando más trabajo y sangre de lo que se había pensado. El enemigo, acorralado, estaba dando una prueba de fortaleza inesperada. Parecía lógico que con el nuevo día la resistencia desapareciera.
       No fue así. El 24 estaba previsto perseguir al enemigo. Se esperaba, una vez más, que escapara, que se esfumara, como se esfumó en la Saguia. Pero el enemigo, el poco enemigo que quedaba, vendió cara su piel. Las tierras altas al oeste de la Sebja de Tennuaca fueron nuevamente testigos de una dura lucha, aún más dura que la del día anterior. Era imposible en aquellos cerros rocosos hacer sentir los efectos del superior armamento español. De nada servía la Aviación donde los hombres se escondían en las grietas de las rocas, en los escarpados calizos cortados a pico, en la sombra obscura de las acacias y de las talhas.
        El tributo de sangre de los bravos hombres de Cabrerizas fue aún mayor. Un total  de siete heridos y cinco muertos. Y esta fue, prácticamente, la última sangre que se derramó por España en combate abierto con un enemigo exterior.
      Terminada la acción, las agrupaciones francesas se retiraron de nuestro territorio. Una de ellas por tierra, hacia Fort Gouraud, y la otra por mar, embarcando en Villa Cisneros.

Formación en línea de loa ametralladoras-cañón, compradas en Francia de segunda mano, para el Grupo de Escuadrones de Santiago. Material viejo que dio un excelente resultado tratado por manos expertas.

      Una de las dos Agrupaciones todavía prosiguió las operaciones de limpieza, mientras que la fuerza procedente de El Aaiún se mantuvo en su mayor parte en la región de Bir Nzarán-El Aar ub, pasando a formar parte del IV Tercio de La Legión, Alejandro Farnesio, de guarnición en Villa Cisneros.
        El 1 de Abril se firman los acuerdos de Angra de Cintra entre los Gobiernos español, y marroquí. Por este acuerdo se entregaba a Marruecos Cabo Yuby, entre el río Draa y el paralelo 27º 40´,  excluyéndose Sidi Ifni y el resto del Sahara español.

        A pesar de ello, España acabaría entregando también Ifni once años después, en cumplimiento de la Resolución 2072 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1965. Esta resolución se refería también a Saguia el Hamra y Río de Oro, agrupadas entonces con el nombre de Sáhara Español, pero el abandono de esta provincia no se produjo hasta 1975, tras la Marcha Verde.


viernes

Ifni - Sahara. La Guerra Ignorada




..oOo..
Ifni-Sahara 
LA GUERRA
IGNORADA




















En las páginas de varios libros se citan unos hechos en los que intervengo, todos ellos tomados del Diario de Operaciones de Ifni.








sábado

2ª Parte de la Operación Netol



Según un escrito de José Luís González Vicente.


El Gobierno General del África Occidental Española dicto con fecha 30 de noviembre de 1957, la 0rden de operaciones “ P.3”, que traducido al castellano antiguo quiere decir OPERACIÓN NETOL (netol era un producto de limpieza de aquel entonces ).

En primer lugar se debía progresar por la carretera de Anamer a Telata hasta alcanzar una línea delimitada por Bu Iderrossen-Tiragüin-Tingrat.
En otra acción simultánea había que progresar a caballo de la carretera de Sidi Ifni a Mesti, asegurar el nudo de comunicaciones a Biugta, rescatar a los defensores de Telata y Tiliuin, enlazar con la columna cercada del teniente Ortiz de Zárate, limpiar de enemigos el macizo de Ixuxard-Laaraguid, garantizar la libre circulación de la carretera Sidi Ifni-Anamer-Telata y, por último replegarse sobre Biugta.


Pero tranquilos muchachos, que no sé que coño ha pasado, que todos los planes se han ido al traste y de la Operación Netol, no queda en pié más que lo asignado a la Primera Bandera del Comandante D. Ramón Saraluce.
Será para que tengamos un bautismo de fuego que no olvidaremos nunca. Un regalo de Navidad.

El Comandante Saraluce, en una carta dirigida a alguien, le dice:
“El día 30, nada más escribirte, sobre las 12 de la mañana, me llamaron del Estado Mayor para confiarme una misión urgente y secreta (ahora ya se puede), infiltrarme en terreno enemigo 26 kilómetros, atacar un nido de comunicaciones (por carretera), y acudir a la máxima urgencia a liberar el puesto de Mesti, en donde dos sargentos con 20 hombres resistían copados desde el día 23.”


Día 1 de diciembre de 1957. Son las cuatro de la mañana. Saraluce ante todos, de pie, tieso como un palo. Semblante serio:

“ Caballeros Paracaidistas, ha llegado el momento de demostrar el valor y grado de instrucción de esta Unidad, vamos a atacar al enemigo y liberar a nuestros hermanos españoles que se encuentran sitiados, tengo absoluta confianza en vosotros y espero también que, como siempre, obedezcáis a vuestros mandos, para que actuando todos unidos logremos el cumplimiento de la misión y con ello la Victoria”.

En marcha paracaidistas. Aún era de noche cuando la bandera se adentró por la pista que conducía a Biugta. ocupando cada uno de los flancos de la misma y dejando el centro libre para los vehículos.


Al frente de la columna marchaba la 2ª Cía., mandada provisionalmente por el teniente José Cassinello Pérez. Apenas faltaba medio kilómetro para llegar a Biugta y reinaba aún el silencio más completo.

De pronto se desató el infierno. Primero una, después dos, tres... armas automáticas desgranaron su mortal tableteo. Una lluvia de balas cayó de imprevisto sobre los sorprendidos paracaidistas de la 2ª Cía. Solo el nerviosismo del enemigo, que le llevó a romper el fuego cuando nos encontrábamos aún demasiado lejos o su mala puntería evitó lo peor.

Aún así el CLP Fernando Ramos resultó alcanzado por los disparos y murió instantáneamente. La primera reacción tanto del oficial como de los soldados fue la de lanzarse de bruces en el suelo, pero el teniente Cassinello comprendió que permanecer inmóviles a descubierto sería un suicidio, pues ofrecían un buen blanco y, aunque el enemigo fuese un mal tirador, acabaría por acertarles, así que decidió acortar distancias y lanzarse al asalto con toda su 2ª Cía.

Se realizó entonces una maniobra de flanqueo a cargo de la 1ª Compañía y la 3ª.
Hay que trepar monte arriba como los gatos. Hay que ocupar las alturas o cotas 400 y 420. Tira “parriba” que aquí nos fríen. Las ocupamos y cuando ya iban a ir, se encontraron con “los moros” ocultos entre tabaibas, se organizan una serie de tiroteos. Se llega casi al cuerpo a cuerpo, y por fin, los moros, como siempre, huyen, dejando algún que otro muerto.


Poco después la I Bandera hizo su entrada en Biugta, tal y como explica su comandante: “En pocos momentos es cercado el poblado y asaltado a bombas de mano, casa por casa y patio por patio, el poblado entero es una hoguera gigantesca que da testimonio del arrojo y valor de una fuerza que no se amilana ante las emboscadas...”

Tras la toma de Biugta, hay que seguir, a pié. Hay que continuar hasta el segundo objetivo: El Mesti.
Saraluce ordena que sea otra vez la 2ª Cia la que vaya en vanguardia. Hay que trepar por las escarpadas pendientes de la cota 300. El teniente Casinello, al frente de sus hombres realiza la operación como jabatos, pero..............

Los paracaidistas subían como podían el acusadísimo desnivel que, además, estaba cubierto de cactus. A aquella hora de la tarde, el sol parecía vomitar rayos de fuego sobre los sudorosos soldados. Las cantimploras hacía rato que estaban vacías pues llevaban muchas horas andando, la boca estaba pastosa, los labios hinchados y la lengua parecía papel de lija. Por si fuera poco el casco de acero multiplicaba por diez los efectos del sol, pero estaba prohibido quitárselo por temor a los «pacos».

Fue en aquéllos momentos cuando los rebeldes empezaron a disparar sobre la 2ª Cía. Los paracaidistas de Cassinello habían sido cogidos en muy mala posición, a media pendiente y casi sin poder cubrirse debido a los afiladísimos cactus, por lo que el comandante Soraluce mandó de inmediato a los morteros de la 5ª Cia que dispararan sobre la cima de la cota 300, donde parecía que se habían parapetado los moros.

Las granadas de mortero 81, fueron a parar, ¡ al otro lado de la montaña !.

Pero.......... los de la 5ª nos dijeron:
“Apenas teníamos práctica con el mortero al haber sido enviados al frente sin ningún tipo de instrucción, así que hacíamos lo que buenamente se podía. Como era lógico nuestros disparos no cayeron donde nos señalaba el capitán Arroyo, sino mucho más lejos, pero quiso la suerte o la casualidad que una de las granadas fuese a parar cerca de una concentración de moros que se preparaba para emboscarnos, causándoles tanto miedo que todos salieron corriendo”.

El propio Comandante escribiría: “En un barranco que forzosamente teníamos que atravesar, nos prepararon otra emboscada, pero gracias a Dios y a lo mal que tiraban nuestros morteros, los descubrimos....”

Mientras la Iª Cia. al mando del Capitán Pedrosa, iba abriendo camino hacia El Mesti, por la parte de montaña que les había tocado en suerte, llegando al poblado sin sufrir muertos ni heridos.

En el puesto recién liberado se repitieron unas escenas de alegría que serían comunes, a lo largo de aquéllos días, en todos los poblados cercados y liberados. Los sitiados llevaban diez días sin apenas dormir, con la comida y bebida racionadas drásticamente, y con muy pocas esperanzas de sobrevivir. Los edificios estaban totalmente acribillados, tanto por dentro como por fuera, pues las balas, después de destrozar los vidrios de las ventanas, se estrellaban contra los tabiques interiores. Por fortuna no había que lamentar ninguna baja entre los defensores lo que, en todo caso, no decía mucho sobre el ardor guerrero de los atacantes.

Para evitar la posibilidad de un nuevo cerco, a la vez que cubría los accesos a la población, el comandante Soraluce desplegó a la Iª Bandera por todo el zoco de Mesti, así como por el vecino Dar Hammed u Brahin. No obstante este dispositivo tenía un punto débil, el defendido por la Iª Cia, los novatos, sobre la que casualmente recayó toda la presión enemiga.



viernes

1ª Parte de la Operación Netol


Según un escrito de José Luís González Vicente

Día 1 de Diciembre de 1957

A las 4 horas se manda formar, se da el desayuno y se reparten dos ranchos en frío por cabeza; una vez reunida la fuerza, el Jefe de la Bandera dice sobre poco más o menos estas palabras, “Caballeros Paracaidistas, ha llegado el momento de demostrar el valor y grado de instrucción de esta Unidad, vamos a atacar al enemigo y liberar a nuestros hermanos españoles que se encuentran sitiados, tengo absoluta confianza en vosotros y espero también, que como siempre obedezcáis a vuestros mandos, para que actuando todos unidos logremos el cumplimiento de la misión y con ello la Victoria”.

A las 7 horas, una vez ocupada la Base de partida en el arroyo de las palmeras, se inicia el avance, llevando como eje de marcha la carretera de Biugta. La progresión ha de hacerse forzosamente por la carretera, ya que por carecer de ganado, el material de Compañía de Armas Pesadas y Botiquín, es transportada en un camión.

El Plan Netol, comprende la orden de “ocupar Biugta en fuerza para permitir la circulación por carretera y después liberar el Zoco de Arbea de Mesti, regresando la Columna a Biugta”. El Zoco de Arbea de Mesti, se encuentra ocupado, sitiado y guarnecido por dos Sargentos y 18 de Tropa.

Hasta los seis kilómetros de marcha el enemigo no da señales de vida, pero la carretera se encuentra barreada con piedras, se adoptan medidas de precaución con flanqueos y se procede a la limpieza de la misma, poco más adelante, en una zona en que la carretera sigue bordeando un talud, hay un corte de unos dos metros de ancho por metro y medio de largo, que es reparado sin que el enemigo hostilice. En las inmediaciones se ven moros vestidos de paisano que se mantienen en actitud expectante, como no hay actos de hostilidad por su parte se prosigue el avance sin hacer fuego.

A unos trescientos metros de Biugta, la Bandera recibe intenso fuego, principalmente de armas automáticas, ametralladoras y sub-fusiles. En un instante las Cías., adoptan el orden de combate, mientras la Cía. de exploración de vanguardia se lanza al ataque frontal, las demás se lanzan a ocupar las alturas para envolver a Biugta.

El fuego enemigo se ha desencadenado en un abrir y cerrar de ojos, pero la reacción de los paracaidistas ha sido si cabe más rápida, como si se tratara de un simple ejercicio táctico, toda la Bandera ha desplegado sin mediar gritos ni toques de silbato, los legionarios se lanzan al ataque en perfecto orden, apoyados por el fuego de sus fusiles ametralladores, ametralladoras y morteros; la furia del primer escalón es incontenible, se lanzan sobre Biugta como un alud de fuego, en pocos momentos es cercado el poblado y asaltado con bombas de mano, casa por casa y patio por patio, el poblado entero es una hoguera gigantesca, que da testimonio del arrojo y valor de una fuerza que no se amilana ante las emboscadas de un enemigo que actúa artera y traidoramente.




martes

Honor y Gloria.

 La Guerra de Ifni-Sahara (1957-1958) vista por la prensa española actual.


 La gestión de los medios informativos de la época, partía de una abrumadora contradicción. De un lado no se podía admitir que se vivía en una situación de guerra. De otro, apenas podía ocultarse que la gravedad de la situación exigía una creciente dotación de recursos que estaban siendo enviados desde la península. Resultaba difícil explicar la marcha de abundante contingente y material si, como se sugería, se trataba de incidentes menores. 
Esta extraña contradicción va a tener su origen en la torpe política exterior española que en los años inmediatamente anteriores al conflicto, había presentado a Marruecos ante la opinión pública como el aliado indiscutible de España y, a los pueblos árabes y musulmanes en general, entre los que se encuentran como es sabido los principales exportadores de petróleo, como una preferencia absoluta que oponer a los desaires acumulados durante años de los países occidentales. 
 En un contexto, el de 1957, en el que precisamente España intentaba una renovación de su imagen exterior, asumir ahora que todo ese tiempo se habían estado equivocando las verdaderas intenciones de nuestro vecino del sur, equivalía a aceptar una ineptitud más que evidente de nuestros gobernantes. Por otro lado, el sultán de Marruecos, Mohamed V jugaba sus cartas con la sutileza que ha caracterizado siempre a la casa real marroquí y en todo momento evitaba declararse abiertamente contra los intereses de España, recayendo la responsabilidad de los incidentes en las BAL, un grupo armado que ejercía de brazo del Istiqlal, movimiento promarroquí que aspira a la construcción del gran Marruecos con la anexión del Sahara español y francés más el territorio de Mauritania, extendiéndose así hasta el Senegal. 
 Desde luego nada a lo que en principio, la monarquía Alauí quiera o deba oponerse, en tanto las pretensiones nacionalistas no impliquen prescindir de su papel en ese mapa de intenciones. Entre tanto, Estados Unidos, país para el que mantener su alianza con Marruecos es la llave de sus intereses en el norte de África, recibe un poco antes del ataque, la visita del sultán marroquí, hecho que la prensa de la época recoge “de forma un tanto sospechosa”. Hay que decir que en este conflicto, la televisión fue un fenómeno minoritario aún, y la radio había sido poco investigada por la escasez de recursos sonoros conservados que no permite analizar con claridad ni el impacto, ni la proporción de las informaciones entre el resto de noticias. 
 Dejando a un lado el NO-DO, que no muestra los hechos sino el modo en el que la recluta obligatoria allí desplazada invierte sus horas de tiempo libre, asistiendo a alegres actuaciones de Carmen Sevilla ó Gila, va a ser la prensa el medio más investigado y del que aquí daremos principal cuenta. Los periódicos nacionales redundan en torno a dos ideas: el heroísmo de nuestras tropas, subrayando el papel de los primeros caídos en combate, en especial el teniente Ortiz de Zárate y el alférez Francisco de Rojas, oficiales paracaidista, y del Soria nº 9. 
La segunda idea que se esfuerzan en destacar es la de la progresiva vuelta a la normalidad en la totalidad del territorio, presentando así los acontecimientos como un mero hecho aislado, lo que como se sabe, distaba mucho de ser cierto. La situación de deterioro que se sufría en el África Occidental española había llevado a un ambiente pre-bélico que vino casi a coincidir con el nombramiento del General Zamalloa como nuevo Gobernador General. Su llegada se produce el 23 de Junio de 1957 y el ataque a Sidi Ifni, capital de la provincia, tendrá lugar el 23 de noviembre. Se tiene conocimiento de que las BAL han conseguido reclutar en torno a 1.000 ó 1.500 efectivos, según informaciones procedentes del lado francés, pero que corroboran fuentes indígenas. 
La movilización pretende asaltar la pista de aviación y el depósito de armas de la capital de Ifni y casi de forma simultánea los otros puestos españoles como Mesti, el zoco de Arbaá, Telata de Sbuía, etc..., en lo que parece una acción largamente planificada. Los españoles logran aguantar en Sidi-Ifni y se inicia el despliegue para tratar de afianzar las posiciones a la vez que recuperar, si ello es posible, los puestos del interior que quedarán en una situación muy difícil durante los días siguientes. En líneas generales se trata de una reacción adecuada en plazo y forma, según los medios disponibles, que no eran muchos. A decir verdad éstos resultan tan escasos que el conocimiento de esa vulnerabilidad parece actuar indiscutiblemente como un incentivo decisivo en la voluntad de actuar de la fuerza enemiga. 
Entre el anecdotario de aquellos días se guarda el recuerdo de soldados a los que se les llegó a entregar hasta cinco máuseres en la esperanza de que alguno de ellos funcionara. O el bombardeo desde Junkers de los que habían quedado entre el material alemán suministrado durante la Guerra Civil, con bidones de combustible a los que se les ha acoplado un iniciador de elaboración casera inventado por un teniente mañoso. 
Es la imagen que ha quedado en los anales, la de una guerra pobretona, calificada por algunos como “guerrita de Ifni”, cuando el número total de bajas se estima en torno a las 800 entre muertos, heridos y desaparecidos. 
Las Bandas Armadas de Liberación (ó Ejército de Liberación) estaban formadas por gentes que habían colaborado en la independencia de Marruecos y que por diversas razones no habían llegado a integrarse en el recién creado ejército de ese país, las Fuerzas Armadas Reales. 
A España siempre se le achacó y parece de alguna manera cierto, el mantener una tolerancia excesiva hacia los independentistas marroquíes que luchaban contra Francia. En parte por la antipatía y el recelo que suscitaba lo francés y, en parte, para evitar en el suelo propio herir sensibilidades entre la población autóctona, lo que de ser cierto confirmaría y de una manera muy clara, una vez más, la tremenda estulticia de nuestra política exterior de aquellos días, al menos, vista bajo el prisma de hoy con todo lo que sabemos que ha ido aconteciendo después en aquella área del planeta y en nuestra relación con Marruecos. 
 Desde luego, sabido es que Franco nunca negó su “africanismo”, pero Casas de la Vega habla de un espíritu de colaboración entre los dos países que se remonta a los días en los que el general Petain, amigo de España, vino a sustituir al general Liautey, declarado hispanófobo, tras los ataques de Abd-el-Krim al Uarga. 
Esa colaboración se concretará ya en las fechas próximas al conflicto de que hablamos, en varios encuentros (Conferencia de Port Etienne, entrevista de Villa Cisneros...) en los que se definen protocolos específicos de actuación. 
Zamalloa acuerda con el general Bourgund, por ejemplo, autorizar la persecución en suelo español a las tropas francesas, de los insurgentes que hubieran atentado contra intereses franceses, siempre bajo ciertas condiciones. 
Es un hecho ampliamente admitido, que se identificó casi inmediatamente al inspirador último de las acciones contra las posiciones españolas. Éste no era otro, no podía ser otro que el propio Mohamed V . 
El denominado Plan Madrid, resultado de una reunión de urgencia de la Junta de Defensa Nacional presidida por el propio Franco, supone un cambio radical respecto a la actitud consentidora con las bandas Marroquíes y un acercamiento definitivo a Francia que se traduce en acciones conjuntas y reuniones de Zamalloa y Bourgund. En el momento de la crisis se le dan a Zamalloa plenas capacidades de actuación y sus propuestas son aceptadas sin excepción, lo que entre otras cosas acrecentará la colaboración con los franceses y que, por supuesto, Francia ocultará en buena parte a su opinión pública, la verdadera naturaleza de las operaciones conjuntas con España. 
La razón es evidente: el malestar que posiblemente esto habría generado en la opinión pública de nuestro vecino del norte. 
 De una manera simplificada los hechos se suceden del siguiente modo: 
 - Entre el 22 de noviembre y el 10 de diciembre se va a producir el ataque, la resistencia de las fuerzas españolas y el establecimiento de los perímetros necesarios para garantizar la seguridad en las zonas afectadas. 
 - En un segundo acto de la contienda que dura hasta el 10 de febrero de 1958, en el contexto de una acción defensiva que busca consolidar posiciones, se desarrollan algunas acciones ofensivas contra las BAL. 
 - Finalmente se procede a la aniquilación de los focos restantes de las BAL culminando la campaña el 3 de Marzo de 1958, con éxito claro desde el punto de vista militar. 
 Desde el punto de vista político, el éxito es más que discutible. 
Tanto, que algunos autores no dudan en emplear la palabra fracaso. 
Terminadas las escaramuzas y para apuntalar de alguna manera la paz en la zona, España entregará a Marruecos Tarfaya, la zona sur del protectorado, hecho que tiene lugar en Abril de 1958. 
En 1969 España abandona definitivamente el territorio de Ifni, dejando a sus espaldas sustanciales mejoras en las infraestructuras (renovación del aeródromo, sistemas de agua, etc...). 
Siempre se sospechó que la entrega de Tarfaya a Marruecos formaba parte de un pacto que establecía ésta y otras condiciones como requisito para el cese de las hostilidades. 
Y concluidas éstas parece asumirse entre el conjunto de los medios de comunicación, el acuerdo tácito de enterrar a los muertos y con ellos, su recuerdo.





lunes

En memoria



José Luís González Vicente

Compañero en Ifni de Juan Conejo



HA MUERTO EL HIJO DE NUESTRO COMPAÑERO JUAN CONEJO LÓPEZ

Según me comunica el propio Juan Conejo, Paracaidista del curso 12, excombatiente de Ifni, donde perdió un pie por la explosión de una mina, por lo que pertenece o pertenecía al Cuerpo de Mutilados por la Patria, ahora no sé cómo se llama ni si existe,....ha fallecido su hijo EMILIO víctima de una cruel enfermedad que no ha podido superar a pesar de los tratamientos especiales a los que estaba sujeto.
Tenía 49 años y deja viuda y dos hijos.
¡!!!!!!Descanse en paz .... ¡!!!!

Un abrazo compañero Juan, y mi pésame a toda la familia.


jueves

Los centinelas de la Patria

Compañero Juan Conejo:
Esto he puesto en Aivepa, no se si te interesará para tu blog.


Qué hemos sido, somos y seremos los paracas de la BRIPAC?
Con motivo de la nueva reestructuración del Ejercito Español, se espera para la Bripac unos nuevos contenidos y misiones.
Por ese motivo, he preparado un video apoyado en el ya existente de “cincuenta años de Historia  de la Brigada Paracaidista “ que consta de tres capítulos ya que los del YOUTUBE no admiten uno tan largo.
Así que aquí van. Espero que gusten.



www.youtube.com/watch?v=l_Rp43GsfkI     parte tres y final.

 ARRÉGLALO COMO SEA PARA QUE SALGA EN TU BLOG PULSANDO EN LAS DIRECCIONES.



domingo

Veteranos


Pocas palabras del vocabulario castellano tienen la sonoridad, la expresividad y la rotundidad que comporta el vocablo “veteranos”.

De alguna manera, el término “veteranos” es una más de las aportaciones de la milicia a la cultura, entendiendo ésta como conjunto de modos de vida y costumbres, de la misma forma que la milicia tiene otras expresiones propias para definir diferentes situaciones.

Al militar que cesa en el servicio, no se le denomina “jubilado”; se le denomina “retirado” porque deja oficialmente el servicio, pero solo oficialmente.

Es decir, que se pone al lado, pero nunca deja de ser, sentir y vivir la vida con vocación de soldado. Ese es mi caso y el de otros muchos que incluso dejan permanentemente en sus blogs, retazos de sus vivencias y de sus recuerdos.

Los “veteranos” de la guerra de Ifni-Sahara de 1957/58, solo estamos “retirados” y por tanto, al igual que los jubilados reciben una pensión por los años de permanencia en el mundo laboral, los "retirados” de la guerra de Ifni-Sahara de 1957/58, independientemente del tiempo en que se permaneciera en filas, deberíamos recibir, al menos, el reconocimiento general que viniese del pueblo y desde el estamento político, para demostrar que los españoles somos diferentes en el trato recibido por los veteranos de guerra norteamericanos, cuya mitad de ellos viven olvidados y completamente en la indigencia.

Muchos de los veteranos de la guerra de Ifni-Sahara de 1957/58  españoles nos agrupamos en asociaciones para que nuestras reivindicaciones   no caigan aún más en el olvido.

La sociedad moderna se empeña en buscar explicaciones y modos de entender esa forma de vivir la vida como un servicio propia de los militares. Y sin embargo, en un vano esfuerzo en buscar sustitutivos a lo que en realidad no es más que simplemente vocación, hasta el vocablo “veteranos”, no le quieren aceptar.